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Este blog es un espacio de colaboración entre elDiario.es de Castilla-La Mancha (elDiarioclm.es) y el Colegio de Ciencias Políticas y Sociología de Castilla-La Mancha para abordar diversas cuestiones sociales desde la reflexión, el entendimiento y el análisis.

El fantasma del 'más de lo mismo'

Politóloga
Una mujer sujeta una pancarta con la etiqueta de #metoo durante una marcha en Seattle en enero de 2018

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En algún punto me he sentido tan saturada sobre tantos temas que hoy por hoy rondan el mundo que no tenía muy claro sobre qué escribir sin caer en más de lo mismo y saturar aún más el mundo con más de lo mismo. Tuve opciones, escribir sobre más de lo mismo o hacer un artículo que pasara desapercibido con algún tema filosófico/reflexivo; pero me decanté por escribir más de lo mismo porque hablar de más de lo mismo me toca, me implica, hago parte de esas historias de las que se alimenta el mundo y son más de lo mismo.

Como todos y todas en este mundo, esperamos que estos temas de más de lo mismo dejen de existir porque cuando un tema se vuelve viral o “más de lo mismo” como que se naturaliza, pierde la gracia y el poder, y sigue alimentando al sistema hostil, hermético en el que vivimos.

Hoy me di la oportunidad de hablarles del tema MeToo. Este año volvió a ser relevante este más de lo mismo y en esta ocasión, como en las anteriores, generó un impacto en mí que me hace reflexionar sobre cómo a pesar de que más de lo mismo tiende a naturalizar las problemáticas, este tema sigue haciéndome sentir pinchazos en el alma. Esto sucede porque hay temas de más de lo mismo que cuando lo has vivido en carne propia, sientes esa empatía dolorosa y quisquillosa que, sí tienes la oportunidad de comentarlo ampliamente y públicamente, no dudarías en dejar pasar esta oportunidad para hablar más de lo mismo. Es más fácil, como nos ha pasado a todas las víctimas de agresiones físicas, sexuales, verbales y psicológicas, escribirlo para el público que denunciarlo en lo privado.

Aunque vine a hablarles del movimiento MeToo, también quiero reflexionar sobre cómo el fantasma más de lo mismo ha naturalizado a las víctimas y a los victimarios de ese movimiento, que es tan fuerte y potente. Empiezo por el final: el sistema grita en silencios ensordecedores frente a los abusos sistemáticos hacia las niñas, jóvenes y mujeres adultas que hemos pasado, en algún momento de nuestras vidas, por una situación de violencia históricamente sistemática. En la actualidad tenemos menos pudor para enfrentar estas situaciones en público, pero yo creo que jamás se nos había ignorado tan descaradamente; existen personas en pleno siglo XXI que preguntan cosas como ¿y por qué no lo has denunciado?, ¿y por qué sigues viviendo con él?, ¿y por qué le abriste la puerta?, ¿por qué no renunciaste?, ¿por qué no le paraste el carro?, etc. Como si fueran cuestiones en las que la sociedad, la justicia y el sistema en general, fuera a servir de red de apoyo, sosiego, justicia e intervención, etc. No todo lo obvio es tan obvio.

El fantasma más de lo mismo ha naturalizado los actores, protagonistas y hasta antagonistas de estas historias, y abiertamente es descarado el silencio ensordecedor de la sociedad, el sistema, la política, la cultura y hasta la economía, porque son situaciones que pasan por esa naturalidad de “como siempre han pasado y seguirán pasando”, pues palomitas y que comience la función.

Pienso que como sociedad nos ha costado reflexionar y aceptar que hemos criado/creado, acostumbrado/naturalizado/insensibilizado, justificado e ignorado (y que seguimos ignorando), conductas que deberían ser reprochables; esto me hace recordar las frases que ahora escucho mucho como “ay es que ya no se les puede decir nada porque todo es acoso”, y yo me vuelvo loca con esa frase, para serles honesta; y es ahí donde radica el problema ¿qué tipo de masculinidades hemos enseñado?, me parece que no supimos enseñarles a nuestros descendientes (y me incluyo hasta yo que no tengo hijos) que el respeto por el otro ser humano es simétrico y que independientemente de cómo sea físicamente, corporalmente, o personalmente y hasta psíquicamente el otro individuo, se deben respetar los límites. No es No.

Esto pareciera no ser tan difícil, pero educar masculinidades positivas, voy a denominarlo así, en un mundo en el que se mercantiliza todo y se le ha puesto valor monetario a la moral, la ética y la autoestima, pues de lo que les hablo hoy es una utopía.

¿De qué nos ha servido MeToo o hablar de más de lo mismo? Nos ha servido para crear una tendencia, ponerlo en el espectro público, sacarlo de debajo del tapete en el que nos limpiamos los zapatos antes de entrar a casa, darle visibilidad a una de las violencias sistemáticas que sufrimos las mujeres desde que existimos como especie humana (que tampoco tengo muy claro si en la edad Paleolítico ya había rasgos de masculinidades perversas, vamos a decirlo); y nos ha servido para que desde lo político y jurídico se establezcan ciertos criterios denunciables e intervencionistas, pero que situaciones como las de Epstein me llevan a pensar y sentir que todo esto es solo un saludo a la bandera de la “libertad moderna”, y que la justicia, la sociedad y la política no le ponen la cara a las víctimas, mientras se sigue perpetuando la violencia y siguen saliendo más y más victimarios. Silencio contemporáneo ensordecedor.

Aun así, movimientos como MeToo te ponen los pelos de punta porque te das cuenta que una vez y otra es más de lo mismo, que no estás sola, que no fuiste la única y que no era tu entorno el enfermo, es la humanidad, y que ahora este movimiento es una red que ha servido de apoyo a muchas mujeres víctimas del sistema patriarcal creando otro “sistema”, el de la voz, el de la búsqueda de la justicia, el del esclarecimiento de la verdad, tapada con eufemismos.

Este tipo de movimientos cuando se activan, temporalmente, es como si el fantasma más de lo mismo perdiera sus fuerzas invisibilizadoras, es como abrir los ojos y ver el horror a la cara, volvemos a tener fe en la justicia y repudiamos a los victimarios, pero esto es algo temporal, de nuevo se baja el telón, nos quedamos con esa sensación de desasosiego y mañana será un nuevo día para otras historias más.

Estos fenómenos sociales como MeToo y No Es Hora de Callar, por ejemplo, buscan desmantelar las estructuras de poder patriarcal y tienen un poder de transformación cultural y político que, a diferencia del siglo pasado, hemos avanzado considerablemente. Pero queremos más, queremos más que contra-narrativas, queremos justicia tradicional y social que realmente frene la situación, que disminuya los números, que protejan a las niñas que están naciendo, que prevenga, que aunque sea más de lo mismo no se invisibilice ni se insensibilice.

La violencia contra las mujeres es sistemático y se invisibiliza con el fantasma más de lo mismo al igual que con los movimientos y fenómenos sociales como MeToo. Cuando una situación sale a la luz y se escandaliza la sociedad, toma fuerza y volvemos a ver la cara el horror de las masculinidades perversas que hemos creado, el fantasma más de lo mismo desaparece temporalmente, pero no pasa nada, el silencio vuelve a ser ensordecedor y volvemos como sociedad al estado ermitaño. Una reciente investigación periodística realizada por CNN desmanteló una comunidad virtual de hombres que intercambian consejos para drogar y abusar sexualmente de sus parejas, CNN la denominó “Rape Academy”. Se trata de una comunidad que se comunica por medio de chat grupales en plataformas como Telegram y publican contenido pornográfico en páginas como Motherless. El objetivo de “Rape Academy” es ayudarse y animarse mutuamente a drogar y abusar sexualmente de sus esposas, mientras ellas están sedadas, y posteriormente grabar la violación y compartirla en páginas pornográficas como Motherless. La idea es darse consejos entre sí para aprender a ejercer la violencia sexual contra las mujeres, básicamente, y por este motivo la cadena CNN en su investigación denomino a esta comunidad con ese nombre.

Este fenómeno reveló un sistema organizado que acumulo 62 millones de visualizaciones y que pone en evidencia la falla y falta de control de contenido, y la dificultad que tiene la justicia para frenar estas conductas. Y esto no es algo que solo queda en internet, muchos/as recordarán el caso de Dominique Pelicot que violó y drogó a su esposa, Gisèle, durante más de 20 años, además que coordinó encuentros con otros hombres para invitarlos a violarla mientras ella permanecía en estado de sedación. En total fueron 72 agresores, más de 200 violaciones, e hicieron más de 20.000 archivos audiovisuales del delito.

Mortherless es un sitio web que contiene más de 20.000 vídeos de la llamada “pornografía del sueño”, en la cual se muestran a mujeres inconscientes siendo abusadas. Tan solo en febrero de este año la plataforma registró alrededor de 62 millones de visitas; eso sí que nos debería, NO solo, poner los pelos de punta, sino hacer reflexiones y abrir muy bien los ojos sobre qué masculinidades estamos construyendo y hemos construido.

La respuesta legítima de algunos seres humanos ante esta situación es que el anonimato, la tecnología y la falta de regularización permite la expansión de estas redes. Vivimos ante un ecosistema digital donde la violencia sexual contra las mujeres se perpetúa, se enseña, se comparte, se monetiza a escala global y pareciera que nada se puede hacer.

Podemos hacer una lista interminable de grupos y comunidades de esta índole que se han desmantelado, por ejemplo: en Portugal se desmanteló un grupo por Telegram con más de 66.000 miembros que compartían violaciones, en Alemania otro de 73.000 en el que se compartían imágenes íntimas de mujeres, parejas e incluso hijas, en Italia el grupo 'Mia Moglie' tenía más de 32.000 hombres que compartían fotos íntimas de sus esposas y las vendían como mercancía; el grupo “ZZZ” en Telegram y donde participaban más de 1.000 hombres de España, Polonia, África Occidental, compartían información sobre cómo evitar que quedaran rasgos de drogas sedantes en el cuerpo de sus esposas/parejas íntimas y hasta vendían este tipo de drogas, informaban sobre las cantidades de la dosis a administrar, y se comercializaban y hacían streaming de las violaciones, llegándose a cobrar hasta 20 dólares por “entrada” online.

Entonces sí, no son todos los hombres pero algo estamos haciendo muy mal porque tampoco son pocos los hermanos, primos, padres, novios, esposos, amigos, conocidos, que acceden a esta información, que tienen esos comportamientos y que la construcción de su masculinidad está muy, muy, muy pervertida y malévola. Crear comunidades para aprender y compartir las agresiones físico-sexuales hacia las mujeres, es algo que como sociedad y desde el ámbito cultural debería hacernos cuestionar, cuánto daño le ha hecho el sistema patriarcal a las mujeres, que sigue sin proteger y que ahora desde lo político lo ideologiza hasta el punto de escuchar comentarios como: “no es para tanto, como exageran esas mujeres, ahora no se les puede ni mirar” etc, etc, etc…

Podría seguir haciendo reflexiones pero me está visitando el fantasma más de lo mismo y no me puedo extender más. Solo concluyo diciendo que el mundo tecnológico y globalizado nos ha estallado en la cara un horror humano, horror con el que cada día miles y miles de mujeres convivimos y sufrimos de ese abanico de violencia sistémica, física, psicológica, sexual, etc, y el sistema lo perpetúa, lo acobija y lo invisibiliza. Así como hay fenómenos sociales que redefine estructuras sistémicas, como lo vimos en este artículo, también se están fortaleciéndose comunidades Manosferas en las que se promueve todo tipo de violencias hacia las mujeres.

Yo no sé si hablar más de lo mismo nos acostumbra a que se nos pongan los pelos de punta y mañana será otro día, pero en lo personal creo, y tengo esperanzas, que estos movimientos y fenómenos sociales que redefinen y transforman las estructuras preestablecidas, nos llevarán a una justicia restaurativa y a establecer mecanismos de cuidado para las niñas y las jóvenes que vengan en camino; al igual esperaría, que nosotras las mujeres adultas no recreemos más esos modelos de masculinidades perversas y comencemos a deconstruir lo construido y a construir modelos masculinos más amigables con las demás.

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