“El rabo de gato y el coronavirus son hijos del mismo fenómeno: la globalización”

Pedro Luis Pérez de Paz.

Justo Pérez Cruz

Santa Cruz de La Palma —

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Continuamos con un episodio más de nuestra sección Scientia Palmensis dedicada a los científicos nacidos o que ejercen su labor en la isla de La Palma con una entrevista al Dr. Pedro Luis Pérez de Paz, catedrático de Botánica de la Universidad de La Laguna. El Dr. Pérez de Paz nació en Villa de Mazo 1949, lugar al que retorna con frecuencia acompañado de su esposa y su hijo y donde continúa involucrado en numerosas actividades culturales o relacionadas con su profesión. Cursó los estudios de bachillerato en el Instituto Alonso Pérez Díaz de Santa Cruz de La Palma, como otros muchos provenientes del mundo rural, estudiando en parte como alumno libre bajo la tutela de la maestra Esperanza Martel y de la Academia de doña Carmela Martínez, en Mazo. En 1973 terminó su Licenciatura en la Facultad de Biología de la Universidad de La Laguna, doctorándose en 1977, bajo la dirección de su maestro, el prestigioso profesor Wolfredo Wildpret de la Torre.

Profesor universitario por vocación docente, obtuvo por oposición en 1979 la plaza de Profesor Adjunto de Universidad y en 1981 la de Profesor Agregado de Universidad, cargos que ejerció respectivamente en las Universidades de La Laguna y de Valencia. Tras una breve estancia en esta última, accedió en 1982 a la Cátedra de Botánica de la recién creada Facultad de Farmacia de la Universidad de La Laguna, asumiendo tras la entrada en vigor de la Ley de Reforma Universitaria, el cargo de director del Departamento Interfacultativo de Biología Vegetal.

Su investigación se ha centrado en el estudio de la flora y vegetación macaronésica. A lo largo de su dilatada y fructífera trayectoria investigadora ha  participado y dirigido una amplia lista de proyectos de investigación, tesis doctorales, tesinas y trabajos de fin de grado. Su lista de publicaciones entre libros, capítulos de libro, artículos científicos en revistas especializadas, comunicaciones a simposios o congresos nacionales e internacionales es realmente impresionante. En el campo de la investigación aplicada a la gestión del medioambiente, ha dirigido o participado en unos 90 proyectos encargados por instituciones públicas o privadas, relacionados con la planificación y gestión del territorio. Comprometido con la extensión universitaria, ha participado en más de 70 cursos y lleva pronunciadas un centenar de conferencias sobre temas relacionados con su ámbito profesional.

Es miembro de numerosas asociaciones profesionales nacionales e internacionales y forma parte de muchos comités y patronatos relacionados con su actividad. Su extenso currículum profesional puede consultarse en su web personal:  http://www.pedroluisperezdepaz.es

-Pérez de Paz, ya comentamos en alguna ocasión en esta sección que el siglo XIX fue el de la Química, el XX el de la Física y el XXI el de la Biología. ¿Cómo ve usted el panorama de la Biología y en particular el de su especialidad, la Botánica, en el futuro inmediato? 

-En buena medida así es. La evolución de la biología en general y de la biología molecular (Genética y Bioquímica), en particular, ha sido espectacular en las últimas décadas. Cuando hace 50 años se creó la Facultad de Biología en la Universidad de La Laguna, la Biología estaba centrada más en lo descriptivo que en lo dinámico y funcional. Y no era sólo en La Laguna, en general era así en España y en Europa. Solo las universidades elitistas americanas, ya despuntaban anunciando que la vanguardia de la biología apuntaba a las biomoléculas y metabolismo celular, bajo la tutela de los genes. Nuestro Premio Nobel Severo Ochoa fue un pionero de esa etapa revolucionaria, que ha encontrado la madurez teórica en la genética y su desarrollo práctico en el campo de la biomedicina.

Por lo que se refiere a la Botánica, sigue siendo una ciencia amable, como la han definido los románticos. El conocimiento de las especies, sillares en que se fundamentan los ecosistemas, exige de métodos y técnicas científicas. Mucha gente habla de biodiversidad y de desarrollo sostenible, sin saber lo que verdaderamente ello significa.

Sin el conocimiento de las especies, botánicas, zoológicas, fúngicas, etc., y de sus requerimientos ecológicos, resulta banal hablar de futuro y de transición ecológica a alguna parte. En este sentido, el papel desempeñado por la Facultad de Biología (me gusta llamarla Facultad, degradarla a Sección ha sido un paso atrás que estamos pagando muy caro) ha sido determinante para el conocimiento de la biodiversidad de las Islas Canarias, el territorio con mayor concentración y singularidad biológica de Europa. 

-Hablando de Botánica en la isla de La Palma, parece inevitable hablar del rabo de gato, y en relación con ello, en la situación actual, parece también inevitable hablar del coronavirus. ¿Cómo ve usted la situación de la isla en estos aspectos?rabo de gato 

-Hombre, la pregunta es un cambio de tercio, aunque no ajena, respecto a lo anterior. Pasamos de la singularidad de la biodiversidad insular (una fortaleza) a comentar la fragilidad de los territorios insulares frente a amenazas globales (una debilidad). Tanto el rabo de gato como el coronavirus, son hijos del mismo fenómeno: la globalización o mundialización, dicen otros. Vamos por partes.

Respecto al rabo de gato, conocemos bien el problema porque llevamos lidiando con el mismo en las islas desde hace 50 años. Ya en la década de los setenta del pasado siglo, algunos biólogos denunciamos que el problema de las especies invasoras (vegetales o animales) era un asunto muy serio para la conservación de los ecosistemas naturales. No sólo lo advertimos para el rabo de gato, sino para las piteras, tuneras, jaraganes, etc., y hasta de los castañeros, cuando dejan de cultivarse y se asilvestran. El cambio paisajístico de la carretera de la cumbre, a la altura de Botazo, es un ejemplo. En la pasada década de los noventa, el Cabildo Insular de La Palma promocionó y financió con fondos europeos un proyecto muy ambicioso, que nos tocó dirigir. Después de dos años de campañas muy agresivas tuvimos la planta contra las cuerdas, pero los cambios políticos, la mengua de fondos y la toma de conciencia de que era un programa que exigía continuidad, desanimó a las autoridades competentes, que abandonaron la labor. Entonces yo dije: “Ahora o nunca”. No nos hicieron caso y en la actualidad el problema del rabo de gato, en mi opinión, es un problema sin solución, que habrá que esperar a que la naturaleza lo resuelva. Así lo he manifestado, aunque soy consciente de que no gusta escucharlo.

Del coronavirus, es pronto para hablar y tarde para actuar. Ha ocurrido lo que se preveía como posible, pero la ceguera, cuando no soberbia, humana es grande. Cuando estamos mandando sondas para medir la temperatura del Sol o buscando vida en el más allá, resulta que viene un envoltorio molecular microscópico y nos pone en jaque. Presumo que no será jaque-mate, pero el susto nos lo ha metido en el cuerpo y no te digo nada del destartale económico, político y social que nos va a suponer volver otra normalidad diferente.  

-La Botánica nos interesa a todos, pero principalmente a los agricultores. ¿Qué mensaje transmite usted a los agricultores palmeros, especialmente a los jóvenes que son el futuro de la agricultura en la isla de La Palma? 

-¿La Botánica nos interesa a todos? Bueno, ya me gustaría, aunque no es lo que percibo en muchos alumnos, pero algo interesa sí. Y tal vez no nos interese más porque ignoramos que las papas son tubérculos y los tomates frutos o los boniatos rizomas y las almendras semillas. Claro que la botánica debe interesar a todo el mundo, no debe ser de otra manera, puesto que es indisoluble de la agricultura, la primera forma de cultura que se conoce. Nuestra especie dejó de ser animal, para ser humana, cuando descubrió la agricultura y con ella aprendió a distinguir las plantas comestibles de las tóxicas o de las medicinales, inventando las primeras clasificaciones del mundo vegetal, primero, y animal después.

Olvidar o menospreciar el sector primario (la agricultura, la ganadería o la pesca), supone un riesgo estratégico terrible, por lo que supone de pérdida de valores económicos y culturales. Parece ser que ahora nos preocupa la España vaciada, pero llevamos muchos años vaciando el campo para llenar las ciudades y ahora nos encontramos con el panorama que tenemos. Vivimos días de preocupación por la salud y por cómo se va a resolver la crisis en la que nos hemos metido, pero no nos hemos parado a imaginar la misma situación, con unos mercados desabastecidos, unas desaladoras inoperativas por falta de fuel, sin electricidad, etc. No sería extraño, volver al canibalismo. Una exageración, sin duda, pero no inimaginable.

En La Palma, como en Canarias en general, volver a la agricultura significa volver al pasado, pero un pasado que necesariamente tiene que ser diferente al vivido por nuestros abuelos y al que sufren nuestros coetáneos campesinos. Recomendar la agricultura a los jóvenes, es recomendárselo primero a nuestros hijos o nietos, primero, y después a los alumnos en los institutos y universidades. ¿Conociendo, como ambos conocemos el campo y los sacrificios que exige, le recomendaríamos a nuestros hijos la agricultura? ¿Les diríamos que dejen la ciudad y qué vuelvan al campo de sus antepasados? ¿Los mandaríamos a las huertas a arrancar hinojos y plantar papas o a cuidar cabras, para que para otros se beneficien de su sudor, cobrando subvenciones al transporte, amparados en la corrupción política generalizada que trufa nuestra sociedad? Sinceramente, o se cambian las reglas de juego, o mucho me temo que el campo se seguirá vaciando. Y ojo, que vaciar los hoteles y apartamentos ha costado poco. Vamos a ver cuánto cuesta volverlos a llenar. Suerte, que la vamos a necesitar. 

-¿Le gustaría añadir algo más? 

-Estimado y admirado Justo, ya hemos cubierto el cupo. Después de la rociada anterior, que más voy a decir. Pues que hemos de recuperar valores, educar a nuestros jóvenes para trabajar y ser responsables, enseñarles que antes de exigir sus derechos, deben cumplir sus deberes. Recordarles el que estudiar no es una fórmula para liberarse del trabajo, sino para prepararse y desempeñar mejor el mismo. Enseñarles que el mundo virtual, que obsesiona a todos, es una herramienta sin la que ya podamos vivir, pero que no pasa nada si ante una situación de crisis hay que arremangarse y plantar un cantero de boniatos para matar el hambre real, que no alivia la virtualidad. Recordarles, que una cosa es vivir en un chalet en el campo y otra bien diferente vivir del campo en una casita modesta, junto al pajero de las vacas, al lado de un estercolero para reciclar la materia orgánica y devolverla a las huertas, con sus moscas y sus olores. Esa es la realidad del campesino, no la de los intermediarios que los utilizan y explotan hasta aburrirlos. Y cuidado, que hijos de mangantes: mangantitos. Éstos, como los errores en la botánica, se multiplican por estolones. No se extinguen fácilmente.

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