Un proyecto social cultivará frutas y verduras ecológicas para familias vulnerables de Palencia: “Son para ellas, no recibirán sobras”

El invernadero de Amayuelas de Abajo.

“No solo son productos naturales y frescos, si no que están producidos para ellos, no son sobras”. Un grupo de agricultores destinará parte de su huerta ecológica al cultivo de frutas y verduras de temporada que entregarán a familias vulnerables de Palencia. Calabazas, cebollas, patatas, alubias, tomates, lechugas, zanahorias... El objetivo es organizar cestas que entregarán a dos asociaciones locales para que se lo entreguen a las personas que lo necesiten, sobre todo después de los efectos económicos que ha traído la pandemia.

De momento son dos las organizaciones que se encargarán del reparto. María Antonia Martín es trabajadora social y trabaja en la asociación Ítaca 3, que trabaja en Palencia capital y en Venta de Baños y que colaborará en el proyecto. Martín asegura que en el último año su labor se ha intensificado: antes ayudaban con gestiones, daban acompañamiento, clases de español; pero ahora coordinan también cheques para comida o entrega de alimentos no perecederos. “Nos hemos adaptado a la realidad y a las necesidades. A las familias vulnerables a veces les damos lo que nos sobra: ropa, los supermercados dan los productos que están a punto de caducar... Esto es diferente. No solo son productos naturales y frescos, si no que están producidos para ellos, no son sobras”, destaca.

La pandemia ha provocado que aparezcan ahora “perfiles nuevos” que necesitan apoya e forma puntual junto a familias casi “cronificadas”, que dependen del apoyo de las organizaciones sociales. Mucha gente ha ido tirando de ahorros en estos meses en los que han estado desempleados, pero llega un momento en que no bastan. “Llegan a una situación de precariedad y necesitan ayudas puntuales”, reflexiona la coordinadora del Centro de Desarrollo Rural (CDR) de Carrión de los Condes, Usi Delgado. Las expectativas que tienen no son muy halagüeñas. “Pensamos que esto va a ir a más en unos meses, porque ahora es cuando la gente ya no tiene recursos propios”, valora. El CDR de Carrión de los Condes espera entregar estas cestas a familias de Carrión de los Condes, Paredes de Nava y Saldaña.

Esta iniciativa parte de una empresa biotecnológica, Castilla Bio Lab, de Canna, una empresa flamenca de fertilizantes, que financiará estas huertas como proyecto de Responsabilidad Social Corporativa. José Manuel Miguel Castrillo es ingeniero agrónomo, integrante de Castilla Bio Lab y agricultor ecológico en Palencia. “El objetivo del proyecto es dar alimentos frescos a familias que lo necesiten, pero hacerlo bien, con una huerta ecológica”, explica. Se han instalado dos huertas, una en Abia de las Torres y otra, más pequeña, en Amayuelas de Abajo. En total, más de dos hectáreas en Abia y 2.500 metros cuadrados en Amayuelas. La previsión es llenar 50 cestas de productos de unos 6,8 kilos aproximadamente.

Al frente de ambas, un grupo de agricultores pioneros con más de 20 años de experiencia en la horticultura ecológica, cuando casi nadie se atrevía con este sector y se les veía como “locos”. David lleva las tierras de Abia junto a su padre Pablo, casi jubilado. “Entono el mea culpa. Yo era de envenenar la tierra todo lo que podía también. Pero me arruiné y una de las salidas era probar con la agricultura ecológica y no alimentar a los intermediarios. Cultivar y vender yo directamente”, explica Pablo, que empezó en la agricultura ecológica a finales de los años 90, cuando “Amayuelas era el municipio ecológico de referencia”. Ahora, prevé duplicar el cultivo actual para la venta directa y para ayudar a familias vulnerables.

“El terreno está ya dispuesto e irá a gente que lo necesite. Ya hemos plantado las cebollas y las patatas, no más porque hay que esperar a principios de mayo para plantar alubias y calabazas. Antes no, porque aquí todavía tenemos heladas”, explica.

María José y Melitón están al frente de la otra huerta que participa en el proyecto. Ellos, desde Amayuelas de Abajo, pusieron la semilla de la horticultura ecológica hace 20 años en Palencia. “Tratamos de seguir el ciclo de la naturaleza, respetar y cuidar la tierra y el suelo”, explica Melitón. Van a intentar “intensificar un poco” la producción para incrementar las cantidades. “No van a ser unas cantidades enormes, será algo limitado”, comenta. “Venderemos un poco menos para destinarlo a las familias que lo necesiten, pero tampoco pasa nada”, apunta María José, que ha contratado a dos personas del pueblo a media jornada para poder cumplir con el proyecto. Este año no habrá barbecho en sus casi cuatro hectáreas para cultivar más hortalizas y verduras.

La idea es que no solo el proyecto tenga fines sociales, si no que también pone el foco en el trabajo del campo, por lo que han contratado a un hombre de más de 60 años y a una mujer sin experiencia en el sector, con el objetivo de emplear a personas con una difícil incorporación laboral “La mano de obra agraria es fácil de encontrar, sobre todo en jóvenes extranjeros, porque es un trabajo que exige mucho físicamente. No queríamos eso, Queremos producir, pero no dejando el pellejo de los trabajadores”, justifica José Manuel Miguel Castrillo.

Una agricultura que “respeta los tiempos de la tierra”

Estos agricultores apuestan por la horticultura agroecológica por la mayor calidad del producto, sin aditivos “ni otros residuos que van al cuerpo”. Ahora hay más productores y consumidores concienciados que cuando ellos empezaron en el sector. Melitón lamenta los efectos negativos que tiene la sobreexplotación de la tierra sobre el suelo y los acuíferos. “Como consecuencia de la agricultura ecológica se dan unas mejoras para el medio ambiente y el entorno natural. Trabajas un suelo vivo y rico en microorganismos, respetas los ciclos de la naturaleza... ¿Todo esto frena el cambio climático? Quizá es algo un poco fuerte, pero creo que es así”, indica Melitón.

Una investigación de la Universitat Politècnica de València (UPV) concluía que que los productos ecológicos tenían más vitamina C y antioxidantes naturales. María José reivindica más investigación en los beneficios que aportan los productos ecológicos, que todavía “no está muy apoyada”. “Sacamos lo bueno de antes y de ahora. Si una lucha, por ejemplo, necesita cuatro meses, no fuerzas un mes para tenerla antes”, explica. María José y Melitón utilizan abono natural de los animales que tienen en su granja.

Como son pequeños consumidores que se venden directamente al consumidor, las empresas intermediarias pierden fuelle. “Compras al productor más cercano y evitamos ese transporte que gasta más energía de lo que cuesta el producto”, agrega Pablo, que recuerda la importancia de la huella ecológica que produce la agricultura más industrial. “A veces pienso que hemos avanzado demasiado poco para el esfuerzo que hacemos... Otras veo que la gente se da cuenta del despropósito de la agricultura más industrial”, sopesa.

Melitón y María José han impartido talleres a grupos de estudiantes o interesados en la agroecología hasta la llegada de la pandemia, que ha paralizado un poco la situación. “Intentamos inculcarles el amor por los pueblos, su filosofía de vida y la importancia de que se mantenga la vida en los pueblos. En vez de hacer que los chicos sientan atracción por el medio rural, se les dice que cuanto más lejos de mancharte las manos, mejor”, opina María José.

Pablo cree que la agricultura ecológica obliga al productor a recuperar ese contacto con la tierra “que se ha perdido” y que tenían sus antepasados. “Eso de que veías la parcela y había algo raro, pero no sabías qué. Y ya en la cama te dabas cuenta de qué pasaba. Ese contacto con la tierra se ha perdido”, lamenta. Este tipo de agricultura ecológica es “más compleja y personalizada” porque no puedes acudir a otros compañeros que te digan qué puedes cultivar. “Cada finca es diferente, tienes que pensar tú. Tienes que pensar en lo que te tiene que dar la tierra, no en lo que tú le pidas. En la agricultura industrial ya no se piensa”.

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