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ENTREVISTA | Pablo Carbonell

"Hay que proteger a la gente de la injuria y de la mentira pero, aparte de eso, todo se tiene que poder decir"

El artista gaditano acaba de publicar su primera novela, 'Pepita', donde se narran las desventuras de los habitantes de Riocochino, "un pueblo de Finlandia"

"Sobre cambios políticos y todas ese tipo de cosas solo puedo decir es que es bueno que la tortilla se de la vuelta para que no se queme o para que no se corrompa"

"Los fundamentalistas, los oscurantistas, la Iglesia y el capital han inventado lo políticamente correcto, el lenguaje sexista y todo ese tipo de patrañas para hacerse el caldo gordo ellos"

Carbonell

Carbonell, con su libro en Riotinto (Huelva)

"Es usted un poeta", le asegura al camarero que le anuncia de carrerilla el listado de tapas. Conversar con Pablo Carbonell (Cádiz, 1962) tiene el riesgo de no saber si está hablando en broma o en serio. Realmente, obliga al recurso de "[risas]" a cada poco, la verdad, pero que el lector de la entrevista tenga la libertad de cómo tomarse las reflexiones de este hombre de tantas barras (cantante/humorista/actor/presentador/director, etc.) para no saturarse de corchetes.

Ahora podría decir que es un tipo serio, que ha escrito un libro. Tiene dos hijas y ni tan siquiera tiene ya que plantar un árbol. En su primera novela, 'Pepita', de Ediciones Destino, el gaditano narra (y ojo al narrador) las desventuras de los habitantes de Riocochino, un lugar en crisis por el cierre de una mina donde surge una especie de renovada fiebre del oro con la que reflotar un bar a cualquier precio. El cura, el vaquero, el marroquí, la guapa del pueblo o el tarado dan pie a sorprendentes situaciones.

El camarero observa el vaso vacío de la primera cerveza. "¿Quiere usted beber algo?". "Además de poeta, es usted muy listo". "Pues sí, llevo aquí 45 años y todavía no me han echado". La primera pregunta, mientras llega la famosa ensaladilla, es de manual.

A alguien tan polifacético con usted solo le faltaba escribir una novela. ¿O no?

Sí, pero también me hace falta escribir un libro de cocina... Pero el proyecto que presenté primero era una novela y eso que no creo en la novela. Después de Cervantes tampoco hay mucha necesidad de escribir novelas. Creo que es mejor leer Historia para no repetir errores y desenroscarnos la boina.

¿Y qué tal la experiencia de escribirla?

Muy bien. Me he sentido como un creador, un creador de seres. No quiero decir que me he sentido como dios, pero cerca.

Unos seres muy particulares y de características peculiares pero, ¿cómo puede ser que Tarugo y Pepita sean hemanos?

¿Verdad? Una tan sensata y el otro tan.... Pero fíjate que en su insensatez, de vez en cuando arroja unas perlas muy cultas, con un análisis de afrontar su propia vida con puntería. Tampoco sabemos hasta qué punto el hombre es un jeta que se hace el trastornado para pegarse la vida que se pega, que no sé si es buena o mala pero al padre lo tiene crucificado.

La novela tiene un estilo muy original, suponemos que no podía ser de otra manera viniendo de usted.

La única posibilidad de tener un relato que tuviera un metalenguaje en el que el lector se sintiera acompañado por reflexiones de un personaje más real de los que transitan la novela era que el narrador interfiriera un poco en la escena y estuviese también un poco sorprendido por lo que hacen sus criaturas.

Pablo Carbonell

¿Cuánto hay de real en el libro? ¿Se podría dar esas circunstancias en algún pueblo así en Andalucía?

Sí, pero como no sé si la gente va a encontrar el retrato amable o no, voy a decir que está basado en un pueblo de Finlandia. Ya sabes que Andalucía es la región del mundo más universal. Andalucía es un carácter, una forma de enfrentar la vida, con una filosofía y una actitud muy positiva, muy respetuosa con todo.

Con dos hijas y después del libro, ya solo le falta plantar un árbol. ¿O ya lo ha hecho?

Bueno, planté y cuidé un pino desde chiquitín que está en Vllaluenga del Rosario. Y la casa donde está ese pino, que debía medir unos 20 centímetros, ahora se llama "la casa del pino". ¡No veas lo bien que lo he cuidado! El pino gigante que hay en Villaluenga del Rosario lo regué yo. Soy una especie de Frankenstein hecho de muchos trozos. Por eso hago tantas cosas raras. Cada parte de mí desarrolla una actividad. Incluso las cosas que hago, son todas muy dispares.

No sé si ha tenido ocasión de escuchar el pregón del Carnaval de Cádiz de Joaquín Sabina.

¡Peri si me han hecho hasta un homenaje! Salen Almudena Grandes y Benjamín Prado vestidos de loqueros que intentan detener al suplantador de Sabina y dicen: "ya hace tres años llegamos tarde para detener a Pablo Carbonell".

¿Qué pasó con aquel pregón?

Me duele muchísimo esa situación porque yo le hice una carta de amor a Cádiz... Y no puedo hablar de eso, porque tengo la herida muy abierta.

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Como gaditano y andaluz, ¿cree que hacía falta un cambio de gobierno aquí?

No lo sé. Lo que sí sé es que hace falta más concordia a nivel global. Y los artistas tenemos que ser puentes entre las personas. Sobre cambios políticos y todas ese tipo de cosas solo puedo decir es que es bueno que la tortilla se de la vuelta para que no se queme o para que no se corrompa. Pero creo que es más importante la concordia y recuperar libertades.

Pues yendo precisamente a eso, parece que con los artistas, y con los humoristas en mayor medida, se va en camino contrario, ¿o usted qué piensa?

Me voy a quedar con la frase esa de Lennon que dice "todo debe de ser dicho". Y si el Estado se mete en opinar qué es lo que se debe y lo que no se debe decir está jugando con la capacidad de juicio del ciudadano. Hombre, hay que proteger a la gente de la injuria y de la mentira, pero aparte de eso todo se tiene que poder decir.

¿Qué cosa que haya hecho podría traerle ahora problemas? ¿Pasaría determinados filtros la canción Ay qué gustito pa' mis orejas, de la que es coautor?

Bueno, ¡soy el autor! Yo creo que no habría problema, porque estoy hablando de sexo y hablar de sexo no es tan bueno como practicarlo pero también alivia las tensiones y provoca una conciencia ciudadana menos agresiva. Todavía no se ha demostrado que hablar de sexo cree pervertidos sexuales, más bien todo lo contrario. Y si no, que se lo pregunten a Freud.

Pero dicen que ahora hay más crispación. ¿Cómo lo ve eso usted?

Los fundamentalistas, los oscurantistas, la Iglesia y el capital han inventado lo políticamente correcto, el lenguaje sexista y todo ese tipo de patrañas para hacerse el caldo gordo ellos.

¿El caldo gordo?

Cuanto menos se folla, más dinero hacen las empresas. Es una cosas muy rara, lo sé, pero nada más tienes que ir a África. Allí el capitalismo no prospera. Al capital no le interesa el esparcimiento.

Insistiendo un poco en la cuestión política, ¿qué panorama prevé tras las elecciones? ¿Qué opinión le merece la aparición de Vox, precisamente aquí en Andalucía?

El discurso del odio siempre ha calado fuerte. Vox me recuerda mucho al cuadro ese de los dos tipos enterrados hasta las rodillas dándose garrotazos. Esa es la forma que ellos entienden de progresar: enfrentar al hombre con la mujer, enfrentar al extranjero con el autóctono, enfrentar la izquierda contra la derecha. Y en ese caldo beligerante es donde ellos van a pescar. Pero se ha desmostrado muchas veces ya que eso no tiene futuro. Los tiempos van por otro lado, en otra dirección, aunque esta gente haya sacado muchos votos. Pero vamos, que si se alían los partidos de derecha, pues puede haber un gobierno de derechas.

¿Y los primeros tiempos en Andalucía cómo los está viendo?

Yo es que no estoy pendiente. La política me aburrió hace ya mucho.

Por último, ¿proyectos que tenga a la vista? ¿Le queda algo por hacer?

Seguramente empiece a escribir una biografía falsa de algún cantante. Y el 12 de abril actuaré con la charanga El Conejo de la Loles, Los Toreros Muertos y algunos artistas invitados en La Riviera, en Madrid, presentando una nueva gira que se llama 'Estruendo Folklórico'. Me di cuenta que contratar una sección de metal me salía mucho más caro que llevarme una charanga completa de chavales de Azuqueca. ¡Y ahora somos nada menos que doce en el escenario! El nombre de la gira no puede estar mejor pensado.

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