Los errores de Maliki dan una oportunidad a Al Qaeda en Irak
Las imágenes son del miércoles. Vehículos policiales y del Gobierno en llamas en la ciudad iraquí de Faluya. Después, vinieron informaciones no confirmadas según las cuales Estado Islámico de Irak y Siria (también llamado de Irak y Levante, organización cuya rama iraquí juró lealtad a Al Qaeda años atrás) había tomado el control de Faluya, la segunda ciudad de la provincia de Anbar con unos 325.000 habitantes. Faluya fue el centro de innumerables enfrentamientos entre el Ejército norteamericanos y la insurgencia suní a partir de 2004. Nunca antes los yihadistas habían gozado de tal poder en la que llaman la “ciudad de las 200 mezquitas”.
Si bien la situación no parece estar del todo clara, otras informaciones lo confirman, y la razón parece ser la salida de las fuerzas de seguridad iraquíes de la ciudad. Según la cronología que ofrece Juan Cole, todo comenzó con una estúpida decisión del Gobierno de Maliki, que reprimió una manifestación pacífica en Ramadi, la mayor ciudad de Anbar, provocando la respuesta violenta de las tribus suníes mientras descuidaba la vigilancia de Faluya. Los policías que quedaron en la ciudad fueron expulsados por los yihadistas. Además, el Gobierno había ordenado detener a un diputado suní y el líder de un grupo tribal para llevarlo esposado a la capital, lo que sólo contribuyó a aumentar la furia de los suníes contra las autoridades.
La situación es aún más absurda, desde el punto de vista del Gobierno de Bagdad, porque el 22 de diciembre había lanzado una operación en la zona fronteriza con Siria en la provincia de Anbar contra Estado Islámico de Irak y Siria. En poco más de una semana, había conseguido enfurecer tanto a los yihadistas como a las tribus suníes que podrían ser su mejor aliado en la lucha contra los grupos más radicales.
Es una consecuencia inevitable de la política de mano dura de Maliki contra los suníes, basada en la idea --equivocada según lo visto en los últimos días-- de que las tribus de Anbar nunca se volverán a aliar con Al Qaeda, como ocurrió durante la ocupación militar norteamericana. Muchas de esas tribus terminaron aliándose con Washington y formando la milicia llamada Los Hijos de Irak, financiada por EEUU, que se ocupó hace años de neutralizar a los yihadistas.
Maliki ha tenido que tragarse su soberbia y en los últimos días ha llegado a un acuerdo con algunas tribus, básicamente aquellas que formaron Los Hijos de Irak, para que ayuden al Ejército a derrotar a Al Qaeda. Tal y como se hacen estos tratos, es de suponer que habrá mucho dinero de por medio. Por otro lado, esas tribus que ya ayudaron al Ejército de EEUU y que ahora están enfrentadas al Gobierno tampoco tienen muchos motivos para creer que les irá mucho mejor con los yihadistas.
Dicen que han conseguido expulsar de Ramadi y otras poblaciones a los milicianos de Estado Islámico, pero no lo han conseguido en Faluya. “En este momento, no hay presencia del Estado iraquí en Faluya. La Policía y el Ejército han abandonado la ciudad, y Al Qaeda ha arriado y quemado todas las banderas iraquíes, y ha izado su bandera en todos los edificios”, dijo el viernes al Post un periodista de Faluya.
Lo ocurrido en Anbar demuestra que la guerra de Siria tiene capacidad sobrada para contagiar la violencia más allá de sus fronteras, pero la violencia en Irak cuenta con muchas razones propias para continuar existiendo. Los errores de Maliki y la rivalidad entre chiíes y suníes dan munición de sobra para que el capítulo de la guerra de Irak no termine de cerrarse.
13.30
Líderes tribales de la provincia de Anbar afirman a varios medios que sus fuerzas y la de la policía han conseguido recuperar el control de Faluya. No parece que sea cierto desde el momento en que otros altos cargos de las fuerzas de seguridad han contado el domingo a AFP que están preparando una gran ofensiva para expulsar a los yihadistas. El general iraquí que dirige el mando militar de Anbar afirma que necesitarán “dos o tres días” para completar la misión.
Lo que sí ocurrió el sábado fue el bombardeo de las zonas de Faluya que están en poder de los insurgentes y en el que murieron “30 terroristas”, según la versión oficial. Los hospitales de Faluya confirmaron al menos la llegada de ocho cadáveres y decenas de heridos. El Ejército ha subcontratado a las milicias tribales suníes la mayor parte de los ataques sobre el terreno, mientras ellos se dedican a bombardear la ciudad con fuego de mortero.
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