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Montserrat Torrent, la organista de 100 años que hace giras por España: “Tocaré hasta que me muera”

Torrent, sentada frente al órgano de su casa

Oriol Solé Altimira

Barcelona —
25 de septiembre de 2026 22:36 h

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“Mi voluntad es tocar hasta que me muera”. Montserrat Torrent lo dice alto y claro. La organista centenaria cuenta con una de las carreras artísticas más longevas de Europa, pero no quiere que se termine. “La música, para mí, es como respirar”, afirma.

Hablar con Montserrat Torrent es hablar de órgano, de barroco, de Johann Sebastian Bach, de Francisco Correa de Arauxo… Y también de la reivindicación de la intérprete en favor de los derechos de las personas mayores: “La sociedad es injusta con los viejos. Muchas veces se decide su porvenir y se les mete en una residencia sin su permiso”.

Torrent recibe a elDiario.es en su domicilio de Barcelona. Hoy todavía no ha ensayado, pero cada día se sienta delante de su órgano. Acaba de llegar de un concierto en Santiago de Compostela, y en las próximas semanas tiene actuaciones programadas en Lleida, Salamanca o Granada.

La gira de conciertos que este año la ha llevado a decenas de ciudades de España y Europa forma parte de los actos para conmemorar el centenario de la artista. Uno de los puntos culminantes de las celebraciones fue la inauguración del órgano que lleva su nombre en la iglesia de Sant Felip Neri de Barcelona. “Fue muy especial y precioso, y además suena muy bien”, recuerda la intérprete, que agradece todo el trabajo de la Fundació Montserrat Torrent y de los organistas de la familia Blancafort para conseguirlo.

Nacida el 17 de abril de 1926 en el barrio del Raval de Barcelona, Torrent fue la sexta de siete hermanos. De niña, por iniciativa de su madre (discípula de Granados), tocaba el piano con su hermana. “Pero era una cosa desastrosa”, confiesa. “Ni disfrutábamos ni hacíamos disfrutar”. Todo cambió cuando, con 18 años, entró en la iglesia de Santa Coloma de Farners (Girona) y oyó tocar el preludio y fuga de Bach a Narcís Jubany, quien luego sería cardenal de Barcelona.

De la mano del profesor Paul Franck, Torrent se convirtió en organista profesional. “Lo primero que me emocionó del órgano fueron sus tres sonoridades, pero después me emocionó todavía más su sentido coral”, rememora.

Torrent cita una de las recomendaciones de Bach a sus alumnos para explicar la labor del organista: hay que “hablar” a través de la articulación, el fraseo y el color para transmitir la emoción de la partitura. “El órgano no es solo sonido, su música está centrada en el sentido del texto: esto es mucho más profundo y tiene un sentido teológico muy fuerte”, destaca Torrent.

La organista fue una mujer pionera en un mundo, el del órgano, considerado durante años un terreno exclusivamente masculino. Más aún en la España de la dictadura. “En aquellos tiempos no era capaz de valorar lo que pasaba”, admite la organista.

Torrent, después de la entrevista

La espléndida biografía de Torrent, La dama del órgano (Ficta, en catalán y castellano, 2020), escrita por Albert Torrens, recoge episodios de machismo recalcitrante contra la artista, como cuando, en la misma iglesia, primero se le vetaron los ensayos y, años después, al escucharla, el cura exclamó: “Mujer tenías que ser”.

Torrent superó todos los obstáculos hasta convertirse en una organista de prestigio internacional. Ha dado conciertos por todo el mundo y puesto sus dedos en las teclas de centenares de órganos. Y ha visto la evolución en su diseño y construcción: “Antes para ahorrarse dinero hacían los tubos más estrechos, y los agudos pinchaban, era inaceptable”.

Cada instrumento tiene algo distinto. De los órganos de Haarlem (Países Bajos), donde Torrent dio varios cursos de verano, la artista destaca su sonido “lleno, que aumenta de intensidad”. De varias iglesias danesas, Torrent rememora el “sonido extraordinario y las escalinatas tremendas” que permitían sus órganos. Y recuerda con especial ilusión la primera vez que tocó el órgano del Palacio Real de Madrid: “Tiene una sonoridad muy intensa, pero nunca estridente”.

Gran conocedora del barroco, Torrent se especializó en el repertorio ibérico de los siglos XVI al XVIII. De los autores de la tradición española y portuguesa, destaca a Antonio de Cabezón, Joan Cabanilles, Sebastián Aguilera de Heredia, Pablo Bruna y Antonio Soler. Para ella, Bach y Correa de Arauxo no tienen comparación por su dimensión espiritual y humana.

Además de su faceta como intérprete, Torrent enseñó a decenas de discípulos de distintas generaciones, como Juan de la Rubia o David Malet. Su legado, además, permanece en los alumnos de la Escuela Superior de Música de Catalunya (ESMUC), que reciben sus clases en el órgano Montserrat Torrent de Sant Felip Neri.

Cuando termino me duele la espalda, el brazo… ¡Pero mientras toco, me siento joven y feliz!

Torrent deja este consejo para los jóvenes alumnos: “Que no tengan prisa, que no corran y que quieran llegar a la cima no por su ego, sino para el bien de la música”. “Hacen falta muchas horas de estudio, perseverar y repetir y repetir la partitura”, agrega.

Antes de terminar la entrevista, pide poder decir algo sobre la vejez. Reclama con contundencia el buen trato hacia las personas mayores, en especial su derecho a poder morir en su casa bien atendidas. Todavía recuerda a una de sus vecinas de rellano, que murió al cabo de un mes de ingresar en una residencia.

“Tenemos raíces. ¿Qué hay en esta casa que valga tanto? Nada, pero también todo. Si un día decidieran ingresarme en una residencia, creo que moriría por el camino. Echaría de menos este jarrón que no vale nada, echaría de menos... todo”, asevera Torrent, que reclama a la sociedad “ponerse en el lugar y respetar la voluntad de los mayores que todavía tienen la cabeza bien”.

Ella misma reconoce los achaques de la edad en su cuerpo, pero todo cambia al sentarse delante del órgano: “Me alejo de todo lo corriente y cotidiano y entro en el mundo mágico de la música”. “Cuando termino me duele la espalda, el brazo, una lista que no se termina… ¡Pero mientras toco, me siento joven y feliz!”, concluye la dama del órgano.

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