Imaginar una banda sonora

Imaginar una banda sonora.

Todos los poros de tu piel queriendo gritar la música que daba luz a tus mañanas. Los rayos del sol que activan cada centímetro y mueven cada vértice de las imaginadas sonrisas. Aquel calor de los abrazos que reconfortan pulsando la tecla exacta de la melodía que hace sonar las caricias, las miradas entre un océano sin miedo.

Imaginar una banda sonora.

El recuerdo de un beso que se dibuja lentamente en la necesidad y la espera, las ganas y la fuerza de atravesar el aire. Sentir como crecen raíces en las esquinas de los besos que gritan quedarse naciéndole flores.

Imaginar una banda sonora.

El intento de huida hacia el encuentro, una carrera en la lucha y el esfuerzo por navegar juntos en la profundidad de sus aguas. Nostalgia en la memoria de la unión de dos manos, el roce, el latido agitado en el juego de un baile de piel contra piel. El suspiro al viento y la esperanza guardada en cada sueño, en cada rincón del silencio.

Imaginar una banda sonora.

La lágrima que se escapa y recorre despacio la silueta pausada en el tiempo. El error de la prisa sin el valor del ruido y su gente, la copa y su brindis, la sencillez y sus detalles.

Imaginar una banda sonora.

El vuelo lento de unas alas trazadas con la oportunidad de un ahora sin egoísmo, de un estallido de argumentos y razones. La importancia de un lienzo pintado con cariño y humildad, con la esencia libre a todo volumen, con los puentes y sus calles susurrando y nuestros brazos, preparados.

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Publicado el
2 de abril de 2020 - 23:03 h

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