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El chorro del agua

El chorro del agua siempre ha estado ahí, mirándonos pegado a la pared. Pero no siempre ha ocupado esa posición, en realidad su existencia es novísima. Quieto, pegado a la pared, suministra el preciado líquido para que podamos beber, bañarnos, regar y otras aguadas varias. A mi abuela, acostumbrada a ir al barranco con las tallas y grandes garrafones en la cabeza y en los hombros, el chorro le parecía la revolución máxima y permanente. Le parecía las pocas veces que lo vio en su vida, porque en su cueva no tenía.

Vaya que sí fue una revolución, en mi casa tuvimos un baño particular cuando cumplí 12 años, hasta entonces era colectivo y unisex para dos o tres familias que vivíamos en la azotea. Consistía en un agujero, cuatro bloques de pared, un techo de uralita y una puerta que hizo mi padre para la deteriorada y ausente intimidad de los barrios de los años sesenta. Que ibas a ensuciar, pun, un balde de agua, que te ibas a bañar, pun, una manguera conectada al chorro de la pileta que se pasaba por encima de la puerta. En esa pileta pasé atontados ratos comiendo pan y agua del chorro con la boca pegada.

Cuando llegué a Aguere, el agua parecía exquisita, pero luego apareció una valla publicitaria con una calavera bebiendo del chorro. En el sur y en algunas islas, si bebes agua del chorro, directamente te intoxicas. Y en el resto de mundo, hay sitios que atraviesan el infierno para buscar dicho líquido. Literal. La pregunta es: ¿si el agua potable es un derecho, por qué nos lo hemos dejado arrebatar de esa manera? El agua tiene que ser de calidad, no puede ser la última asignatura del ayuntamiento.

Sin agua nos morimos, y con agua mala, nos vamos muriendo poco a poco. Con nuestra adicción a las botellitas de agua nos empobrecemos, pues el medio ambiente se resiente, los acuíferos se salinizan, y pagamos el doble de lo que debiéramos. Y sin embargo no parece una prioridad institucional. Todos nos hemos dejado ir con este asunto, y ya es hora de que alguien le ponga solución. Tendrá que llegar un día en que se nos diga que el agua de abasto es muy recomendable para cocinar. Yo por lo pronto se la echo a mi destiladera y me sale estupenda, aunque sin culantrillo. La cal se lo come. Y ahí, mirando el musgo, me pregunto: ¿por qué cuando hay sequía se encarece el agua, y cuando llueve no baja de precio?

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