Títulos
Se ha escrito mucho acerca de lo importante que es titular una obra –una novela, una canción, etc.– de un modo u otro. Bien o mal, podríamos decir para abreviar.
No descubro nada si señalo la relevancia que dan a eso las editoriales. O si se recuerdan algunos casos de obras famosas que tuvieron, primero, otro título que un editor inteligente cambió. A todos, seguro, nos ha sucedido el estar deambulando por una librería y correr, como atraídos por la fuerza de un imán, a coger en nuestras manos un libro que nos ha cautivado solo por su título.
El otro día Quim estaba leyendo un libro y Míriam y David dijeron que el título de ese libro era un título que me habían robado. Que era un título que tenía que haber puesto yo. Incluso bromearon con la idea de que estaban seguros de que yo había escrito algún poema con ese título. El título, por supuesto, era muy bueno y deseé que verdaderamente hubiera sido mío. Pero más que el fastidio pesó la ilusión que eso provocaba. Que te asocien con el título de un libro es algo bonito. Salvo que alguien te diga, no sé, “me recuerdas a las memorias de Rafa Nadal”.
Cuando he escrito un poema, ponerle un título no ha sido más fácil que escribir el poema. En realidad, el título es también el poema. Los versos –siendo los mismos– cambian si el título es otro.
Estoy en un chat con los escritores David Giménez, Octavio Gómez Milián y Juan Luis Saldaña. Ante diversas frases o expresiones dichas sin mayor intención, frecuentemente solemos decir: ENDP. Son las siglas de “es nombre de poemario”. De esa manera, vamos acumulando centenares de títulos para obras que jamás serán escritas. Fue Juan Luis Saldaña precisamente quien, hace unos años, organizó –entre la performance y la guasa– un maratón de presentaciones de libros inexistentes.
Normalmente, el contenido del libro no hace más que estropear la promesa del título. Un buen título explica lo que quieres contar sin necesidad de poner detrás doscientas páginas.
Propongo libros que se agoten en el título. Libros que se expandan desde el título.
No sería, me parece, un mal plan de fomento de la lectura.
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