Ciao, Díaz, saluda a las otras
Me dan bastante rabia esas personas que citan constantemente a otros para armar su argumentación en un intento de apuntalar con frases ampulosas una idea pobre o en un amago de hacer pasar por suyas las genialidades de otros. Hay algunos especialmente pedantes que citan a personajes desconocidos para el gran público, quizá incluso para sí mismos, y quién sabe si hasta para los familiares del susodicho, con la intención de dejar a la audiencia en un estado de confusión que allane el camino a un discurso más bien flojo.
Dicho esto, a veces la cita se hace imprescindible, sobre todo si es brillante o si da en la diana, ya sea por certera o por la importancia de quien la pronuncia. Así que me veo en la obligación de traer aquí la frase de Celia Muñoz, que a sus 11 años decía hace unos días: “Hay que empezar a mover hilos porque no es normal que en este país nunca haya presidido el gobierno una mujer”. De aquí a que Celia pueda postularse queda un trecho y sin embargo puede ser la primera presidenta del gobierno porque no llevamos camino de romper este techo de cristal a corto plazo.
Se renuevan cargos, se reemplazan corrientes dentro de las formaciones, aparecen partidos nuevos, se idean incluso coaliciones inauditas para jugar con la aritmética de la ley electoral y, sin embargo, no parece que las mujeres vayan a ocupar el número uno. Consiguen hacerlo en algunas formaciones pero no puede ser casualidad que sus trayectorias en lo más alto se reduzcan en el tiempo mucho más que las de los hombres. Estar en el poder conlleva una factura, sí, un sacrificio, también, y si eres mujer un maltrato que no es comparable al de ellos.
El tono al hablar, su estado civil, la ropa que se pone, la vida de su pareja… Lo que sea. Todo es susceptible de escrutinio, crítica y mofa. Carreras brillantes que se enfrentan al abismo de la brecha de autoridad, un concepto que desarrolló la periodista británica Mary Ann Sieghart en un libro al que tituló así en 2021. Mujeres a las que se cuestiona más, liderazgos que se desgastan antes. Esta semana ha anunciado el fin del suyo Yolanda Díaz.
Seguirá la estela de otras políticas con grandes facultades que se fueron del Congreso cuando aún tenían mucho que aportar como Irene Montero, contra la que no se recuerda un acoso igual en este país; Soraya Sáez de Santamaría, en cuyo partido no han sido capaces de encontrar todavía a nadie a su altura; o Mónica Oltra, cuya infame persecución parece no llegar todavía a su fin. Díaz puede marcharse orgullosa del trabajo bien hecho. Siempre tenía un dato para dar y hoy se va con muchos de récord para este país.
Ayer mi sobrina Celia cumplió 11 años. Ojalá cuando tenga la edad de ser presidenta hayamos cerrado las brechas y roto los techos de cristal.
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