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ENTREVISTA: DÍA INTERNACIONAL DE LAS MUJERES RURALES

“Sólo el 37% de las personas que reciben ayudas directas de la PAC son mujeres”

Carolina Llaquet es responsable técnica de Fademur Aragón

Carolina Llaquet (Zaragoza, 1975) vive en Zaragoza, pero sus raíces familiares están en La Almunia de San Juan, en Huesca. Allí trabaja su marido y allí pasan todo el tiempo que pueden. Ahora, es responsable técnica en Aragón de Fademur, la Federación de Mujeres Rurales. 

¿Cómo se podría ayudar ahora mismo las mujeres rurales?

Las mujeres rurales nos encontramos todavía con muchas dificultades. El Día Internacional de la Mujer Rural se celebra desde el año 2008; como organización siempre lo habíamos celebrado, pero llevamos unos años que está teniendo muchísima repercusión, prácticamente no hay una administración, un ayuntamiento, una diputación o un gobierno autonómico que no realice algún acto representativo de este día. Sin embargo, ocurre lo mismo que con otras efemérides: todos los días deberían ser 8 de marzo; también todos los días deberían ser 15 de octubre, porque queda muchísimo trabajo por hacer. Las mujeres del medio rural nos encontramos todavía con una doble o triple discriminación: a la falta de igualdad real y efectiva que todavía tenemos las mujeres con respecto a los hombres, se suma otra discriminación por vivir en el medio rural, donde todavía es más difícil conseguir esta igualdad efectiva y real, por estar en un entorno masculinizado, con unos estereotipos y unos roles de género muy arraigados. 

La Política Agraria Común que se está diseñando se ha marcado por primera vez como objetivo promover la igualdad, ¿qué debería incluir la PAC para fomentar esa igualdad?

Estamos satisfechas con esta inclusión de la perspectiva de género, pero todavía no se ha plasmado exactamente en qué va a consistir; por eso, todavía estamos un poco expectantes, queremos hechos reales y medidas concretas que contemplen esos beneficios para las mujeres. Pensamos que debería haber una discriminación positiva, con ayudas directas a todas aquellas mujeres que se incorporan profesionalmente a la agricultura y a la ganadería. Ahora, las mujeres perciben cantidades inferiores a los hombres de la PAC, también porque nuestras explotaciones son más pequeñas que las de ellos y tenemos más dificultad de acceder al negocio agrario. Las mujeres reciben un 36,67% menos que los hombres en ayudas de la PAC. Solamente el 37,6% de las personas que reciben ayudas directas de la PAC son mujeres. 

¿Esos porcentajes más bajos se explican, simplemente, porque las explotaciones de las mujeres son más pequeñas como media?

Sí, tenemos más dificultad para acceder al terreno. Por eso, si queremos fomentar que las mujeres que realmente lo desean se incorporen a la agricultura y la ganadería, deberían contar con una serie de ventajas en este sentido. Es cierto que algunas comunidades autónomas, como es el caso de Aragón, tienen sus propias ayudas para la incorporación al sector, con una serie de ventajas para las mujeres por el hecho de serlo; tienen más puntos a la hora de solicitar las ayudas para la incorporación. En la PAC también sería necesario que se facilitase el acceso a las mujeres.

A veces, este tipo de ayudas ha generado alguna duda porque se dice que han llevado, por ejemplo, a que algunas mujeres figuraran como titulares de las explotaciones, a pesar de que seguían gestionándolas sus maridos... 

Lamentablemente, todas las mujeres con las que trabajamos, tanto desde FADEMUR como desde nuestra organización hermana, que es UPA, nos comentan que siempre están bajo la sospecha de que realmente no están ejerciendo la actividad, sino que la ejercen sus maridos o sus padres, aunque no sea así. Sí es cierto que en determinados sectores ha ocurrido. La semana pasada estuvimos en unas jornadas nacionales de Fademur en Castilla La Mancha y uno de los temas que salió en las mesas de debate fue precisamente esto. Incluso algún consejero autonómico, en alguna reunión sectorial llegó a sacar este tema. Si alguien tiene constancia de que hay incorporaciones de mujeres que no son reales, lo que tiene que hacer es denunciarlo y perseguirlo. Las mujeres con las que trabajamos realmente desean incorporarse a la actividad.

¿Es otro prejuicio?

Sí, es otro estereotipo de género más, entre todos los que tenemos tan arraigados en el medio rural: la mujer sigue manteniendo el rol de cuidadora y el hombre sigue manteniendo el de productor. Entonces, hay determinados colectivos que no conciben que una mujer esté al frente de una explotación y que pueda llevar un tractor. El trabajo del campo, las mujeres lo hemos hecho siempre, toda la vida, pero de una manera invisible, sin estar al frente de la explotación como titulares, sin poder cotizar y, por supuesto, sin recibir los beneficios económicos del trabajo que estábamos prestando. Las mujeres toda la vida han trabajado en el campo, pero siempre se les ha considerado como una ayuda familiar y no como titulares de las explotaciones. Eso es lo que tenemos que cambiar. Las mujeres que quieran tienen que quedarse trabajando en el campo como titulares de la tierra, como empresarias, en condiciones de igualdad con los hombres.

¿Estos estereotipos son el principal problema para las mujeres del campo?

El principal problema para incorporarse no es sólo esto. De hecho, muchas agricultoras y ganaderas nos dicen que ellas siempre se han sentido arropadas por sus compañeros de profesión. Muchos de los problemas con los que se encuentran las mujeres en el medio rural están relacionados con las dificultades para el acceso a determinados servicios, sobre todo, aquellos que están más relacionados con la conciliación. Si conciliar en el medio urbano es complicado, en el medio rural todavía más: en muchos pueblos, no hay una red de escuelas infantiles de 0 a 3 años o no contamos con un servicio de cuidados a personas mayores, centros de día… entonces, todas estas tareas de carácter más doméstico, de cuidado familiar siguen recayendo en las mujeres. Eso no les permite muchas veces incorporarse a la actividad económica en el sector primario o en otro sector de actividad. No podemos entender el mundo rural desligándolo de la agricultura y la ganadería, pero es cierto que en el medio rural podemos hacer muchas más cosas a parte de trabajar en el campo o en explotaciones ganaderas. 

Entre esa falta de servicios, es fundamental contar también con una buena conexión a Internet, no sólo para temas de emprendimiento. Lo hemos visto recientemente con la pandemia, con el confinamiento, muchas mujeres nos decían que enviar los deberes de los niños al profesor, les resultaba mucho más rápido coger un pen drive y mandarlo por mensajería al profesor que usar el correo electrónico. Es fundamental tener una banda ancha de calidad. Sobre servicios, tampoco podemos olvidarnos de las mujeres más mayores, porque nuestro medio rural está muy envejecido y ellas también han sido unas víctimas silenciosas de la otra pandemia, que ha sido la soledad. Han estado mucho tiempo sin poder recibir visitas. Desde Fademur también tratamos de organizar actividades de envejecimiento activo.

¿Las mujeres han tenido más fácil entrar en otros sectores, como el turístico, que en el primario?

Depende mucho de las comarcas. Aragón es un territorio muy heterogéneo: nos encontramos con una diversidad territorial tremenda. No tiene nada que ver a nivel turístico la comarca del Matarraña con la de la Ribera Alta del Ebro. Probablemente, en la Ribera Alta del Ebro tengan otro tipo de oportunidades laborales que no tendrán en el Matarraña: es una zona mucho más cercana a Zaragoza capital, que es el foco más potente de atracción de empleo de toda la comunidad autónoma. No tiene nada que ver tampoco el Matarraña con Cinco Villas o con la zona del Jiloca, que son más dependientes del sector primario. Sí es cierto que el acceso de las mujeres a la agricultura y a la ganadería no es fácil, porque hace falta un proyecto viable y el acceso a la tierra no es fácil. Si una mujer no tiene unas tierras de su familia, es muy difícil montar una explotación agraria. En una explotación ganadera, partir de cero tampoco es fácil, es una inversión considerable. Probablemente sea más fácil y sencillo montar una casa de turismo rural.

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