Esta formación arenosa es una de las joyas del paisaje marítimo de esta provincia y crece 30 metros cada año
Situada en la desembocadura del río Piedras, entre los municipios onubenses de Lepe y Cartaya, la Flecha de El Rompido constituye uno de los tesoros naturales más fascinantes de toda la costa andaluza. Esta estrecha lengua de arena se extiende a lo largo de unos doce kilómetros, discurriendo de forma paralela al litoral onubense y separando con elegancia las aguas fluviales de la inmensidad del océano Atlántico. Desde sus orígenes en el siglo XVIII, este paraje ha sido testigo de una evolución constante, transformándose en una barrera protectora que define la identidad de esta zona costera de Andalucía. Su denominación como “la otra banda” por los lugareños refleja la conexión emocional que existe con este espacio virgen, donde el horizonte se pierde entre dunas y marismas.
La horizontalidad del terreno y el predominio de tonalidades suaves crean un escenario de inigualable belleza que cautiva a quien lo visita por primera vez. Este enclave no es solo un destino turístico, sino un monumento geológico vivo que respira al ritmo de las mareas atlánticas. Y es que lo que hace verdaderamente excepcional a este enclave es su asombroso dinamismo geológico, siendo el único lugar de España que experimenta un crecimiento territorial tan acelerado cada año. Gracias a la sedimentación continua de materiales transportados por el río Piedras y a la acción combinada de las mareas y el viento, la Flecha de El Rompido avanza mar adentro de forma imparable. Se estima que su longitud se incrementa a un ritmo aproximado de entre treinta y cuarenta metros anuales, un fenómeno que atrae la curiosidad de científicos y visitantes de todo el mundo hasta este rincón de la provincia de Huelva.
Sin embargo, este avance natural no está exento de consecuencias para el entorno cercano, ya que su expansión provoca una erosión progresiva en la vecina playa de El Portil. A pesar de los retos ambientales, este crecimiento permite que el paraje cambie y se renueve constantemente, ofreciendo una estampa diferente en cada visita que se realiza a la zona. Este curioso ecosistema forma parte integral del Paraje Natural Marismas del Río Piedras y Flecha de El Rompido, un área protegida de incalculable valor ecológico para Huelva. En este laberinto de estuarios y humedales, las aguas ricas en nutrientes se convierten en el cuartel de invierno y parada obligatoria para numerosas especies de aves migratorias. El cielo se llena de vida con la presencia de elegantes cigüeñas, espátulas, cormoranes y ruidosas gaviotas que encuentran aquí un hábitat seguro para su alimentación. También es posible avistar al llamativo pato colorado o al ostrero, cuyo plumaje blanco y negro destaca sobre las arenas blancas que componen el paisaje de las marismas.
La diversidad biológica del paraje se extiende más allá de la avifauna, albergando una flora adaptada a las duras condiciones de salinidad y viento que imperan en la zona costera. Entre las dunas móviles y los extensos bosques de pino piñonero, se esconden tesoros vegetales como la azucena de mar, el cardo marítimo, el junquillo y la peculiar oruga de mar. No obstante, uno de los habitantes más emblemáticos y singulares de este entorno es el camaleón, que encuentra refugio entre el barrón y las retamas. Este reptil simboliza la fragilidad y el valor de un ecosistema que ha sabido conservar su estado virgen frente al desarrollo urbanístico de otras regiones. La protección de estas especies vegetales es crucial para fijar las dunas y evitar que la arena se desplace sin control por la acción del viento oceánico.
El acceso a este paraíso terrenal requiere de una pequeña travesía, ya que el aislamiento de la Flecha de El Rompido es una de las claves principales para el mantenimiento de su carácter salvaje. Los visitantes deben cruzar las aguas del río Piedras a bordo de transbordadores o ferrys que operan principalmente desde los puertos de El Rompido y Nuevo Portil. Durante los meses que van de abril a octubre, el trasiego de barcos es constante, ofreciendo a los viajeros un agradable paseo fluvial antes de desembarcar en el paraje. Una vez en tierra firme, una serie de pasarelas de madera serpentean entre las dunas para guiar a los bañistas hacia la orilla atlántica de la playa. Este trayecto permite disfrutar de la vegetación autóctona y de las vistas panorámicas del estuario antes de llegar a la inmensidad de la arena dorada.
Al llegar a la orilla exterior, se descubre la playa de Nueva Umbría, un arenal inmenso donde la sensación de libertad es absoluta para todo el que la pisa. Sus aguas son sorprendentemente tranquilas y cristalinas, lo que le ha valido en diversas ocasiones el reconocimiento de la Bandera Azul por su alta calidad ambiental. Además, Nueva Umbría ostenta el título de ser la primera playa oficialmente nudista de la provincia de Huelva, una práctica consolidada legalmente desde el año 2001. Al carecer de grandes infraestructuras o servicios comerciales masivos, los bañistas suelen disfrutar de rincones de soledad donde el único sonido es el suave susurro de las olas. Es un entorno ideal para quienes buscan desconectar del bullicio urbano y sumergirse en una experiencia de naturaleza pura sin las aglomeraciones típicas del verano.
Cultura y gastronomía
A pesar de su actual aspecto deshabitado, la Flecha de El Rompido guarda vestigios de un pasado industrial y humano vinculado estrechamente al aprovechamiento de los antiguos recursos marinos. Hasta la década de los sesenta, este territorio albergó la Almadraba de Nueva Umbría, un pequeño poblado donde residían los pescadores dedicados a la captura tradicional del atún. Tras el declive de esta actividad pesquera, el asentamiento fue abandonado, provocando el traslado de sus habitantes hacia núcleos cercanos como Lepe, Cartaya o Isla Cristina. Hoy en día, las ruinas de estos edificios se mantienen en pie y pueden visitarse para aprender sobre las artes de pesca históricas de la región. Este patrimonio cultural añade una capa de profundidad histórica a la visita, recordando que el hombre y el mar han convivido aquí durante siglos.
El auge turístico de la zona ha transformado el antiguo pueblo pesquero de El Rompido en un centro de referencia que ha sabido equilibrar la modernidad con su esencia tradicional. Sus calles aún conservan el encanto de antaño, aunque ahora conviven con infraestructuras hoteleras de alto nivel y campos de golf que atraen a deportistas internacionales. La oferta de ocio es amplia y variada, permitiendo desde la práctica de kitesurf y paddle surf hasta excursiones de pesca deportiva o rutas de observación de aves. Además, la Plaza de las Sirenas se ha convertido en el epicentro gastronómico donde degustar los mejores manjares del mar que ofrecen los restaurantes locales. Esta combinación de deporte, naturaleza y buena mesa convierte a la región en un destino de vacaciones completo para todo tipo de viajeros, un espacio de contrastes donde conviven el silencio de las marismas con el dinamismo de los deportes acuáticos y el legado de los antiguos almadraberos.
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