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Bonita

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Con tu estola bicolor, negra de día y roja de noche, Bonita, dominas imponiendo dolor y tortura en la azarosa espera. Quema, ay, Bonita, tu bullicioso ardiente corazón lo que en ti fui. Ahora, entre la nada y tú, Bonita, con el manantial de lágrimas exhausto, mírame desvalido sin pena ni culpa.

Alas negras picorojo en negra arena ayer marrón, Bonita, levantan vuelo en incrédulo infortunio.

Arca en dique seco refugio extraño de intimidada fauna, Bonita, bonita, como tu nombre, bondad humana.

Ay, Bonita, qué fresquita rezuma vida en tu verde otoño el salto norteño de sosiego y paz. Cantos de pájaros en primavera otoñal, Bonita, de acogedora visita.

Somos seis, mi madre muy mayor y mi niña pequeña, si puede ser para dos o tres días. Para una semana y muchas más no falta generosidad aquí, Bonita, ni de más allá.

Volverá, Bonita, a sonar la risa y el canto, el verde de tus campos y las flores en el jardín.

Un monumento levantaremos, Bonita, perpetuando en la memoria los abrazos solidarios.   

Tan confundida con tu hermana redonda mayor, y millones ya saben, Bonita, que tú eres corazón.

No quiero temer, Bonita, el olvido de las promesas cuando tu estela bicolor se torne negra en la noche más negra. Quiero soñarte pronta, Bonita, hollados tus senderos negros por el raudal de ávidos por disfrutarte.

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