La "inevitable" extinción del bucardo: la caza, las enfermedades y la endogamia sentenciaron a esta variedad de cabra

El último ejemplar, conocido como Celia, murió, aunque su ADN había sido previamente conservado. (WIKIPEDIA)

Hace 21 años que Celia, el último bucardo de los Pirineos, moría en el Parque Nacional de Ordesa. La distribución de esta subespecie de cabra ibérica se limitó a los Pirineos franceses y españoles. Su primera mención en un documento oficial escrito, que data de 1767, ya se refiere a él como extremadamente raro. Como muchas otras cabras montesas, estuvo casi extinguida antes de que se prohibiera su matanza en 1913. Ni la institución del Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido, ni un proyecto de conservación con financiación del programa europeo LIFE pudieron detener la extinción del Bucardo, oficialmente el 6 de enero de 2000. Pero la historia de este carismático animal no terminó ahí: un controvertido programa de clonación se inició instantáneamente sin acuerdo científico, ni apoyo de ONG ambientales regionales, afirmando que la extinción era posible incluso en el ausencia de más estudios de ADN.

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La extinción de la subespecie era temida desde principios de siglo, cuando apenas quedaban una decena de ejemplares en el cañón del río Arazas de Ordesa. En 1996 se capturó a una de ellas para cruzarla en cautividad, pero este proyecto no tuvo éxito. También fracasó el segundo intento, cuando se soltaron dos machos de cabra hispánica en la zona donde habitaban los bucardos para potenciar la reproducción.

En enero de 2000 se dio por extinguida la especie Bucardo, en el Parque Nacional de Ordesa y Monte Perdido. Biólogos y guardas forestales así lo manifestaron, aunque también aclaraban que “había desaparecido hacía 100 años”. La caza furtiva, una mala política de conservación y comportamientos poco respetuosos acabaron con el animal más representativo de los montes de Ordesa.

Para obtener más información sobre las causas de su extinción, un equipo de investigadores de siete países distintos construyó una base de datos de todos los especímenes de museos conocidos y reconstruyó la historia demográfica del Bucardo basándose en pruebas de ADN. Su investigación se publica en la revista Zoosystematics and Evolution de acceso abierto y revisada por expertos.

El equipo de investigación descubrió que después de una expansión de la población entre hace 14.000 y 29.000 años, se produjo una pérdida significativa de diversidad genética entre aproximadamente 15.000 y 7.500 años, y continuó hasta el presente. En ese momento, el bucardo también vivía fuera de la cordillera pirenaica, pero, gradualmente, su distribución se redujo a un solo valle en el Parque Nacional de Ordesa.

Las fuentes escritas confirman la caza del bucardo desde el siglo XIV, y durante los siglos XIX y XX se convirtió en un objetivo común para los cazadores de trofeos. Sin lugar a dudas, la caza jugó un papel importante en la reducción de su población y área de distribución, pero no es posible, con la información actualmente disponible, señalarla como la causa principal. Las enfermedades infecciosas que se originan en la ganadería (por ejemplo, las provocadas por el virus de la lengua azul, el virus del papiloma humano y los sarcopses) son capaces de diezmar otras subespecies de cabra ibérica en períodos de tiempo extremadamente cortos.

Si bien la contribución relativa de varios factores sigue siendo en gran parte desconocida, parece que la caza y las enfermedades transmitidas por otros animales han sido eficaces para reducir drásticamente el número de bucardos durante los dos últimos siglos, porque actuaban sobre una población ya genéticamente debilitada. "Esta baja diversidad genética, combinada con la depresión endogámica y la reducción de la fertilidad, llevó a la población más allá del tamaño mínimo viable; a partir de ese momento, la extinción fue inevitable", aseguran en el estudio.

Esta publicación muestra la importancia de las colecciones biológicas históricas para los análisis genéticos de especies extintas. Un trofeo de propiedad privada de 140 años conservado en Pau, Francia, fue genotipado como parte de esta investigación, lo que demuestra que los particulares pueden poseer material de alto valor. Dado que hay poco conocimiento de estos recursos, los autores piden la creación de una base de datos pública en línea de colecciones privadas que alberguen material biológico para el beneficio de estudios de biodiversidad.

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