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¿Sobrevivirá Ciudadanos?

Archivo - Logo de Ciudadanos en el edificio de la sede del partido, situado en la calle Alcalá, en Madrid (España), a 24 de julio de 2020.

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Las mociones de censura presentadas en Murcia por el PSOE y Ciudadanos han removido las aguas, ya bastante agitadas, de la política española: han derivado en la convocatoria de elecciones en la Comunidad de Madrid -a las que ha decidido presentarse Pablo Iglesias- y abierto un proceso de posible reconfiguración del espectro político. 

Las mociones se plantean en un contexto en el que se evidencia que la estrategia diseñada por Albert Rivera, de confrontación total con el PSOE, ha resultado electoralmente desastrosa y conducía a la disolución del partido en el PP. Este podía haber sido el final de Ciudadanos -algunos de sus dirigentes es lo que pretenden- si Pablo Casado hubiese tenido un poco más de paciencia, pero el líder popular tiene prisa por conseguir algún triunfo y se ha dedicado a achicar los espacios de Cs y a fichar a cuantos dirigentes ha podido. 

Por otra parte, la consolidación de Inés Arrimadas en la dirección de Ciudadanos pasa por demostrar que la nueva estrategia que defiende tiene sentido, que puede conseguir resultados políticos con ella. Arrimadas también tiene prisa por salir del abrazo del oso del PP, de la foto de Colón, y acallar a la oposición interna. 

La ocasión se le ha presentado en Murcia, el eslabón más débil de la cadena que ata a Cs con el PP. En esta Comunidad las relaciones entre los socios de gobierno, que nunca ha sido buenas, se han ido deteriorando a medida que se han ido descubriendo actuaciones poco éticas de algunos dirigentes populares, desde las vacunaciones irregulares hasta las denuncias de corrupción en el ayuntamiento de Murcia, donde parece que las prácticas irregulares de los populares tienen raíces profundas. Si añadimos el acuerdo PP-Vox para implantar el “veto parental” y que se le presentaba a Ciudadanos la posibilidad de presidir una Comunidad Autónoma, no es de extrañar la decisión tomada por Arrimadas.

Ante este tipo de conflicto los socios pueden aislar el problema, encapsularlo para que no se extienda, o generalizar la confrontación, que es la opción tomada por la dirección del PP. Y lo ha hecho de la manera más agresiva que ha podido, desplegando toda la artillería, utilizando la política de tierra quemada y recurriendo a lo más vil de la política: la compra de votos. La larga sombra de la corrupción y los comportamientos mafiosos unen a las direcciones del PP de Madrid y Murcia, las comunidades más afines a Casado.

Los populares parece exultantes con los logros de su estrategia de ruptura de Ciudadanos en la Asamblea de Murcia, pero no veo los motivos para tanto alborozo. En el mejor de los casos, por mucho que tiren de chequera y aunque consigan seguir gobernando en Madrid - eso sí, mucho más dependientes de la extrema derecha-, lo único que lograran es mantener el mismo poder institucional que tenían antes. Además, el PP no ha desperdiciado la oportunidad de “demostrar” que la corrupción es cosa del pasado.

Arrimadas ha pecado de ingenua -o de soberbia- en Murcia, no sabía bien a quien se enfrentaba. También ha demostrado desconocer el partido que dirige, una organización de aluvión, débil organizativamente, poco cohesionada ideológicamente y con demasiados intereses personales. Solo así se entiende que las personas que negociaron y firmaron la moción de censura con el PSOE, cambiasen de opinión en 48 horas a cambio de un puesto en el nuevo Ejecutivo.

Quienes pretenden hacer de Ciudadanos un partido de centro liberal no lo tienen sencillo, no es la primera vez que se intenta en España sin éxito y no se puede decir que las condiciones para conseguirlo sean mejores. No es que no exista un espacio político en el que se pueda desarrollar un proyecto de ese tipo: votantes de Cs, del PP, incluso del PSOE, se podrían sentir a gusto en un terreno intermedio entre populares y socialistas. La crispación política y el interés en mantener el bipartidismo o, al menos, la dialéctica de bloques no lo va a poner fácil. En cualquier caso, es la única perspectiva de futuro que tiene Cs.

¿Sobrevivirá Ciudadanos a esta nueva crisis?  Parece que la reunión del lunes 15 ha abierto un compás de espera, pero en todo caso, deben ser conscientes de que les aguarda una dura travesía del desierto. Tienen que olvidarse de su techo electoral, la situación es totalmente distinta de la de hace dos años; prepararse para la deserción de buena parte de los dirigentes, de todos aquellos que solo conciben pactar con la derecha y de los que tienen como objetivo vivir de la política y para aguantar los ataques, a derecha e izquierda, de quienes viven mejor en la crispación, en el frentismo e intentan evitar cualquier posibilidad de trasversalidad política.

Para esto, por supuesto, es condición necesaria hacer partido, definir una estrategia clara, incrementar la cohesión, elaborar un programa que ofrecer a la ciudadanía, apostar por la transparencia y la democracia interna… y tener mucha paciencia. 

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17 de marzo de 2021 - 22:47 h

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