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La incubadora de empresas más especial

El proyecto Coopolis, nacido en el laboratorio de economía solidaria Can Batlló, en Barcelona, inicia la cuenta atrás para promocionar iniciativas empresariales autogestionadas

La idea es rehabilitar una nave de 4.500 metros cuadrados para dar información general, formación y apoyo a la gestión de hasta 40 empresas 

El Ayuntamiento y la Generalitat de Catalunya apoyan financieramente el plan, ideado por la cooperativa La Ciutat Invisible

La incubadora de empresas más especial

El centro autogestionado Can Batlló, en Barcelona. Foto: ANDREA BOSCH

Los que siguen operando con los prejuicios que asocian por definición todas las experiencias okupas a la indolencia y hasta la delincuencia deberían pasarse, aunque fuera a paso ligero, por Can Batlló, el impresionante laboratorio autogestionado de la economía solidaria construido en Barcelona sobre  los inmensos terrenos —tan grandes como el campo del Barça— de lo que alguna vez fue una fábrica textil de la familia Muñoz-Ramonet. Y eso que aún falta una pieza que ya está camino de convertirse en realidad y que es la que más haría saltar en pedazos los clichés: el proyecto Coopolis, la más ambiciosa apuesta autogestionada para replicar sin tapujos las mejores experiencias internacionales de apoyo a la creación y el acompañamiento de empresas. Eso sí: específicamente dirigido a la economía social y solidaria.

Coopolis, un proyecto salido de la factoría de La Ciutat Invisible y en particular de la cabeza de uno de sus socios, Hernán Córdoba Mendiola, se empezó a idear en 2012, poco después de la ocupación de Can Batlló, y parecía destinado a dormir el sueño de los justos ante la magnitud de los recursos que hay que movilizar para hacer realidad esta especie de Barcelona Activa de la economía solidaria: la idea es rehabilitar una de las naves para dedicar hasta 4.500 metros cuadrados a servicios de información general para la creación de empresas, formación, gestión, vinculación con el territorio y, sobre todo, fermento de nuevos proyectos empresariales con el máximo grado de profesionalización posible e incubadora de hasta una cuarentena de start ups de la economía solidaria, además de sede para siete empresas tractoras, ya consolidadas, que sirvan de ejemplo y ayuden a la creación de red.  

Sin embargo, la cuenta atrás para la construcción de este macroespacio autogestionado no sólo en un papel, sino de verdad, ha empezado ya al obtener sus promotores el respaldo financiero del Ayuntamiento de Barcelona, que ha comprometido cinco millones de euros entre 2017 y 2019 para la rehabilitación y adecuación del espacio, y de la Generalitat, que a través del proyecto de Ateneos Cooperativos, en el marco del programa Aracoop de fomento del cooperativismo, aportará cerca de 300.000 euros para ponerse a trabajar desde ahora: el objetivo de los promotores —La Ciutat Invisible, el estudio de arquitectos La Col y la Asociación para el Impulso de la Economía Cooperativa y Comunitaria de Sants-Montjuïc— es contar en primavera con una especie de Zona Cero, provisional, dentro de Can Batlló, de unos 400 metros cuadrados, para avanzar en el proyecto a la vez que empieza a prestar servicios.

"¿Te imaginas el impacto que puede tener lanzar cada año 30 o 40 empresas de la economía solidaria, con proyectos sólidos, profesionales y con toda la formación en gestión que se requiere? Esto puede generar una bola de nieve impresionante", opina Córdoba Mendiola, que ni en momentos así parece levantar los pies del suelo: "Tenemos la semilla; ahora habrá que trabajar mucho".

Su idea es implicar a los distintos actores que hoy empujan en esta misma dirección, como la Federación de Cooperativas de Trabajo, el Col·lectiu Ronda, LabCoop, Coop de Mà, el Igop, entre otros, implicar a profesionales de primer nivel y aprender de las experiencias surgidas ya del instituto de estudios cooperativos Lanki, de la Universidad de Mondragón.

El proyecto aspira a autofinanciarse a partir de la propia actividad de formación, consultoría, asesoría y acompañamiento a los beneficiarios y alquiler de espacios, con la firma de convenios con las Administraciones siempre y cuando respeten la naturaleza autogestionada del espacio.  El plan financiero prevé el punto de equilibrio a partir del quinto año.

[Este artículo forma parte del dossier dedicado a la economía solidaria publicado en el número de enero de Alternativas Económicas. Ayúdanos a sostener este proyecto de periodismo independiente con una suscripción]

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