Turismo de simulacro
No hay duda de que estamos instaladas en la cultura del simulacro. Todo se mueve en planos paralelos en los que el sucedáneo es más jugoso que el original. Yogur sin yogur, salchichas sin carne, cerveza sin alcohol y piscinas para hacer surf a pocos kilómetros de las olas de verdad.
Todo empezó, quizá, con los parques temáticos. Esos lugares en los que viajar por el mundo o por el pasado sin salir de un recinto en el que moverse con una pulsera mágica que -una vez pagado el costoso importe- permite navegar sin subirse a barco alguno. Todo siguió, quizá, con las redes sociales, donde simulamos tener amigos y amigas que no abrazan, simulamos los diálogos sin conversar, simulamos los enfados en pantuflas y simulamos los activismos sin riesgos.
La vida en un simulador si eres de la clase social ‘adecuada’, si tienes el dinero para evitar la vida real, el barro, el viento, los mosquitos, los resbalones. Vivir tiene eso: es hermoso y es incómodo. Nunca entendí la gente que viajaba hasta el Caribe para luego regresar refunfuñando cargados de fotos y de quejas sobre los mosquitos, sobre la lentitud de los locales o con quejas sobre la gastronomía local. Ahora, cada vez más, se puede ir al Caribe sin ir al Caribe. Sexo simulado a través del porno cibernético, amor simulado a través de mensajes desprovistos de sudor, escalada en rocódromo para esquivar el viento y la rugosidad de las piedras de verdad.
Y ahora, la ‘genial’ idea de los que diseñan este parque temático llamado Cantabria es una piscina para hacer surf, lejos de los riesgos del mar, del olor a alga y de los picotazos de las medusas -que haberlas las hay-. Lo increíble no es que unos empresarios sin cabeza pero con ambición se les ocurra la idea y compren terrenos al lado de un cementerio. Lo alucinante es que sea el Gobierno el que presente la balsa como una nueva atracción para aquellos que vendrán a Cantabria y no pisarán la arena.
Confieso que es desconcertante la ruta que se dibuja para nuestro territorio. Entre columpios gigantes, tirolinas con curvas, faros de colorines y realidad aumentada en el Faro Santander, la vida real sólo quedará como una condena para aquellas que, penando en la clase obrera, no puedan comprar la pulserita de marras o el acceso con huella a los recintos donde el simulacro se convierte en la otra realidad, la alternativa, la aséptica, la triste, la estéril.
Sobre este blog
Primera Página es la sección de opinión de eldiario.es Cantabria. En este espacio caben las opiniones y noticias de todos los ángulos y prismas de una sociedad compleja e interesante. Opinión, bien diferenciada de la información, para conocer las claves de un presente que está en continuo cambio.
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