Concha Criado, la primera médica rural de España que hizo historia desde Albacete
Hace un siglo, una epidemia de gripe asolaba la localidad de Carcelén, amenazando la vida de una población que rozaba en su censo los 1.600 habitantes. Con el médico titular enfermo y el desconcierto llamando a la puerta, el destino de esta localidad de la Manchuela albaceteña cambió para siempre con la llegada de una mujer, la doctora Concha Criado, considerada la primera médica rural de España.
Para que Concepción Criado Máñez –nacida el 22 de enero de 1897 en Villanueva del Grao, en Valencia, e hija de los comerciantes de vino Indalecio y Concepción– escribiera a partir de 1926 esta importante página de la historia de la medicina española, se dieron una serie de circunstancias. La más important fue que la gripe se desbocara y que el médico titular cayera enfermo; pero también que su hermana, María del Olvido, ya ejerciera de maestra en Carcelén, y que Concha acudiera una temporada para hacerle compañía.
Debió ser su don de gentes o su exquisita educación –fue una destacada alumna, tanto cuando cursó Magisterio en la Escuela Normal de Valencia como cuando obtuvo la licenciatura de Medicina en la capital levantina, a los 26 años, con 21 sobresalientes y, de ellos, siete matrículas de honor–, pero el alcalde de Carcelén en aquellos tiempos, Esteban Sarría Gómez, decidió contar con la joven y prometedora doctora, quien además era oftalmóloga, especialidad que logró tras trasladarse a Madrid –donde pasó por la 'Residencia de Señoritas'– y a Burdeos.
Con sus títulos bajo el brazo, la doctora, armada de valor, vocación y paciencia, se presentó en Carcelén. “Vine, conseguí dominar la enfermedad y quedaron tan contentos que las autoridades, los vecinos, hasta el médico, que era un muchacho joven que quería irse, todo el mundo me pidió que aceptase la plaza titular. Y acepté”.
Así lo confesó en una entrevista que le dedicó Estampa, la revista gráfica dirigida por Luis Montiel en su edición de 26 de marzo de 1929, cuando Concha Criado ya llevaba tres años en el pueblo y era considerada una vecina más, una autoridad junto con el alcalde, el cura, el maestro y los representantes del orden.
No lo tuvo fácil porque “no todo el camino ha sido llano”
No lo tuvo fácil. Una mujer, en un pequeño pueblo, ejerciendo de médica. “No todo el camino ha sido llano. He tenido mis disgustillos, mis tropiezos. Me ha ocurrido, por ejemplo, que un compañero viejo y malhumorado se negara a celebrar consulta conmigo, o cosas que, si a mano viene, ni siquiera tienen bulto. Pero toparse con algún que otro antifeminista es lo de menos que le puede pasar a una. Ya se cuenta con eso cuando se pone uno a trabajar”, confesaba. Y es que, en una ocasión, tuvo que tirar de un colega, el médico de Pozo Lorente, José Albalat García, para la revisión de los quintos, los jóvenes que, al cumplir la mayoría de edad, pasaban a estar disponibles para hacer el servicio militar obligatorio.
Pero esas incomprensiones se vieron compensadas con otras muchas satisfacciones, como cuando el Ayuntamiento aceptó sus propuestas para arreglar las conducciones de agua potable, que eran muy defectuosas y antiguas, o para reformar la escuela, que carecía de ventilación y de luz adecuada. Ambas peticiones fueron llevadas a cabo, con lo que se estaban aplicando medidas preventivas para mejorar la calidad de vida, y con ello, la salud, de sus vecinos y vecinas.
La galena salía a la calle cargada con su maletín, que muchos confundían con un simple bolso. Visitaba a sus pacientes casa por casa para recetarles la pastilla de rigor o para auscultarles, y hasta para atender de correprisas un parto. Y era muy respetada y admirada por los carceleneros y carceleneras, en especial, por la chiquillería.
Además, no ponía inconveniente a la hora de subirse a lomos de una mula para visitar a un enfermo a una hora de camino. Así era Concha Criado, quien no descuidaba su especialidad, la de oftalmóloga, hasta tal punto que puso en marcha en el pueblo una clínica, un “gabinete dotado de aparatos científicos, los más modernos” y hasta de una “sala de operaciones”, rezaba la publicidad aparecida en la prensa local. De hecho, según ha recogido Rafael Romero Doñate, director de la revista Valencia Médica, se especializó en las operaciones de cataratas, lo cual se le agradeció sobremanera entre la ancianidad del pueblo y más allá.
Pionera también al volante
La mula en la que atendía alguna que otra urgencia dio paso con el tiempo a un automóvil, en concreto, un Renault Torpedo, puesto que también estuvo entre las pioneras a la hora de ponerse al volante. Según los documentos de la Jefatura de Obras Públicas de Albacete, ya tenía carné de conducir, el número 1845, en 1927.
Apenas ocho meses después de que Estampa la hiciera popular en toda España, Concha Criado abandonó Carcelén. Así lo publicó La Correspondencia de Valencia el 29 de octubre de 1929, cuando fue nombrada médica titular de Chirivella, “el primer caso en que recae un nombramiento de esta índole en persona del sexo femenino”, informó el periódico levantino.
Se da la circunstancia de que, con el tiempo, aquel médico que le echó una mano ante los reparos de los mozalbetes del pueblo para pasar la revisión previa a la mili, el doctor Albalat, terminó siendo su esposo. Cuando ya era titular de su plaza se casó en Buñol y tuvo dos hijas, una de ellas también médica, Concha Albalat Criado, especialista en medicina del trabajo y que fue directora de la Fundación Valenciana de estudios avanzados y promotora de los premios Rei Jaume I.
Pero el legado que dejó la doctora Criado en Carcelén y en toda la provincia fue mucho, tanto como su popularidad. Sus idas y venidas a Albacete, Madrid y otras ciudades eran contadas por los periódicos manchegos, así como su presencia en actos sociales y hasta en el entierro de Juan García Más, figura política y periodística clave en la provincia durante el primer cuarto del siglo XX.
Según ha narrado Rafael Romero Doñate, durante los oscuros años de la Guerra Civil la familia resistió en el municipio de Xirivella. Fue en ese complicado escenario donde se intentó trasladar a las hijas del matrimonio a Rusia, un destino habitual en la época para los conocidos niños de la guerra enviados al exilio. Aquel plan, no obstante, se frustró debido a la oposición de doña Concha, quien impidió que se llevaran a las niñas, protegiendo así el núcleo familiar en medio del conflicto provocado por el golpe de Estado franquista.
Tras el final de la Guerra Civil, el matrimonio se trasladó a Valencia. Allí, la doctora abrió su consulta de Oftalmología, donde ejerció de forma incansable hasta su jubilación. Pero, además, durante décadas, compaginó con maestría su propia práctica médica con la ayudantía quirúrgica de su esposo, quien fuera cirujano digestivo del Hospital General de Valencia y profesor de la Facultad de Medicina.
De aquella pionera a la medicina rural del siglo XXI
La doctora Criado falleció en Valencia en 1990, a los 93 años, aunque fue enterrada en Buñol. Hoy en día, un mural la recuerda en Carcelén, donde otra mujer, Pilar Hernández Cano, ejerce como médica rural. Licenciada por la Universidad Autónoma de Madrid (UAM), inició la residencia en Palma. Después colaboró con Médicos del Mundo en Bosnia para pasar a ejercer en Atención Primaria y en Urgencias Hospitalarias en Mallorca; posteriormente trabajó en el Centro de Salud Zona 4 de Albacete hasta que consiguió su plaza fija en Carcelén en mayo de 2009.
“Llegué por primera vez a Carcelén tras haber aprobado la oposición. Estuve allí hasta febrero de 2012. En ese momento decidí trabajar temporalmente en Albacete en un puesto de coordinación de la Gerencia de Atención Primaria hasta 2014, entonces, hasta 2018, regresé de nuevo a la atención médica en el Centro de Salud Zona 1 de Albacete”, explica quien ahora cumple ocho años en el consultorio de Carcelén, y hasta donde se traslada a diario desde Albacete de lunes a viernes.
Fue una iniciativa del Ayuntamiento de Carcelén, presidido entonces por María Dolores Gómez Piqueras, la que le permitió conocer la figura y la historia de doña Concha. “Hace unos años, en 2020, se decidió encargar un grafiti a Juanga Jerez, una imagen de gran tamaño de la doctora Criado en la parte posterior del consultorio antiguo del médico. Me pareció un detalle muy enriquecedor y una forma de indagar en la historia de esta figura femenina como una de las personas importantes que pasaron por aquí y que ayudaron a mejorar la situación de salud pública e individual de la población”, señala.
No obstante, más allá de ese mural, todavía hay vecinos y vecinas mayores que tienen un recuerdo, aunque leve, de una doctora “muy buena” de la que les hablaban sus padres, e incluso, “también la madre de una paciente me contó que su madre le hablaba de ella como una médica excepcional y muy buena persona que, además, la atendió en su parto”.
Reconoce las dificultades a las que se tuvo que enfrentar su homóloga. “Es una de las reflexiones más alucinantes que rondan por mi cabeza cuando pienso en ella y cómo tuvo que ser su ambiente de trabajo teniendo en cuenta los pocos recursos técnicos y humanos que había entonces”, afirma, mientras que reconoce que se la imagina caminando por las calles embarradas del pueblo en invierno, “dirigiéndose a los domicilios de los pacientes con dificultades para moverse, incluso en lugares inhóspitos fuera del pueblo, en burro a veces o en coche otras veces, con los escasos o nulos medios técnicos y farmacológicos que existían, aun no se había descubierto la penicilina, con los pocos avances existentes en materia de salud pública”.
Entonces no se trabajaba con enfermería. “La figura del practicante era un elemento independiente y eso debió ser otra dificultad añadida a las que tenemos ahora. Ahora trabajamos junto con enfermería y eso nos da un apoyo muy interesante en nuestro día a día”. Tampoco aquellos desplazamientos a lomos de una mula tienen que ver con los actuales, puesto que hoy incluso participa en traslados medicalizados en helicóptero cuando la situación lo requiere.
Estos detalles y toda la épica que rodea la carrera de la doctora Criado llevan a Pilar Hernández Cano a profesarle una gran admiración, “por su gran valentía, inteligencia y bondad, además de que al principio no debió ser muy bien recibida por el hecho de ser mujer por las connotaciones machistas de la época. Tuvo que ser muy duro, pero a la vez muy gratificante como persona y como mujer, hizo una gran labor en aquella época de epidemias de gripe y tifus”.
Al principio no debió ser muy bien recibida por el hecho de ser mujer por las connotaciones machistas de la época. Tuvo que ser muy duro, pero a la vez muy gratificante como persona y como mujer, hizo una gran labor en aquella época de epidemias de gripe y tifus
A este respecto, señala que una mujer ejerciera hace un siglo la medicina rural se lo imagina como una “historia real de ciencia ficción”.
Por un lado, asevera, desde el punto de vista del personaje de la mujer médica “con la valentía y la decisión que debía tener una mujer como ella, orgullosa, abriendo camino a las generaciones posteriores. Satisfecha de su vocación y su trabajo entregado a las gentes del lugar, pero también me la imagino con momentos de soledad y aislamiento al ser una minoría extrema sin redes de apoyo laboral donde refugiarse, me pregunto cómo gestionaría sus incertidumbres y sus errores cuando sabía que algún fallo sería usado como elemento de juicio contra ella por ser mujer. Incluso algunas mujeres debían dudar de su profesionalidad debido a que el machismo debía estar demasiado interiorizado en ellas, asociando la autoridad científica exclusivamente al género masculino”.
Ahora, los prejuicios hacia las mujeres como médicas en el medio rural “en general no los hay; de vez en cuando de forma puntual se ve algún paciente que no consulta por determinados temas más íntimos, pero cada vez se va normalizando más el hecho de que la mujer sea la médico”.
Si la gripe llevó a la doctora Criado a Carcelén, esa rutina clínica nada tiene que ver con la asistencia que se presenta en el consultorio médico en la actualidad. “Mi trabajo no es ni monótono ni aburrido; las patologías son múltiples y variadas en adultos, niños y ancianos. Pueden ser agudas o crónicas; aunque lo más habitual son enfermedades cardiovasculares y factores de riesgo cardiovascular, como hipertensión, diabetes, dislipemias, obesidad, o tabaquismo”, a lo que hay que sumar otros muchos trastornos psiquiátricos, cardiovasculares, respiratorios, neurológicos, digestivos, urinarios, hematológicos, infecciosos, osteomusculares, oftalmológicos, dermatológicos o alérgicos.
Esta diversidad de casos se complementa con programas de prevención y la gestión de tareas administrativas esenciales para el cuidado continuo. “Es una labor poco monótona y muy variada. Es lo que más me gusta de esta especialidad y sobre todo la relación que se establece con el paciente de respeto y confianza mutuas”, explica con contundencia la doctora Hernández Cano.
La percepción “errónea” del médico (o la médica) rural
Y es que el papel de médica rural es muy amplio. “Me consta que algunas personas tienen una percepción errónea sobre lo que realmente implica la labor médica en un entorno rural. ¡Muchos creen que solo hacemos recetas!”, añade, que va más allá y especifica, como defensora a ultranza de su labor, que se trata de una práctica integral que requiere habilidades clínicas profundas, capacidad de resolución inmediata y un conocimiento amplio del paciente en su contexto biopsicosocial.
“Somos quienes atendemos desde un resfriado hasta emergencias graves; quienes acompañamos en momentos clave de la vida, como el nacimiento o el final de la misma. En muchos casos, somos la primera y única línea de atención disponible, lo que nos obliga a tomar decisiones rápidas, muchas veces sin medios humanos ni técnicos y gestionando de forma prudente la incertidumbre”, reivindica.
Además, en el ámbito rural se construye una relación humana única con los pacientes y sus familias. “Conocemos no solo su historia clínica, sino también su entorno, sus preocupaciones, y las dinámicas que influyen en su salud. Esto nos permite ejercer una medicina más cercana, preventiva y humanista, que no siempre es posible en otros escenarios”, espeta, y concluye a este respecto afirmando: “Ser médica de familia en un entorno rural no es solo una profesión, es una vocación que exige dedicación, conocimientos sólidos y una entrega constante. Nuestra labor no se reduce a simples trámites; es el pilar fundamental que sostiene la salud de las comunidades más vulnerables. Y, aunque a veces no sea plenamente reconocido, quienes ejercemos esta labor sabemos con prudencia y humildad que nuestro trabajo cuenta en la vida de estas personas, con ello nos basta”.
Por otro lado, reconoce que, aunque la despoblación rural es un proceso social multifactorial, la presencia de profesionales de la medicina y la enfermería es muy importante para la tranquilidad de la sociedad, “pero junto con otros recursos, como colegios, potenciar el transporte público, mejorar las líneas de Internet para facilitar el teletrabajo, mantener las farmacias…”.
Afirma que, junto con la vocación, un profesional de la medicina sea en el medio rural o en el medio urbano, es una cualidad imprescindible, “pero también añadiría un requisito humano importante para nuestra profesión, la humildad, que más allá de una virtud, la considero una necesidad ética”.
El 'cuartel' para coordinar la medicina rural y la dificultad para cubrir plazas
Todos estos argumentos son los que maneja otra defensora a ultranza de la medicina rural, María Cruz Muñoz Sánchez, coordinadora de Equipo de Atención Primaria del Servicio de Salud de Castilla–La Mancha (Sescam) en Albacete, responsabilizándose de los equipos rurales y, además, médica titular de Robledo y Los Chospes, puesto que no ocupa en la actualidad.
En su despacho, en el centro de salud del barrio de Medicina, en la capital, y tras su mesa, una pizarra de color blanco muestra a golpe de vista un sinfín de nombres y pueblos escritos en colores azul y rojo. Ese es el 'cuartel' desde el que coordina la medicina rural de toda la provincia y más allá.
Y es que el servicio funciona por zonas básicas de salud, un total de 14, desde Alcaraz a Alcadozo, pasando por Bogarra, Casas de Juan Núñez, Chinchilla, La Roda, Madrigueras, Tarazona de la Mancha y Villamalea, en la provincia, además de otras tres en Cuenca, Casasimarro, Quintanar e Iniesta.
En esas localidades es donde se ubica el centro de salud de cabecera, que además es el Punto de Atención Continuada (PAC), que funciona 24 horas al día, 365 días al año. Además, cada zona dispone de diferentes consultorios; María Cruz Muñoz está pendiente de 93 consultorios.
Pues bien, en la zona que coordina la doctora Muñoz Sánchez ejercen 134 profesionales de la medicina, de los que el 59% son mujeres y el 41% hombres. “¡Cómo ha cambiado la historia desde los tiempos de la doctora Criado!”, afirma quien también reconoce la valentía y la vocación de esta mujer valenciana que aceptó ser la médica de Carcelén hace un siglo.
Reconoce que, como consecuencia de la falta de profesionales, no es fácil cubrir las plazas en el medio rural cuando un médico o una médica se jubila a pesar de que ahora existe un número inferior de tarjetas sanitarias y de la progresiva incorporación de médicos y médicas procedentes de otros países, “y de ahí que ahora resulte necesario unir varios pueblos”. Y se refiere en concreto al caso de Carcelén, que hace un siglo contaba con más de 1.500 habitantes “y ahora tiene asignadas 456 tarjetas sanitarias, es decir, pacientes”.
De ahí que puede darse el caso de que los médicos atiendan dos poblaciones cercanas en la misma mañana o se distribuyan por días; lunes, miércoles y viernes a una, y martes y jueves a la localidad de al lado. Es como los curas en los pueblos, que comparten varias parroquias.
En el caso de Carcelén, pertenece a la zona de Casas de Juan Núñez, junto con Villavaliente, Pozo Lorente, La Felipa, Jorquera y La Recueja. “Tratamos de que la organización sea eficiente para no perder tiempo y reducir al máximo el riesgo en la carretera”.
Hay mucha gente mayor que vive sola, son personas que no están para vivir solas, pero quieren seguir en el pueblo, y ahí nos coordinamos con trabajadores sociales, y además, tratamos mucho la salud mental, la ansiedad, la depresión
Reconoce la doctora Muñoz Sánchez que más allá de todo tipo de enfermedades, el papel de la medicina rural trabaja ampliamente el ambiente social. “Hay mucha gente mayor que vive sola, son personas que no están para vivir solas, pero quieren seguir en el pueblo, y ahí nos coordinamos con trabajadores sociales, y además, tratamos mucho la salud mental, la ansiedad, la depresión”.
En cuanto al trato, y como le sucedía a la doctora Criado en los lejanos años 20 del pasado siglo, en el medio rural se da un trato más cercano. “Conoces a la familia y al entorno, hay una confianza estrecha; el consultorio se convierte en el centro social del pueblo, junto con la tienda y el bar; de ahí que, a veces, los alcaldes protesten si el médico falta, porque el consultorio abierto es un aliciente contra la despoblación, incluso la sala de espera sirve para relacionarse socialmente”.
Aunque ya no tiene la autoridad que la propia población otrora les concedía a los médicos, “es indudable que los y las profesionales de la medicina nos sentimos más valorados en el medio rural. Por mi experiencia, en la ciudad a veces te sientes un administrativo, despachando volantes para especialistas; en el pueblo confían en tu criterio, me ha pasado mandar a alguien al cardiólogo y que el paciente vuelva diciendo que hasta que yo no lo viera no se tomaba el tratamiento que le habían puesto y, además, seguimos haciendo muchos domicilios, ver cómo vive el paciente te da una información sanitaria muy valiosa”, asegura María Cruz Muñoz.
¿Y ser mujer y médica rural? Reconoce la coordinadora de la medicina rural albaceteña que “Concha Criado fue una pionera y una valiente al introducirse en un mundo de hombres. Tuvo problemas con colegas hombres, pero eso ya está superado. Yo empecé en 2011 y aunque al principio, siendo joven, algún paciente mayor me decía Niña, ¿cuándo viene el médico?, ahora ya no sucede”. Responsabilidad y compromiso fueron las cualidades de la doctora Criado, “unas cualidades que creo que deben repetirse en la actualidad en este trabajo, junto con la empatía, la humildad y los valores personales”.
A pesar del sobreesfuerzo que supone la práctica de la medicina rural, del sacrificio a la hora de la conciliación familiar y de los cientos de kilómetros que recorren cada semana, María Cruz Muñoz está convencida de que cualquier profesional de la medicina debería pasar por el medio rural. “Normalmente la gente que empieza en el medio rural quiere quedarse, en mi caso, ahora estoy en este puesto de gestión, pero tengo mi plaza en Robledo y Los Chospes, aunque por mis circunstancias, realizo guardias en Bogarra; yo ya podría haber movido mi plaza para acercarme, pero no lo he hecho”, prueba irrefutable de que ser médico o médica de pueblo engancha.
Destaca a grandes profesionales de la medicina rural, como los ya jubilados Antonio Divisón Garrote, que fue casi medio siglo prestando servicio en Fuentealbilla, o Antonio González Cabrera, ahora jubilado pero con cuatro décadas en San Pedro, y subraya la dureza de las urgencias, el reto de la conciliación y, sobre todo, la crisis de la Covid–19.
Queda claro. La historia de la medicina rural también es la historia de la valentía femenina. Y es que, un siglo después de la llegada de Concha Criado a Carcelén, una mayoría de mujeres continúa recorriendo carreteras, pueblos y consultorios para sostener la sanidad en la provincia vaciada. Se ha pasado de los caminos embarrados y las visitas a lomos de una mula a los traslados medicalizados en ambulancia o en helicóptero. Pero la vocación y el compromiso es idéntico.
Como dejó escrito la médica Elizabeth Blackwell, primera mujer en obtener el título en Estados Unidos, “si la sociedad no reconoce la libertad de la mujer, no puede progresar”.
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