Casualidad o causalidad
Más de 8.000 kilómetros separan Coblenza, en Alemania, de Stagecoach, en el condado de Harris, en Texas, Estados Unidos. En ambos lugares ha ocurrido un hecho altamente improbable en las últimas semanas: dos meteoritos han impactado de lleno en dos viviendas. En ambos casos han atravesado el tejado y han acabado en el dormitorio de la casa. No ha habido heridos. La inmensa mayoría del material extraterrestre que se dirige a la tierra acaba desintegrado en la atmósfera. De traspasarla, lo más fácil es que caiga en las tres cuartas partes del planeta cubiertas por agua. De no hacerlo, es prácticamente un milagro que caiga en el 1% de la tierra ocupado por infraestructuras humanas Ya no digamos una vivienda. ¿Y un dormitorio? Alabado sea.
Este lunes otro meteorito –en forma de, vamos a llamarle, presentimiento audaz– impactó de lleno en el mercado de materias primas. En apenas dos minutos se ejecutaron unos 560 millones de euros en derivados a favor de la caída del precio del crudo. Una cantidad ocho veces más alta de lo habitual para un período de tiempo tan corto. Quince minutos después Donald Trump hacía unas declaraciones sobre una supuesta distensión con Irán. Las palabras del presidente, desdiciéndose sobre el ultimátum lanzado horas antes, hacía caer el precio del barril de brent un 10%. Alguien se hizo multimillonario en menos de lo que tardarás en leer esta columna.
A veces cuesta distinguir lo que proviene del cielo. Tal vez los meteoritos caigan ahora rellenos de papelitos que te dan una clave encriptada que cambiará tu suerte, como las típicas galletitas chinas en Estados Unidos. O tal vez sea inspiración divina lo que ha hecho que, ya en varias ocasiones en los últimos meses, usuarios de la plataforma de predicciones Polymarket se hayan forrado apostando por que se iban a producir acciones bélicas por parte del gobierno estadounidense. Seis usuarios con cuentas creadas 24 horas antes ganaron más de un millón de euros prediciendo la fecha exacta del inicio de la guerra contra Irán. Las cuentas desaparecieron después de cobrar sus beneficios. Un negocio redondo, escrúpulos al margen, claro.
¿Cuántas casualidades caben en un periodo de tiempo determinado? De momento no se han notificado casos de éxito financiero en torno a los meteoritos. Solo fortunas instantáneas en torno a eventos en los que interviene la mano del hombre, en los que alguien –con algo más potente y menos azaroso que la suerte– puede hacerse con información privilegiada. Riqueza basada en la desgracia ajena. A ver si las declaraciones delirantes y los cambios de discurso en apenas horas no son delirios megalómanos sino una hoja de ruta para los negocios.
El común de los mortales aspira a hacerse multimillonario, como mucho, con la lotería. Es difícil para la mayoría ponerle cara a esos hombres de la guerra que se hacen ricos por la muerte de otros o por la destrucción de lugares que jamás pisarán. Pero seguramente sí conozcan a muchos, o incluso ustedes mismos estén pendientes estos días de la frenética actividad bursátil para ver cómo van sus ahorros. Quizá convendría preguntarse a qué está contribuyendo ese dinero metido en conglomerados de inversión inescrutables. Aunque es más fácil seguir el rastro de un meteorito que el del dinero.
0