Joyas desde el Aragón rural: la joven emprendedora de Leciñena que funde arte barroco y naturaleza monegrina

Claudia Bandrés

3 de septiembre de 2026 22:08 h

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Celia González tenía claro dónde quería desarrollar su carrera profesional: en el pueblo, en su pueblo, en Leciñena. Así lo hizo. “Soy más rural que urbanita”, recalca la joven. Natural de esta localidad monegrina, tuvo que trasladarse a Zaragoza para especializarse primero en Bachiller de artes y luego en el grado superior de Joyería Artística y Orfebrería. Fue precisamente en la capital donde descubrió el camino que quería recorrer y donde comenzó a vender sus creaciones, en las que funde la naturaleza de su entorno y el arte barroco para crear colecciones de joyas donde plasma esa inspiración hacia su tierra.

Sus obras, que comercializa a través de la firma Onze, están relacionadas directamente con el territorio que la rodea. Por ejemplo, en su colección de montañas, encuentra la creatividad en paisajes como los del Pirineo, la Sierra de Guara o los Mallos de Riglos. A la hora de reflejar la flora en sus joyas, son olivos o almendros, entre otros, los que protagonizan su repertorio: “Son los árboles que planta la gente aquí, los que ha tenido también mi familia”.

El toque personal no se queda aquí, Celia experimenta fusionando joyería clásica barroca con un estilo actual que tiende a mostrar “lo bello de la naturaleza y lo hostil de esta”, por lo que también pinchos y zarzas adquieren relevancia en sus creaciones. Así, su evolución se encamina en esta dirección, que pronto podrá verse materializada en la nueva colección que está elaborando junto a una diseñadora tatuadora, pero sobre la que aún no se puede dar más detalles.

La artista reconoce que haberse embarcado en este proyecto en Leciñena, al contrario de lo que pueda parecer, ha supuesto un impulso gracias a los propios vecinos y vecinas, que han sido “una red de apoyo”. El boca a boca le ha ayudado a darse a conocer tanto en su comarca como fuera de ella.

La otra mano amiga la ha encontrado en la Asociación de Artesanos de Aragón. Formar parte de ella le facilita el poder participar en numerosas ferias en todo el territorio, la próxima gran cita será en las Fiestas del Pilar de Zaragoza, en la Plaza de los Sitios. Celia reitera que el respaldo de la asociación es muy importante para ella, ya que participar en ferias de gran envergadura, “da mucha visibilidad”. También pone por su cuenta puestos en ferias más independientes que se llevan a cabo en festivales como el de música de Ayerbe, Brizna, o en Villanúa.

Redes y burocracia

No obstante, a la hora de emprender en pleno siglo XXI es imprescindible trabajar la venta online, que va estrechamente relacionada con las redes sociales, lo que supone un esfuerzo añadido para la diseñadora: “La gente compra por la página web, pero llega a ella porque me ha visto en redes sociales o porque alguien me ha recomendado”, indica Celia. Invertir tiempo en cuidar las redes es algo que puede hacerse cuesta arriba, y a veces el algoritmo provoca que el empeño no sea del todo recompensado: “Un vídeo que te curras, que te has pegado un día grabando y otro editándolo, poniendo la voz, lo subes y te quitan las ganas”, asevera la diseñadora.

La otra cuesta arriba es la burocracia. Celia lamenta la poca preparación con la que cuentan los estudios superiores en este aspecto: pese a haber cursado la asignatura FOL, la diseñadora asegura que salió de la Escuela de Arte sin apenas preparación para lanzarse al mundo del autónomo. “Tengo un gestor, y menos mal que lo tengo”, reconoce.

Onzejoyas, su proyecto personal y laboral, es posible porque lo puede llevar a cabo en su pueblo natal, en un taller espacioso donde encuentra la inspiración en esa conexión con su propio entorno, rodeada de sus seres queridos y con la vida que siempre había querido tener. Ese es el secreto de Celia para expresar su arte en diseños que representan su estilo propio, tan ligado al territorio donde lo lleva a cabo.