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El poeta Ángel Guinda en el Voix Vives de Toledo

Ángel Guinda, poeta zaragozano

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Durante el primer fin de semana de este mes de septiembre ha tenido lugar en Toledo una nueva edición del ya veterano festival de poesía Voix Vives. En esta ocasión, este nutrido encuentro poético ha sido dedicado al poeta Ángel Guinda, fallecido en Madrid a final de enero de este año cuando contaba 73 años. Guinda, en dicho festival mediterráneo, celebrado en Sète, en Génova, en Ramalah, en Toledo, ya había participado varias veces, tanto en su sede francesa como en su sede española, aquí en Toledo. Tras su óbito, el bardo ha recibido homenajes en varios puntos de la geografía hispana, arrancando en Zaragoza (su ciudad natal), donde se presentó su antología de poemas de amor ‘El arrojo de vivir’, publicada, en su fiel editorial Olifante, sólo días después de su muerte, habiéndose previsto que él mismo interviniese en ese acto, teniéndolo, sin más remedio, que hacer su viuda, Raquel Arroyo. Homenajes que continuaron en León, Soria, Palos de Moguer, entre otros sitios; una serie que va a culminar, a finales de noviembre, en el Ateneo de Madrid, donde intervendrán los más sonados poetas españoles.

Este año, en el cartel del festival Voix Vives aparecía la figura de Ángel Guinda en postura jovial. Muchos escaparates de tiendas toledanas exhibían sus versos durante las jornadas en que se desarrollaban los eventos, en diversos rincones de la ciudad levítica. El homenaje que se hizo a Ángel Guinda se alzó en un estrado instalado en la vistosa plaza que acoge a los contundentes edificios de la gótica catedral, el herreriano ayuntamiento y el robusto, de estilo versátil, palacio arzobispal.

Varios amigos (la directora del festival Alicia Martínez, la editora de Olifante, y primera esposa del poeta, Trinidad Ruiz Marcellán, su muy íntimo amigo Agustín Porras, entre algunos otros) intervinimos en el cariñoso tributo, leyendo sus poemas, los nuestros dedicados a él y refiriendo sucintamente entrañables anécdotas emanadas del temperamento tan simpático de Ángel. Al final, pudimos oír, emocionados, su propia voz declamando un curioso texto suyo conformado en una perspicaz auto-entrevista.

Yo participé también en homenaje, colmado de participantes, 'Ángel Guinda: el arrojo de vivir', que tuvo lugar en el Paraninfo de la facultad de Filología Hispánica de la Universidad Complutense de Madrid el 20 de abril de 2022 organizado por el Grupo de Investigación UCM Prácticas de la Modernidad y la Editorial Olifante. Tuvo verdadera importancia este evento al acoger la literatura de Ángel Guinda dentro del riguroso ámbito académico. La reunión estuvo conducida por una figura prestigiosa: el poeta iraquí Abdul Hadi Sadoun, traductor de poesía española al árabe y a su vez profesor de esa Universidad Complutense donde se desarrolló el sentido y rico homenaje a Ángel Guinda.

Este último 10 de septiembre se enterraron las cenizas de Ángel Guinda; para ser más exactos, la mitad de sus cenizas. Su viuda es de Valladolid. En los últimos momentos de la vida de Angelito, el matrimonio llegó a un acuerdo por el cual el 50 por ciento de los restos irían a parar a Valladolid y el otro 50 por ciento al cementerio de Trasmoz, un pueblecito situado frente al imponente monte Moncayo. Lo que era un vivo deseo de Guinda. Cuando muera Raquel se hará lo mismo, y así disfrutarán ambos de estar juntos para siempre en dos sitios a la vez. La inhumación primera ha sido en ese asombroso paraje aragonés. Ante una pequeña mas consistente multitud, a mediodía se procedió a guardar las cenizas del poeta en una sepultura cuyo monumento es un sobrio y magnífico diseño del escultor zaragozano Ricardo Calero, consistente en el alto simbolismo de dos casitas contiguas que conducen, a través de un sintético verso, a la salvífica visión permanente del Moncayo, junto a un ciprés griego que encarna la inmortalidad. Enrique Reyes interpretó al violín el ‘Canon’ de Pachelbel, que era una petición en la que había insistido Guinda en vida.  

Ya el exterior del cementerio de Trasmoz luce una placa con una foto de Ángel Guinda, autoría de Julio Álvarez Soto (aunque la retratista, digamos “oficial”, del poeta es la fotógrafa de Daroca Columna Villarroya), y esta estrofa alusiva: “Cuando anochezca en mí / como un día cualquiera, / acércame a Trasmoz / para ver el Moncayo / bajo el bosque de estrellas”.

En la fachada principal de la Casa del Poeta, asimismo situada en Trasmoz, y actualmente dirigida por sus propietarios Mariano Castro y María José Sáenz, hay otra placa que recuerda a Ángel Guinda como primer residente de esta casa altruista. De forma que las dos referencias que remarcan Trasmoz, célebre por sus leyendas sobre brujas, son Gustavo Adolfo Bécquer, que recreó algunas de estas leyendas, y Ángel Guinda, siempre enamoradísimo del poderoso ámbito presidido por el Moncayo.

Después de un almuerzo en un restaurante de Trasmoz, ya con bastantes comensales, y una agradable sobremesa, en la iglesia del cercano Monasterio de Veruela, donde estuvieron residiendo los hermanos Bécquer y en el que el poeta de las ‘Rimas’ redactó para el periódico las ‘Cartas desde mi celda’, se celebró un copioso homenaje a la memoria de Ángel Guinda, organizado impecablemente por Trinidad Ruiz Marcellán, hacedora ejemplar del desarrollo del selecto duelo. Intervinimos un numeroso grupo de amigos poetas, recitando los más emblemáticos poemas de Guinda, además de músicos, humoristas, juglares, como Antonio Casas, Ángel Petisme, La Marca de Ifigenia, El Galgo, Luis Felipe Alegre, pasándose también vídeos en torno al poeta de Ricardo Calero y David Francisco. Se abrió el acto nada menos que con el ‘Himno de Riego’ a la gaita y se cerró con las cabales y emotivas palabras de su viuda Raquel Arroyo. En el paseo de los Plátanos del Monasterio de Veruela se consumió la postrera tertulia degustando el buen tinto de las bodegas de Manuel Baigorri y se bailó el animado ‘Sirtaki’ de Mikis Theodorakis en 'Zorba el Griego'.

Ya en la noche, aunque seguro que el amado Angelito está en el Cielo, se quiso consolidar su posición celestial, reafirmando su eterna gloria, en el bar de Litago, población ubicada al inicio de la mismísima falda del Moncayo. Un encuentro pletórico bajo el tono efusivo del recuerdo al admirado gran poeta Ángel Guinda, tan estimada su poesía y tan querida su persona por todos. Placer de las personas conviviendo alegremente en la celebración de la memoria del buen amigo. Inmensa gratitud debo a los concurrentes: Enrique Alda, Columna Villarroya, Armando Llamazares, las divertidas hermanas Irene y Reyes Guillén, Íñigo Linaje, Trinidad, el fraternal Agustín Porras, Lila Chaves, Rosario Quevedo, Marga Barrera… Con ellos, y con tantísimos otros, hemos vivido el más sentido gozo entonando al unísono: ¡Viva Ángel Guinda!  

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