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La 'huelga' inédita de excursiones escolares en Catalunya suma 1.300 centros y preocupa a las familias

Un grupo de niños y niñas, a punto de ir de colonias el pasado mes de junio

Pau Rodríguez

Barcelona —
16 de septiembre de 2026 22:33 h

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Miles de alumnos en Catalunya encaran el primer curso de su vida escolar en el que no van a ir de colonias ni de excursión fuera del centro. Tampoco habrá viajes de fin de etapa. Es la consecuencia de una protesta que surgió en algunos colegios el curso pasado y que ya secundan cientos de claustros: no llevar a cabo estas actividades hasta que mejoren las condiciones del profesorado.

A la iniciativa se han sumado oficialmente 1.354 escuelas e institutos, más de la mitad de los centros públicos catalanes. En algunos casos, se han puesto de acuerdo todos los colegios de un mismo municipio, a través de las asambleas docentes. La intención de sus impulsores es añadir presión al Departamento de Educación para resolver el conflicto que arrastran desde el curso pasado.

Sin embargo, no todo el mundo dentro de la comunidad educativa apoya esta forma de protesta. Las familias han mostrado ya sus reservas, especialmente por la cancelación de excursiones dentro del horario lectivo, y el Síndic de Greuges (el Defensor del Pueblo) alerta de que puede perjudicar a los alumnos de entornos más desfavorecidos

Mientras tanto, las empresas y entidades del sector del ocio educativo que contratan a monitores y gestionan casas de colonias y campamentos, como Fundesplai o la Fundació Pere Tarrés, han dado la señal de alarma. Este septiembre, momento en el que muchos centros reservan estas actividades de cara a final de curso –sobre todo en el caso de las colonias–, la caída de la demanda es del 80%. 

Durante las negociaciones con los sindicatos para poner fin a este boicot, el Govern decidió compensar a los docentes con 50 euros por cada excursión con pernoctación, con un máximo de dos profesionales por grupo. Sin embargo, a los impulsores de la movilización no solo les parece insuficiente esta compensación, sino que condicionan la recuperación de estas actividades al desenlace del conflicto docente en su conjunto, que incluye reivindicaciones como aumentos retributivos, refuerzos de personal o la climatización de las aulas.

“Hemos eliminado todas las actividades que incluyen trabajar fuera del horario lectivo”, resume Rubén, docente de la escuela Francesc Feliu de Aitona, en Lleida. En este centro, solo harán salidas puntuales si no incluye la hora de comedor –porque no está compensada–, o si se pueden hacer sin autocar. Solo harán excepciones, añade, en celebraciones puntuales –como el festival de Navidad– u otras actividades que tengan una justificación educativa suficiente. 

“No es una medida que haya venido para quedarse”, advierte Rubén. “Nosotros creemos en estas excursiones, creemos que hay niños y niñas que si no es de esta forma, tienen pocas oportunidades”, añade, y por eso apremia a la Generalitat a atender a sus demandas. “50 euros por noche no me convencen ni a mí ni a la mayoría, es un parche que no soluciona los problemas de fondo”, expresa este docente.

Al margen del amplio apoyo docente, asociaciones de familias y el Síndic de Greuges apremian a las partes a ponerle solución para que los alumnos no se queden con una actividad que consideran estrechamente vinculada al derecho a la educación. 

Lidón Gasull, presidenta de las Asociaciones Federadas de Familias de Alumnos de Catalunya (AFFAC), entiende que se cancelen las pernoctaciones fuera del centro si no se reconocen con pluses salariales y una regulación más clara, pero se opone a que se renuncie a cualquier salida del colegio, sea para ir al teatro, al campo o a un museo. “Los profesionales tienen derecho a reivindicar mejores condiciones para hacer salidas, pero estas se deben garantizar”, reclama Gasull, que señala que el mecanismo de presión ya previsto para canalizar este descontento son las huelgas, no el boicot. 

“Lo que más nos preocupa es que nadie mueve ficha y que estas actividades se dejen de hacer, o peor, acaben lideradas no por los claustros, sino por iniciativas de carácter privado desvinculadas del proyecto educativo del centro”, reflexiona. En este punto, todas las fuentes consultadas reconocen que son las públicas quienes secundan la protesta, mientras las concertadas seguirán con sus planes de excursiones y viajes de final de curso.

Andreu Termes, investigador del Globalisation, Education & Social Policies de la Universitat Autònoma de Barcelona (UAB), coincide con el temor de Gasull. “Confío en que la negociación llegue a buen puerto antes de que se cumpla la amenaza, porque incrementará las desigualdades para todos aquellos alumnos de la pública que no pueden realizar estas actividades en contextos no escolares”, resume. 

Paradójicamente, Termes ve una parte positiva en el revuelo que ha levantado esta protesta, tanto en la Administración como con las familias o con el propio Síndic de Greuges: es la señal de que estas excursiones importan a la comunidad educativa. “Tienen mucho valor: cognitivo, académico, psicosocial, emocional… Ofrecen oportunidades claramente únicas para algunos alumnos”, tercia.

Los que más aprietan para que Educación y los docentes resuelvan este conflicto son las empreas del sector, agrupadas en torno a la patronal ACELLEC (Associació Catalana d’Empreses del Lleure, l’Educació i la Cultura), que emplean a unas 10.000 personas. “El impacto es terrible, y la gran mayoría son empresas pequeñas”, apunta el gerente Pep Montes. Las reservas de colonias escolares, asegura, se han desplomado por ahora un 80%. 

Montes se declara impotente ante un conflicto que golpea con dureza a un sector que poco puede hacer para solucionarlo. “Somos espectadores atónitos, no somos ni causa ni solución de esta crisis”, lamenta, y pide al Govern “flexibilidad” e “inventiva” para atender a las reivindicaciones docentes. Por ahora, la Generalitat ha anunciado una línea de préstamos bonificados de hasta 100.000 euros a estas empresas para detener el golpe de este curso.

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