Manuela Sancho, la heroína de la Guerra de la Independencia que luchó en Los Sitios de Zaragoza

Postal con la única fotografía que se tomó a Manuela Sancho

Manuela Sancho supo que estaba destinada a realizar grandes hazañas. De niña ya imaginaba que su nombre se recitaría en versos y figuraría escrito en las páginas de los libros. Nacida en Plenas, vivió la guerra de la Independencia en Zaragoza. Luchó contra las tropas francesas de Napoleón, y sus heroicas acciones la hicieron merecedora de habitar para siempre en la memoria.

Manuela Sancho y Bonafonte nació el 14 de junio de 1784 en Plenas, una localidad de 800 habitantes en la provincia de Zaragoza. Hasta los 12 años, vivió entre el campo, el lavadero y la ermita, momento en el que se trasladó a Zaragoza con sus padres y sus cuatro hermanos. A sus 24 años todo cambió con la llegada de los franceses a Zaragoza y el primer sitio de la ciudad, en el que Manuela participó, como muchas otras mujeres, en tareas de avituallamiento.

"Las tropas francesas no tardaron en llegar a los alrededores de Zaragoza. Querían conquistar la ciudad, así que la sitiaron y empezaron a atacarla desde todos los flancos. Era junio de 1808, y enseguida Manuela decidió que tenía que hacer algo. (…) Como no le dejaban coger las armas por ser mujer, se dedicó a suministrar provisiones a los soldados que luchaban. Manuela llevaba panes, rellenaba de agua las cantimploras, y repartía pocas sonrisas porque no estaba el horno para bollos: en cualquier momento podía recibir un disparo o volar por los aires, como les pasaba a tantos y tantos que veía morir cada día", así lo relata Ana Alcolea en el libro 'Manuela Sancho'.

El primer sitio de la ciudad terminó en agosto y Zaragoza vivió unos meses de tregua. Fue en el segundo sitio, del 21 de diciembre de 1808 hasta la capitulación de la ciudad el 21 de febrero de 1809, cuando Manuela tomó la iniciativa de pasar a primera línea de acción, "participó en la defensa del Convento de San José, convertido entonces en fuerte. En las decisivas jornadas del 31 de diciembre al 2 de enero luchó en las trincheras y llegó al cuerpo a cuerpo en la calle Pabostre donde fue gravemente herida por una bala en el vientre intercostal", explica su biografía en la Real Academia de la Historia.

Manuela se recuperó de esa herida y recibió una condecoración por su comportamiento como artillera y fusilera, una cinta encarnada y una pensión de dos reales diarios, cinta que llevó en su pecho durante toda su vida. Se casó tres veces, con Manuel Martínez, labrador, después con Joaquín Tapieca, sargento 2.º graduado y después portero en la Intendencia militar, y muerto este en 1849, se volvió a casar en 1853 con Santiago de San José, guarnicionero, que la sobrevivió. Continúo viviendo en Zaragoza y acudió al homenaje que le hicieron en la ciudad cuando pusieron su nombre a una calle, la misma en la que recibió el disparo durante el conflicto. Junto a otras heroínas, tiene también una placa en la plaza del Portillo y luce una pintura exaltando su valor en la Diputación de Zaragoza. Su pueblo natal ha restaurado la casa en que nació convirtiéndola en Museo Etnográfico.

Manuela falleció en 1863 a sus casi ochenta años. Se convirtió en un personaje literario, tanto es así que Benito Pérez Galdós la mencionaba en su novela 'Zaragoza', donde la describía como "una muchacha delgada, intrépida, grandiosa, imagen de la serenidad trágica". 

Colección Zaurines

La historia ilustrada de Manuela Sancho forma parte de la colección Zaurines, editada por la Comarca Campo de Belchite, que pretende poner en valor y rescatar biografías de personajes ilustres del territorio, desde Francisco de Goya a José Antonio Labordeta, pasando por la propia Manuela Sancho, el Arzobispo Apaolaza o Benjamín Jarnés. La palabra "zaurín" es un término aragonés que hace referencia a una persona "movida, inquieta" y que describe a cada uno de los personajes que protagonizarán la colección. 

Ana Alcolea ha sido la encargada de inaugurar esta colección y Coco Escribano de ilustrarla. La autora define a Manuela Sancho como un personaje de la historia de Zaragoza "que hay que reivindicar por luchadora, emprendedora y por no conformarse con el papel al que estaba destinada como mujer por hacer cosas que en aquellos momentos estaban destinadas a los hombres, como luchar".

Son libros para todos los públicos, las ilustraciones y la redacción pueden acercar a niños de siete y ocho años, pero los adultos también pueden aproximarse a la historia de Manuela Sancho, ya que "es importante dar a conocer estas historias, a personas que hicieron cosas importantes y que fueron reconocidas en su momento, a Manuela la condecoraron con una mención vitalicia por lo que había hecho. Meternos en la piel de estas personas, de las que sabemos solo su nombre, que tiene una calle y poco más, es importante. Era una niña como las demás y luego una mujer que se movía por los mismos sentimientos que nos podemos mover cualquiera de nosotros hoy en día", cuenta Alcolea.

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