Los trenes del euromillón

Maqueta del proyecto del tren de Gran Canaria

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En estos tiempos que nos toca vivir, se acentúa la necesidad de empezar a definir una alternativa que ayude a compensar las terribles consecuencias de esta pandemia y nos permita ir configurando el nuevo futuro. Más allá de la principal obligación de “no dejar nadie atrás”, expresada en vigorosas políticas de Servicios Públicos Universales y de comenzar a enhebrar la imprescindible Sociedad de los Cuidados.

Programáticamente las principales instituciones mundiales y plurinacionales están empujando en esa dirección y la opinión pública planetaria, liderada por la parte más consciente y combativa de la juventud, está en plena batalla contra el Cambio Climático. En general, la Revolución Verde y Emancipadora concitan la inmensa mayoría de las opiniones que se están viendo y oyendo.

¿Y nosotros aquí en Canarias?

Hemos visto que el Gobierno isleño acaba de precisar que su apuesta fundamental, la que va a definir un antes y un después de nuestra historia, es poner dos ferrocarriles, uno hasta el Sur de Tenerife y otro hasta el Sur de Gran Canaria. Se acabaría así con los graves problemas de la movilidad y se alcanzaría la modernidad

¿Les suena a algo verdaderamente nuevo y original?

¿Verdad que no?

Y es que desde principios de este siglo XXI se viene dando vueltas a esta historia sin que nunca llegara a cuajar

¿Y ahora, en pleno mes de agosto, por qué sí?

El Gobierno y los cabildos capitalinos han visto que nos ha caído la lotería del Euromillón y que, por fin, apareció el famoso helicóptero dejando caer billetes y billetes...

Se les ha hecho la boca agua y dicen que, ahora sí, van a pasar a la historia como los traedores de la modernidad. Y del Plan de Recuperación de la Unión Europea de 750.000 millones de euros, de los que España pecibirá unos 140.000 (más de la mitad a fondo perdido), ya están pidiendo la enormidad de “algo más” de 3.800 millones de euros para los dos trenes. Esta cifra estratosférica rondaría en la práctica el 10% del PIB canario y superaría la totalidad de los recursos que pudieran llegar a las islas.

Como se sabe, esta idea estaba en la práctica aparcada. Incluso el presidente del Cabildo de Tenerife insistía, el pasado mes de Febrero, que no era ninguna prioridad, que tardaría más de 20 años y que la solución al problema de la movilidad insular no podía esperar.

Es más, ni en el Informe de la Comisión al Parlamento Europeo sobre la “Estrategia Renovada… de las RUP”, ni en el “Anexo sobre su Aplicación a Canarias” (ambos de fecha 23 de marzo de este mismo año) se dice una sola palabra de los trenes. Lo mismo pasa en la Declaración Final de la XXIV Asamblea de Presidentes de las RUP (febrero de este año), donde tampoco se mencionan los trenes.

Se recuerda todo esto para comprobar que el proyecto de los trenes ya se daba por superado y metido en el cajón del olvido. Pero cayó el Euromillón y empezaron las carreras…

¿Tienen sentido los trenes aquí y ahora?

1). Lo primero a resaltar es que su elección supondría gastar la totalidad de los recursos que pudieran llegar del Plan de Recuperación de la UE, el mayor esfuerzo financiero plurinacional después del Plan Marshall. Y todo se quiere concentrar en construir ferrocarriles solo en dos de las siete islas del Archipiélago. Cuando las prioridades definidas por la UE van en otra dirección, en concreto: “la transición ecológica, la respuesta climática y la digitalización de la economía”

2). Se trata de costosísimas infraestructuras que van a discurrir a todo su largo, en paralelo y duplicando a la formidable red de autopistas, construida en los últimos tiempos, todo hay que decirlo, con recursos europeos.

3). La solución al problema de la movilidad que se propone repite la misma fórmula que se ha venido haciendo hasta ahora, sin resultados prácticos a medio plazo: la construcción de más vías de rodaje

4). El problema que pretenden resolver los dos trenes (eso sí, reconociendo la apuesta que se hace por el transporte colectivo) no tiene en cuenta las últimas y más valoradas propuestas de movilidad. Las que afrontan la nueva complejidad. Donde también hay que estudiar y valorar las pautas de comportamiento social, el establecimiento de horarios laborales y de enseñanza, el urbanismo de proximidad y las ciudades inteligentes. Porque la solución más eficiente y razonable no es construir obras faraónicas ni replicar infraestructuras. Porque si el problema básico es la congestión de tráficos, lo que hay que hacer es reorganizar los flujos y los modos de transporte. Desde pautas de comportamiento social con la motorización privada, hasta preferencias en tiempos, carriles, etc. Que es lo que se viene ya haciendo en las principales ciudades y áreas metropolitanas del mundo más avanzado. Es cierto que esta propuesta de solución es compleja, sobre todo frente al sencillo trámite de gastar el euromillón, contratando la construcción y la compra del material de transporte. Lo que se llama “obra con llave en mano”. Se paga y punto. Y algo muy importante, sin tener en cuenta el tremendo impacto medioambiental que se genera. Porque los elevados costes de establecer líneas de trinchera y ruptura a lo largo del territorio son permanentes y definitorios.

Trenes vs. sistema energético limpio, renovable, barato y nuestro

En mi opinión, el coste más elevado y que lo hace del todo insoportable es el coste de oportunidad de los trenes. Porque con esa fortuna se podría instalar el nuevo sistema y alcanzar la plena soberanía energética . Y podrían cosecharse sus enormes ventajas estratégicas y de futuro.

Porque

A). Abandonaríamos el gigantismo y las desmesuras. Las propias de la etapa del crecimiento continuo. Ni más puertos (Fonsalía, Agaete…), ni más pistas de aterrizaje (Gando, Tenerife Sur), ni más pesadas infraestructuras viarias (los anillos insulares), ni más macroproyectos técnicamente obsoletos en medio de la zona más salvaje (Chira-Soria), ni más trenes. La nueva propuesta energética se tendrá que basar en redes más que en grandes centros neurálgicos. En el desparrame por el territorio más que en concentraciones localizadas de producción y almacenamiento, de forma que no pudieran volver a producirse los tremendos apagones, recordemos el último que dejó a oscuras a toda Tenerife. No es este lugar para otra cosa que no sea subrayar que los principales centros y redes deberían ser públicos.

B). Abandonaríamos las tradicionales formas de inversión pública. Hasta ahora la preocupación política más generalizada, sobre todo en el último medio siglo, era la de construir caminos, canales y puertos. Es más, eso era lo que la opinión pública esperaba y aplaudía cuando se cortaba la famosa cinta de la inauguración. Con la diferencia que ahora en vez de empichar carreteras, se colocarían raíles. 

C). Dejaríamos al margen lo que no es adecuado en los territorios isleños. [Porque hay que recordar que “nuestros trenes” llegaron como a todas partes en la segunda mitad del XIX, en nuestro caso en forma de vapores y paquebotes]. Porque así como el transporte marítimo y aéreo son imprescindibles para las islas, sobre todo cuando se trata de Archipiélagos, el transporte ferroviario en territorios pequeños y de corto recorrido, es ineficiente.

D). Apostaríamos por lo que hoy constituye el nuevo paradigma y comenzaríamos a sustituir el crecimiento continuo por la sostenibilidad. Hablando por ejemplo de nuestro actual monocultivo, es bueno tener presente que su crecimiento consistió en continuar construyendo hoteles y apartamentos siempre sobre nuevo suelo “virgen” y dejando atrás “tierra quemada” que iban convirtiéndose en guetos y zonas en degradación. Ya una parte del empresariado turístico más inteligente comienza a superar este círculo vicioso. Pero, a partir de ahora, la sostenibilidad exige mantener, reparar, modernizar, en definitiva CUIDAR lo existente.

E). Tenemos que eliminar la actual política energética de las renovables que viene permitiendo el mayor expolio de nuestros recursos primarios. La apropiación por parte de las empresas trasnacionales globales (Red Eléctrica, Endesa, Repsol, Iberdrola, Gas Natural…) de los beneficios que obtienen aprovechando nuestras energías. Es una barbaridad social y política. Pienso que hay que seguir repitiéndolo. Esas empresas no están produciendo energía, solo están aprovechando las energías naturales que ya existen en nuestro suelo, nuestro aire, nuestro cielo y nuestro mar. Y las autoridades canarias permiten eso y mantienen la situación de dependencia absoluta, por mucho que algunos se refieran a ¿soberanía energética?

F). A diferencia de los ferrocarriles, cuya capacidad de producir efectos de arrastre es ínfima (por ejemplo, nadie en su sano juicio plantearía fabricar aquí material ferroviario), el sector de las renovables tiene enormes efectos multiplicadores y de arrastre. El más importante para la sociedad canaria es el de la creación de empleo cualificado. Aún más, de acuerdo con las nuevas posibilidades de producción industrial (empezando por las impresoras de tres dimensiones…) es factible iniciar la fabricación gradual de componentes de todo tipo. Así como la investigación sobre mejora de aprovechamientos de todas nuestras fuentes primarias. Incluso si se habla de sus beneficiosos efectos sobre el turismo, un sistema canario energético limpio supondría probablemente el mejor reclamo de un destino turístico, “libre de contaminación”.

G). Situaría a Canarias como centro neurálgico del Atlántico Medio en el conocimiento, fabricación y asesoramiento de la producción de energía limpia y agua potable (la dualidad). Las dos grandes necesidades que, según los Organismos Internacionales, van a acaparar la atención mundial en las próximas décadas. Esta situación estratégica aportaría valor a nuestra renta de situación. Todo esto contrasta con las potencialidades de los trenes que, en este aspecto fundamental, son nulas.

H). Hablando de rentabilidad económica y social, la económica de los trenes está por ver. Y la social, estaría dependiendo mucho de la nueva concepción de la movilidad de los automóviles. Si hablamos de las renovables, su rentabilidad económica está garantizada porque la demanda energética de las islas se mantendrá en el futuro y la posible importación de electricidad desde África no está en el horizonte. Es más, todas las inmensas ganancias que hacen que el lobby de las energéticas sea de los más poderosos del mundo, serían tratadas como procedentes de bienes públicos y entrarían en la renta colectiva de la sociedad canaria.

¿Comienza una nueva era?

Con la propuesta de los trenes no va a empezar nada cualitativamente diferente. Se trata de duplicar vías de transporte por problemas de congestión de las actuales. Y la solución que se aporta es la de siempre: nuevas infraestructuras (ahora en paralelo a las autopistas ya existentes). Además con una inversión estratosférica y nunca imaginada. Además se trata de un asunto que ya estaba aparcado en el cajón del nunca jamás. Pero ha revivido como Lázaro, no a las palabras de Jesús sino a la caída del euromillón 

Con los trenes, la situación actual de dependencia exterior canaria se mantendría y puede que se incrementara. Por el contrario, si fuéramos capaces de imaginar, pensar, proyectar y construir con ese mismo dinero un sistema energético limpio, renovable y nuestro…

Si, por primera vez en nuestra historia, nos atreviéramos a liderar la sustitución del viejo modelo de quemar fósiles, por el renovable, limpio y NUESTRO…

Daríamos un tremendo salto como pueblo y comenzaríamos a poder entablar una situación de interdependencia equilibrada con el resto de los pueblos. En una sociedad que afronta problemas planetarios que habrá que resolver a ese nivel, pertrechados con la ya vieja consigna de “piensa globalmente, actúa localmente” sí pudiéramos decir que nos ponemos en el pelotón de cabeza de los que van conquistando esa nueva era. En donde en vez de crecer con desigualdades como hasta ahora, nos dediquemos a cuidarnos y a cuidar la Madre Tierra.

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Publicado el
25 de agosto de 2020 - 09:56 h

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