Laura Borràs, ante el juicio que puede acabar con su carrera política

La presidenta de Junts, Laura Borràs, en un acto del partido

La corrupción de la que Junts intentó huir al abandonar las siglas de Convergència corre el peligro de volver como un ‘boomerang’ con el juicio a su presidenta, Laura Borràs. A partir de este viernes, el activo electoral más importante del partido, con permiso de Carles Puigdemont, se sienta en el banquillo acusada de fraccionar contratos para beneficiar a un amigo en su etapa al frente de la Institució de les Lletres Catalanes (ILC). Es un juicio en el que se juega su carrera política.

La vista arrancará con el trámite de cuestiones previas, que en muchas ocasiones es tedioso pero que casi siempre es donde las defensas intentan jugar sus últimas bazas antes de que empiece el desfile de testigos y acusados. El de Borràs no será una excepción.

Además de la presidenta de Junts, se sientan en el banquillo del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya (TSJC) su amigo Isaías H. y un tercer acusado. Entre las cuestiones previas que plantearán las defensas figuran alegatos relativos a vulneraciones de los plazos de las investigaciones penales o a la competencia. El tribunal podría no responder a las defensas el mismo viernes.

Uno de los ejes centrales del juicio serán los correos electrónicos entre Borràs y su amigo aportados a la causa por los Mossos d'Esquadra. Según la defensa de la líder de Junts, los correos se obtuvieron sin aval judicial y tampoco se respetó su cadena de custodia, lo que convierte los mensajes en una prueba ilegal que no se puede usar para condenar a nadie. 

La importancia de intentar anular los correos radica en que los mensajes intercambiados entre Borràs y su amigo son, según describen gráficamente fuentes jurídicas, “el sueño” de cualquier acusación. Para la Fiscalía, en los mensajes se describe la mecánica que permitió a Borràs adjudicar a su amigo 18 contratos de la ILC por un total de 335.700 euros “fraccionándolos indebidamente”.

Yo tengo una de marrones, buff. Yo con la Borràs, con la jefa, yo facturo con la cooperativa, yo facturo unos trapis por allí. Lo jodido es si la Borràs deja de ser directora [de la ILC]

Isaías H. — 06/11/2017

“El presupuesto tiene que quedar como si fueseis profesionales independientes por los totales, que no pueden superar, como ya sabes, los 18.000+IVA. Si ven que lo que se ha hecho es fraccionar un encargo completo en distintos paquetes es cuando entonces piensan que hay una infracción. La cuestión es fraccionar, pues, cada uno de los conceptos para que quede claro que son como partes que hay que ir ensamblando conjuntamente”, escribió la presidenta de Junts a Isaías H.

La Fiscalía Anticorrupción pide seis años de cárcel y 21 de inhabilitación por prevaricación y falsedad en documento mercantil a Borràs, quien niega haber cometido delito alguno y reivindica su inocencia y que se trata de una causa política contra ella. Está previsto que en la primera sesión del juicio la líder de Junts sea arropada por centenares de simpatizantes a las puertas del TSJC.

Después de las cuestiones previas será el turno de acusados y testigos (básicamente trabajadores de la ILC, y agentes de los Mossos d’Esquadra y de la Guardia Civil que participaron de la investigación del caso). Borràs ha pedido al tribunal declarar en último lugar en aras a garantizar su derecho de defensa.

El apoyo de Junts a su presidenta

Además del desarrollo judicial de la vista (que tras la sesión inicial del día 10 no se retomará hasta el 20 de febrero), el otro foco de interés del juicio es comprobar el nivel de apoyo de Junts a su líder. Cada tuit (o cada silencio en redes), y la asistencia o ausencia a la concentración de apoyo a Borràs se observará con lupa en la no siempre bien avenida familia posconvergente.

La situación política de Borràs es delicada en Junts. Durante el episodio que culminó con su suspensión como diputada, dinamitó cualquier puente no solo con el resto de partidos sino con parte de su grupo parlamentario, que le conminó a no alargar una batalla condenada al fracaso. Pero Borràs declinó apartarse. “Quien me quiera muerta, que se manche las manos”, llegó a tuitear, en un mensaje dirigido a oponentes y a compañeros de partido.

Parte de los dirigentes de Junts entendían que, más allá del resultado del juicio, había suficientes elementos en la causa de Borràs que lastraban al partido. No solo los correos, sino también los mensajes y audios que escribió una vez la causa ya se encontraba bajo investigación requiriendo información sobre los contratos sospechosos y pidiendo que se la avisara si los Mossos volvían a la sede de la ILC. Esos audios fueron aportados por un funcionario imputado, que logró gracias a ese material el archivo del caso.

Una vez el Parlament consumó su suspensión en aplicación del reglamento de la Cámara, Borràs llamó “hipócritas” a sus compañeros de Mesa. Al estar suspendida, la expresidenta del Parlament sigue acudiendo a los plenos, al menos a la sesión de control al president, pero los sigue desde la tribuna de autoridades.

Con todo, Borràs logró anotarse un tanto, inesperado para muchos, con la salida de Junts del Govern. Poco duró esa victoria interna, pues un mes después volvió al centro de la polémica. La abogada Magda Oranich, presidenta del comité de garantías de Junts y una figura muy respetada en todos los partidos por su lucha antifranquista, desveló presiones y gritos de Borràs por el informe que censuró la intimidación a una periodista en TV3 por parte de uno de los colaboradores de la líder de Junts, el diputado Francesc de Dalmases.

En el partido se ha impuesto una tregua interna previa a las elecciones de mayo entre el sector pragmático de los exconsellers y el sector autodenominado ‘octubrista’ que encabeza Borràs. De momento la gran baza de Junts para las municipales es Xavier Trias, convergente de la vieja escuela alejado de las formas y la estrategia política de ella pese a compartir militancia. La sentencia podría llegar antes de las municipales. Aunque no tiene que suponer de forma inmediata su salida de la política. Cabe recurso ante el Supremo.

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