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La crisis sanitaria desde el otro lado del ‘charco’: “Mientras España ve luz”, en América “nos preparamos para lo peor”

Ana trabajando desde su casa en Chicago.

La única certeza hasta el momento sobre la crisis sanitaria que azota al mundo entero, la COVID-19, es que no entiende ni de países, ni de políticas, ni de clases sociales… si se le permite la entrada arrasa con todo lo que está a su paso. En tan sólo cinco meses se ha visto como ha dado la vuelta al mundo y ha contagiado a más de dos millones y medio de personas. En el continente europeo ha golpeado con fuerza, con especial incidencia en España e Italia. No obstante, desde las primeras semanas de vida el virus saltó al otro lado de charco, hasta América, y en estas últimas países como Estados Unidos o México están en el ojo del huracán mediático. En medio de toda incertidumbre, se encuentran por todo el mundo miles de españoles que miran hacia su país con el deseo de que todo se normalice con el único fin de regresar a visitar a sus familias cuanto antes.

Tres continentes y un solo destino: acabar con la  incertidumbre de cuándo podrán abrazar a sus familias

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Desde una de las ciudades más grandes de los Estados Unidos de América (EEUU) -Chicago- Ana relata cómo está viviendo esta pandemia. Es profesora en un instituto y desde el día 13 de marzo se pusieron en contacto con ella y todos sus compañeros para decirles que la siguiente semana trabajarían de forma online para evitar la propagación del virus. En esos días se veía muy lejano lo que estaba sucediendo en Europa, “todo el mundo lo veía como algo que le está ocurriendo a otra gente”, explica. Si bien es cierto que a medida que fueron avanzando los días la atmósfera iba cambiando, se daban cuenta de que en realidad era algo más serio. Ana recuerda cómo desde el primer momento el presidente de EEUU, Donald Trump, dejó en manos de los gobernadores de cada estado las decisiones a la hora de tomar medidas de prevención. En su caso, el máximo dirigente de Illinois decidió cancelar cualquier tipo de evento, cerrar las escuelas y facilitar el trabajo desde casa, a excepción de las actividades esenciales. Se precintaron todos los espacios y, aunque no han llegado a sancionar a la ciudadanía por salir a la calle, recomiendan a la población que eviten los desplazamientos. “Aquí te invitan a que tomes una postura más que a obligarte, la gente es bastante cívica”. 

Cree que la infraestructura urbanística y el comportamiento de la ciudadanía es un factor muy importante a la hora de contener el virus. “Aquí las distancias son más grandes que en Europa, las calles y las aceras son más amplias, hay muchas zonas ajardinadas y ya de por sí en la cultura existe la distancia personal”, detalla. Los supermercados y las tiendas están abiertas, con medidas de prevención como dejar los dos metros de distancia, desinfectarse las manos con gel en la puerta y hay una persona limpiando todo constantemente. La mayoría de los restaurantes siguen abiertos, trabajan a domicilio o la población se acerca a buscar el pedido de comida, y los bares de copas buscan alternativas para atraer a los clientes. No sabe a ciencia cierta cuáles serán las consecuencias económicas derivadas de esta crisis sanitaria, más aún cuando el mandatario político que gobierna el país intenta camuflar la realidad de la situación, opina. 

Ana, natural de un pueblo de Valencia, lleva más de una década residiendo en Chicago. Estudió Ciencias del Mar en la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) y después de nueve años residiendo en las Islas regresó a la Península en busca de una oportunidad laboral que finalmente la llevó al otro lado del charco. Mira con preocupación a su país, pero está tranquila porque su familia y sus amigos están bien. Tiene un billete para venir a mediados de junio. Ahora no sabe si podrá coger el avión, pero “en el peor de los casos” lo hará más tarde, confía. 

Destaca la cantidad de movimientos solidarios que se han generado a raíz de esta situación. “He visto algún cartel en la calle de organizaciones incentivando a las personas que no pueden pagar el alquiler a que se unan para que no les cobren hasta que tengan una nueva fuente de ingresos, en las páginas de Facebook muchos vecinos aportan ideas…”.

Desde 2009 se marchó Juan a México, donde tiene una empresa familiar que se dedica a la venta de desinfectantes, insecticidas, pinturas, cuidado automotriz… todo  productos químicos, entre los que se encuentran aquellos que combaten el coronavirus. Tiene 100 empleados y actualmente sigue trabajando el 90/95% de la plantilla. Lo hacen con las medidas de seguridad requeridas: mascarillas, caretas, guantes, geles antibacteriales y miden la temperatura del personal al entrar. Por esta razón, al ser uno de los trabajos esenciales, la situación de confinamiento que está viviendo el país no le está afectando de manera directa, aunque cuenta que esto es muy “raro”. Reside en el estado de Tlaxcala, donde el 8 de abril se produjo el primer fallecimiento y en la actualidad ya rondan los 100 positivos. Esta semana, las autoridades activaron la fase 3, que para los ciudadanos se traduce en un confinamiento más estricto.

Cree que el país en el que reside “hizo muy bien en adelantarse” a las consecuencias de la crisis sanitaria, cerraron los colegios, las oficinas del gobierno y recomendaron a la población que se confinara solo tres o cuatro días después que España. No tienen las mismas restricciones que en España y cree que conseguirlas sería muy difícil, ya que México tiene una población de más de 120 millones de habitantes y no hay fuerzas de seguridad suficientes. “Aquí la gente vive al día, no puedes cerrarles los locales porque no tienen de dónde comer, hay muchas personas que tienen los negocios en sus casas”, explica. 

Juan no puede ocultar su preocupación al hablar de su país y en especial de Canarias. “Es complicado ver a toda mi familia encerrada, ver la cantidad de personas muertas y contagios. Creo que los cogió desprevenidos y no los dio tiempo reaccionar”, apunta. Se siente afortunado, pues sus padres están en Artenara, uno de los tres municipios de Gran Canaria donde no ha llegado la COVID-19, de donde es natural su familia. Sus hermanos sí siguen viviendo en la capital de la Isla y están totalmente confinados. 

Siente pena por cómo está la situación y aunque sabe que será bastante difícil volver a España en un breve espacio de tiempo no pierde la esperanza. “Cuando en España empiezan a ver luz nosotros creemos que nos viene lo peor, en México se va a poner complicado en los próximos meses porque vamos más retrasados que Europa”, considera. Cada año se desplaza a Gran Canaria a pasar el mes de agosto, con especial ilusión para la celebración de las fiestas de su pueblo natal, a finales de mes. Ya el año pasado las tuvieron que suspender por los incendios declarados en la Isla, que afectaron especialmente a este municipio. 

Desde Panamá relata Alfredo que la situación que está viviendo el país es bastante complicada. Cuenta con una población de cuatro millones y medio de personas y ya superan los 4.000 contagiados y los 100 muertos. Aunque es consciente de que el coronavirus “no vino con manual de instrucciones” cree que se están dando “palos de ciego” y le preocupa lo que pueda ocurrir cuando pase la crisis sanitaria debido a las consecuencias económicas. El confinamiento en el país es casi absoluto, las autoridades ponen muchos impedimentos para salir de las provincias, aunque se cuente con un salvoconducto para poder circular. 

Lleva 10 años residiendo allí junto a su mujer y sus mascotas. Juntos tienen una empresa que se dedica a la venta de marisco, aceites y carnes y han visto mermado su negocio debido a esta crisis. “Tuvimos que suspender el contrato de cuatro trabajadores, la mayoría de los restaurantes y hoteles están cerrados, al igual que en España, y la economía no se va a levantar tan fácil”, sostiene. En estos momentos más de 160.000 personas han perdido el empleo en Panamá. Alfredo detalla que el Gobierno está dando un bono solidario de 20 dólares cada 15 días y una canasta con arroz, una lata de atún y, en algunas ocasiones, plátanos y leche, pero no es suficiente para alimentar a una familia. “Aquí la mayoría de la población vive al día y estamos confinados desde hace más de un mes”, lamenta. 

Alfredo es natural de Gran Canaria, después de nueve años sin viajar a su tierra lo iba a hacer en este mes de abril, un largo desplazamiento que tuvo que cancelar debido a las circunstancias y que espera hacerlo cuando todo vuelva a la normalidad. 

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