Por qué la ultraderecha te quiere enfadado pero no despierto
Mira, vamos a ser claros desde el primer párrafo. Tienes motivos de sobra para estar hasta las narices. El mundo que te estamos dejando no es precisamente un jardín: alquileres que parecen una broma de mal gusto, trabajos que piden experiencia de veterano y pagan como a becarios, y un planeta que parece estar en cuenta atrás.
En medio de ese incendio, aparece alguien en tu móvil. Alguien que no lleva corbata, que grita, que dice que “viene a decir las verdades que nadie se atreve” y que señala con el dedo: es culpa de ellos. De los inmigrantes. De las feministas. De los ecologistas. De una agenda secreta.
Es un mensaje potente porque te da algo que todos necesitamos cuando sufrimos: un culpable y una identidad. Pero antes de que le des a 'compartir', déjame que te cuente cómo funciona el truco de magia desde dentro.
La ultraderecha no hace política, hace marketing emocional. Saben que un dato sobre el PIB es aburrido y no se comparte, pero un vídeo de una pelea en un barrio con un título que diga: 'disfruten lo votado' se hace viral en minutos.
No quieren que pienses, quieren que sientas desde 'las tripas'. Específicamente, quieren que sientas rabia. ¿Por qué? Porque la rabia es la emoción que más rápido apaga la corteza prefrontal de tu cerebro (la parte que analiza la lógica). Cuando estás furioso, eres el cliente perfecto.
Para ganarte, te lanzan eslóganes que parecen balas, pero son de fogueo:
“Ellos reciben más ayudas que tú”: es el clásico. Te hacen pelear por las migajas para que no preguntes por qué quien maneja detrás se está llevando todo el beneficio.
El problema no es la familia que recibe una ayuda básica para no morir de hambre; el problema es que la riqueza no se reparte y los servicios públicos se están desmantelando para que unos pocos hagan negocio.
Te dicen que ya no puedes decir nada. Lo que en realidad te están pidiendo es permiso para insultar sin que nadie les responda. Te venden que ser un 'maleducado' es ser un 'libre pensador'; y no lo es. Es sólo una forma de destruir la empatía para que dejes de ver a los demás como seres humanos.
Te repiten hasta la saciedad que la “Agenda 2030 quiere que seas pobre”: te pintan el futuro verde como un plan para quitarte el coche y la carne. Pero piénsalo: ¿quién prefiere que sigas dependiendo de la gasolina cara y la comida procesada? Exacto, los que venden gasolina y comida procesada. Te usan a ti para defender sus beneficios mientras tú te crees un guerrero de la libertad.
No seas el 'borrego' de los que dicen que todos son borregos.
La mayor ironía de todo esto es que te venden 'rebeldía' cuando, en realidad, te están pidiendo obediencia ciega a sus eslóganes. Te dicen que los medios tradicionales mienten (y a veces lo hacen), para que luego te creas cualquier captura de pantalla de Telegram sin ninguna fuente.
Ser joven siempre ha significado querer cambiar las cosas. Pero cambiar las cosas requiere inteligencia, organización y, sobre todo, no dejarse engañar por los que quieren que todo siga igual pero con otro collar.
Al final del día, tienes dos opciones. Puedes elegir el camino fácil: comprar el discurso del odio, señalar al que tienes al lado, subir el volumen de la rabia y sentirte parte de una 'resistencia' que solo ocurre en tu pantalla mientras los de arriba se siguen frotando las manos.
O puedes elegir la verdadera rebeldía.
La rebeldía hoy no es gritarle a un inmigrante ni burlarte de una ley de igualdad. La verdadera rebeldía es mantener la calma cuando todos quieren que grites. La verdadera rebeldía es leer el dato completo cuando te lanzan un titular sesgado. La verdadera rebeldía es tener la empatía suficiente para entender que el que sufre no es tu enemigo, sino tu compañero de trinchera.
No seas el cliente de su fábrica de odio. Sé el tipo de persona que no pueden controlar porque su cerebro no está en venta. Algunos políticos te quieren enfadado y solo; la solución es estar informado y juntos.
La próxima vez que veas un vídeo que te pida odiar, apaga la pantalla, sal a la calle y mira a la cara a la gente real. Ahí es donde empieza la verdadera revolución.