El pisito
¿El cine refleja el mundo o el mundo es cine? Quizá ambas cosas. En cualquier caso, en esta columna vamos a poner a dialogar la actualidad del mundo con las películas, por ver si nos pueden servir de muleta para desentrañarla. Vamos a faenar pegados a la actualidad, fuente de inspiración también para el séptimo arte. Y la actualidad hoy se llama crisis de la vivienda. Son numerosos los filmes de ficción o no ficción que han abordado este tema en el ámbito internacional, y más en las últimas décadas: 99 Homes, I, Daniel Blake, The Florida Project, Push, Techo y comida, Cerca de tu casa, La grieta, En los márgenes, etc. Quizá ninguno como El apartamento (Billy Wilder, 1960) ha condensado con tanta lucidez y descarnada ironía la relevancia de disponer de un habitáculo; pero, al mismo tiempo, esta crónica de un oficinista que convierte su piso en un picadero de sus jefes en espera de un ascenso (también social) que nunca llega, es la metáfora de un implacable capitalismo en el que los carroñeros campan sobre sus víctimas. ¿Ha cambiado esa dinámica en EE.UU. y el mundo? Quizá a peor.
¿Y en España? Tomaremos como referencia El pisito (1958), comedia negra de Ferreri guionizada por el gran Azcona, por abordar el tema que nos ocupa en los albores del ciclo desarrollista español, cuya inercia aún está presente. Esta demoledora cinta narra los desesperados afanes de una pareja que aspira a lograr un nido de hormigón que les permita casarse; ante la falta de oportunidades para conseguirlo, recurren a la treta de que el novio matrimonie con una anciana para heredar pronto su pisito y cumplir su sueño. En aquella jungla capitalista, dominada por corruptos carroñeros afines a la dictadura, la “gente corriente” tenía que recurrir a la picaresca para solucionar sus necesidades habitacionales.
La Constitución de 1978, esa que tanto advocan PP y Vox, blindó sobre papel el derecho a la vivienda. Desde la película de Ferreri la situación no ha cambiado mucho para la gente común; quizá han mutado los depredadores, que ahora son fondos buitres y grandes tenedores afines al nuevo régimen del despiadado capitalismo neoliberal. Las ancianas de Azcona eran engañadas en nupcias de conveniencia, las de ahora, como el icono/talismán de Maricarmen, son desahuciadas sin contemplaciones tras haberlas torturado con interminables finiquitos. El diagnóstico es claro: antes y ahora el problema es el capitalismo carroñero, al que el Estado social de derecho del Régimen del 78 no ha sabido o querido pararle los pies. Y las víctimas son los de siempre. ¿A qué espera el gobierno progresista para ponerle coto? Las derechas de sobra sabemos a quién defienden, ¿también aquí, como en el orden judicial y policial, van a imponer su agenda mendaz? Parece que el efecto Maricarmen ha deparado un punto de giro, quitando el foco del embrollo mal gestionado de Ceuta para ponerlo en un tema en el que los reaccionarios se sienten incómodos. ¿Logrará este repentino impulso popular reavivar la izquierda tras diluir las cortinas de humo (¡Ezpaña invadida!, “libertad”, #perrosanxe, okupas…) de la Derecha para mostrar los colmillos que afilan sus oligarquías sostenedoras y que devoran al común en aras del Mercado? De momento en la puerta del Sol se han improvisado pisitos de lona in vigilando…
0