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 elDiario.es Cantabria lanza la sección 'Mujeres en el deporte'. Este nuevo blog busca dar visibilidad al papel de la mujer en el deporte, a través de entrevistas y reportajes, con el objetivo de contribuir a lograr la igualdad en este ámbito. Cuenta con el apoyo de la Dirección General de Deporte y Vicepresidencia del Gobierno de Cantabria y de la Sociedad Regional de Educación, Cultura y Deporte. Gobierno de Cantabria.

Naara Miranda, campeona del Mundial sub-17: “Tener una buena relación con el equipo fuera del campo te hace ser mucho mejor dentro”

Naara Miranda, jugadora del Racing Féminas y campeona del Mundial sub-17

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Cuando Naara Miranda (Santander, 2005) empezó a correr tras un balón, el CDE Racing Féminas, su actual equipo, aún no existía. Tampoco había en Cantabria un equipo de fútbol femenino con el que pudiese entrenar, por eso pasó del baile al patinaje, donde se alzó con el título de campeona regional de la categoría benjamín, hasta que finalmente llegó la llamada del exfutbolista y entrenador Pedro Munitis que le permitió jugar al fútbol en el Ave Fénix.

Esta llamada se produjo cuando tenía ocho años, pero la futbolista aclara que “desde que tenía dos años he estado con un balón en los pies”. Las muñecas no le llamaron nunca la atención, su cabeza era “fútbol y balones”, y si hubiese existido un equipo para niñas en Cantabria está segura “de que hubiera empezado antes” a jugar. De ahí que se alegre al ver cómo la situación “ha mejorado muchísimo y ha dado un cambio brutal: ahora tienes equipos de niñas tan pequeñitas...”. Destaca el Racing y el Monte, pero considera que a medida que se sube de categoría se van encontrando cada vez más opciones. Lo más importante para Naara, sin embargo, es que “cualquier niña que quiera jugar pueda hacerlo”.

Habla sobre referentes futbolísticos sin ser consciente de que probablemente ella misma se haya convertido en un modelo a seguir para las generaciones de futuras futbolistas, y confiesa que, aunque ella no los tuvo, le “hubiera encantado”. No ha pasado tanto tiempo desde que llenar un estadio con más de 90.000 asistentes para ver un partido de la Champions femenina resultaba inconcebible. Naara tiene 17 años, pero recuerda que, cuando ella empezaba a jugar, “sobre el fútbol femenino no había prácticamente nada y lo poco que había no se veía en la tele”.

También le ha tocado lidiar con los prejuicios y estereotipos asociados al deporte femenino. En el tiempo en que no jugaba en un equipo su mayor logro era “jugar en el recreo con mis compañeros y siempre fui la 'marimacho' que juega al fútbol”, comenta Naara mientras se encoge de hombros. Ahora piensa que quizá entre los más pequeños estos comentarios se dan con mayor frecuencia porque no son del todo conscientes de lo que significan y, si bien considera que cada vez encuentra menos personas con este tipo de ideas en su entorno, no faltan aquellos que “viven en el siglo XII y creen que una no puede jugar al fútbol porque es una chica”, critica la jugadora.

¿Su manera de lidiar con todo ello? “No dejarse influir porque no es una crítica constructiva y no te importa esa persona”, afirma contundente. Al final estos comentarios son nimiedades si se compara con lo que Naara Miranda está dispuesta a superar para seguir saliendo al campo. “Es que para mí el fútbol es mi vida, es MI pasión”, declara la cántabra, y una vez que lo tienes claro parece que los esfuerzos que tengas que hacer “cuestan menos”, asegura.

Siempre ha sabido que le apasionaba el fútbol, pero hay un momento en que se da cuenta realmente de que va a apostar por el fútbol a nivel profesional, pasa de considerarlo una afición a ser “pasión pura”. Fue cuando un entrenador le dijo que podía llegar a algo en el deporte rey, pero, si quería de verdad intentarlo, tenía que plantearse lo que estaba dispuesta a hacer. “Me hizo tener las cosas claras para decir: oye, que quiero llegar a esto, pero el poder llegar conlleva una serie de sacrificios que o empiezas ya o te tienes que olvidar”, cuenta la deportista.

Parte de ese esfuerzo consiste en compaginar el deporte con los estudios, porque las aspiraciones de Naara no entienden de límites así que pretende apostar también por su otra predilección: la Medicina. Una decisión que genera cierta preocupación en su madre por miedo a que la futbolista se encierre en los libros y el balón, dejando de lado otros aspectos de la vida. La cántabra confiesa que no se trata de una inquietud infundada, no sería la primera vez que le pasa. “Me cuesta mucho salir a dar un paseo o, por ejemplo, de noche no salgo, no me gusta. Al final invierto muchas horas en combinar dos cosas muy difíciles, como para encima salir. No me da tiempo a todo”, argumenta.

La vuelta del Mundial sub-17 que acaba de ganar con la Selección Española fue uno de esos momentos en que compaginar se vuelve especialmente difícil y revela que lo ha “pasado mal” porque le ha venido “todo de golpe”. Sus días se han basado en estudiar y salir de casa solo para entrenar, “con la hora justa para no perder tiempo”. Naara reconoce que en estas situaciones “me exijo demasiado, no sé como decirlo… me acribillo yo sola y luego me supero y colapso”. En otras palabras, no se conforma con hacerlo bien si puede hacerlo mejor, prueba de ello es que de cara a la prueba de acceso a la Universidad, con la que se enfrentará este año, aún contando con la ayuda a deportistas de alto nivel, va “a ir a sacar un 14”.

Y a pesar de trabajar para lograr unos objetivos que tiene más que claros, a la hora de la verdad los logros que ha alcanzado en el mundo del deporte le parecían hasta hace no tanto inaccesibles. “No me planteaba el poder hacer las cosas que he hecho porque para mí era un sueño”, pero con la llamada del Mundial la aspiración se volvió tangible. “Me llegó estando en clase, así que imagínate, yo ahí saltando y gritando como una loca porque me iba a ir a la India a jugar”, rememora la futbolista con una sonrisa.

En conjunto, lo describe como “una experiencia brutal” en la que “conoces gente de todos los sitios porque al final en el hotel te juntas con unas, en el campo te ves con otras… inolvidable”, concluye. Salir al campo también fue una experiencia diferente: “Estaba hecha un flan. Soy de un sitio pequeñito, juego en un equipo pequeño y no estoy acostumbrada a tener tanta presión. Al final se te pasa de todo por la cabeza, pero al final no deja de ser lo que haces siempre, ¿no?”, se pregunta de manera retórica Naara.

Más allá de esas emociones, el Mundial ha sido una oportunidad para aprender de sus compañeras de equipo. La jugadora cree que la imitación de personas a las que admiras es una de las mejores maneras para mejorar y defiende que “de todo el mundo puedes aprender algo diferente, incluso aunque no piense igual que tú o choques, aprendo de todo el mundo siempre”.

El primer equipo de su categoría en conseguir dos títulos seguidos del Mundial se presenta como un buen ambiente para aplicar esta teoría. Considera que para que un equipo funcione así de bien la clave es “ser equipo, sobre todo, fuera del campo. Dentro, sí que es cierto que juega cualquiera, pero el que tengas una buena relación con todo el mundo fuera del campo te hace ser mucho mejor dentro”. Una condición que, asegura, se cumple en la Selección sub-17 en la que ha conseguido el éxito.

“Mi mayor ventaja en el campo… Yo diría que mi actitud porque al final técnicamente no soy buena. Me hago un nudo con el balón en los pies”, ríe Naara, “pero siempre me han dicho que la actitud es innegociable y mí me podrá faltar un día un regate, un caño o un gol, pero nunca me faltarán la intensidad, las ganas, saltar de cabeza y llevarme por delante lo que sea”, asevera la deportista.

La perseverancia es un rasgo clave de su personalidad, por la que está enteramente agradecida a sus padres. El hecho de que en “ciertas formas de pensar o hablar, creo que miro las cosas desde otra perspectiva” es lo que hace que la gente la defina como madura para su edad y cree que se debe principalmente a que “me han educado súper bien”. Sus progenitores son para ella un pilar esencial, por eso los menciona de forma recurrente en la conversación. “No sé que haría sin ellos, son fundamentales en mi vida tanto para el fútbol como para los estudios”.

Porque en momentos malos, como la racha del año pasado en la que apenas jugó en seis meses y se le hacía duro -para su sorpresa- incluso ir a entrenar, también se apoya en ellos. Es más, son la clave del pequeño ritual de la jugadora para afrontar los nervios previos a los partidos. “Siempre llevo esparadrapo en la muñeca y un trozo en el dedo. Ahí me pinto a mi madre y a mi padre. En el campo siempre lo miro y me recuerda el objetivo que nos hemos marcado los tres, todo lo que estamos haciendo para que pueda cumplirse y sea algo real”. Mirar eso es suficiente para asentarla y que su juego marche solo.

Y con el juego en marcha fluye todo lo demás. Naara puede enumerar todos lo problemas o desventajas que enfrenta derivadas del fútbol, sin embargo, dejarlo no es ni siquiera una opción porque una vez está en el campo merece la pena. Eso no significa que se plantee dedicarse en exclusiva a ser jugadora profesional, incluso con el auge que está sufriendo el deportE y la mejora que ha alcanzado, no es una opción. “Tengo muy claro que quiero ser médico, creo que los estudios son lo principal, aunque me duela decirlo, porque me duele”, asegura acompañando sus palabras con un movimiento afirmativo de la cabeza, “pero mi carrera, si dios quiere, durará 10 o 15 años más con mucha suerte…”.

La idea está clara: terminar de estudiar mientras esté jugando y luego dedicarse a trabajar. Mientras tanto, piensa aprovechar hasta el último momento que pueda la sensación de enfundarse las botas de tacos y correr detrás de un balón, sea dónde sea.

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