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CATALUNYA

Rectificar o seguir: arrecia el debate entre las familias convergentes para evitar otro desastre electoral

Los sectores críticos empiezan a movilizarse para intentar que Puigdemont cambie de estrategia y vire hacia una fórmula más pragmática que evite una ruptura definitiva con el PDeCAT

En el entorno de Puigdemont consideran que el ascendente que Artur Mas aún tiene en las distintas corrientes puede ayudar a acercar posiciones sin que ello implique que deba regresar a la primera fila

En lo que coinciden unos y otros es que la mejor marca para poder seguir unidos sería la de Junts per Catalunya y que la decisión de continuar o romper definitivamente debe tomarse antes de las próximas autonómicas 

El PDeCAT dice que la reunión de Junqueras, Iglesias y Domènech "huele a tripartito"

Puigdemont y Pascal, en una imagen de archivo. EFE

"Pasarán cosas". Este es el pronóstico de un veterano convergente que vio morir el partido de Jordi Pujol, la creación de otro, el PDeCAT, que siempre ha vivido en horas bajas, y el intento de Carles Puigdemont de crear una nueva marca, La Crida, que sigue sin ser un partido aunque no renuncie a serlo. Lo que nadie es capaz de contestar aún es qué es lo que pasará. La respuesta es diferente en función de si se pregunta a los sectores afines a Puigdemont o si se plantea la misma cuestión a los dirigentes críticos con la estrategia del expresident.

Han empezado los contactos discretos y en un bando y en otro se señala que es probable que los caminos de Puigdemont y Artur Mas vuelvan a cruzarse para explorar una estrategia conjunta que frene la espiral autodestructiva en la que, según critican algunos alcaldes del PDeCAT, se ha instalado un espacio político que durante décadas fue el que más poder institucional acumuló en Catalunya y condicionó gobiernos del PSOE y del PP en España.

Algunos de los dirigentes consultados consideran que Mas no debería volver a la primera fila pero sí le señalan como una de las personas que tendría que tomar cartas para intentar abrir una negociación con Puigdemont que permita empezar una nueva etapa. Y ello implicaría nuevas estrategias y nuevas caras.

Otros, en cambio, consideran que Mas, pese al ascendente que sigue teniendo en las distintas familias que conviven en el espacio posconvergente, no es la persona indicada para intentar modificar la estrategia porque lo ven partícipe de la deriva que ha tenido el partido y que les ha llevado a encadenar malos resultados.

Los datos prueban que la preocupación de los cuadros de la antigua Convergència está más que justificada. El éxito cosechado por Puigdemont en las elecciones europeas disimula la debacle que el partido ha sufrido en las municipales. En el campo independentista, Puigdemont se ha llevado la honra, pero los barcos, en forma de alcaldías y concejales, han sido para Esquerra. Si hubo ‘efecto Puigdemont’ fue solo en las europeas.

El PDeCAT se ha dejado 500 concejales por el camino mientras que ERC se ha convertido, con 3.100 regidores, en el primer partido en el ámbito municipal. El segundo es el PSC, quien ha recuperado fuerza y sigue siendo el referente principal en el área metropolitana. Sant Cugat y Martorell son de los pocos ayuntamientos metropolitanos en los que el PDeCAT tiene asegurada la alcaldía. Algunos de los afines a Puigdemont, como Elsa Artadi en Barcelona o la lista apadrinada por Míriam Nogueras en Mataró han fracasado. Eso también da argumentos a los críticos para intentar plantar cara a los que insistían en que La Crida, el proyecto de los afines al expresident, debía directamente sustituir al PDeCAT.

Un dirigente consultado formula la siguiente pregunta."¿Es compatible apostar por una solución dialogada con el Estado y a la vez poner de manifiesto a diario las contradicciones en las que incurre ese mismo Estado?". La respuesta que Puigdemont y el PDeCAT den será la que permitirá saber hacia dónde quieren ir y si pueden seguir juntos. Mas es de los que cree que es compatible recuperar un cierto pragmatismo sin renunciar a situar contra las cuerdas al Gobierno central, afirma un buen conocedor de los entresijos convergentes.

Los partidarios de rebobinar y recuperar la moderación que fue marca de la casa convergente advierten de que ERC intenta ocupar su espacio pese a que a menudo el discurso de los republicanos se contradiga con las decisiones tomadas. El veto a los presupuestos de Sánchez o no permitir a Miquel Iceta que fuese senador son ejemplos que ilustrarían esta teoría. En todo caso, el argumento que Oriol Junqueras y los suyos repiten en cada cita electoral, la necesidad de que hay que "ampliar la base" independentista parece tener recompensa en las urnas, tal y como se constató en las generales. ERC obtuvo 15 escaños y por primera vez se convirtió en el primer partido al superar al PSC y los 'comuns'.

Las quinielas

"Nos hemos comarcalizado de manera brutal y eso nos hace perder una perspectiva global", analiza un exdiputado. En esa comparación también gana ERC puesto que el partido de Junqueras ha conseguido entrar, aunque en algunos municipios sea de forma muy tímida, en ayuntamientos metropolitanos que siguen siendo bastiones socialistas. En el caso de las generales la distancia se acorta puesto que el PSC superó a los republicanos en poco más de 50.000 votos en el conjunto de la provincia de Barcelona.

En el entorno de Puigdemont hay quien considera que si no se acercan posiciones entre las diferentes familias herederas de Convergència hay que forzar un congreso extraordinario para intentar tomar el control del PDeCAT, algo que ya casi se consiguió en el anterior congreso. Si no lo han lograron hasta ahora es porque pese a la salida de Marta Pascal muchos de sus afines siguen en la ejecutiva.

Además, hay alcaldes que sin estar en la cúpula también creer que hay que rectificar la estrategia fijada por los llamados 'legitimistas', el entorno formado por algunos consejeros, diputados y asesores de Puigdemont. En este caso faltaría ver cuál sería el papel de los presos. Jordi Turull y Josep Rull participaron en la defenestración de Pascal pero en los últimos meses también han discrepado de la estrategia de Puigdemont en más de una ocasión. Fuentes del partido recuerdan que, en su momento, tanto Turull como Rull eran partidarios de no bloquear de entrada los presupuestos que presentó el Gobierno del PSOE.

En lo que coinciden unos y otros es que una buena marca para poder seguir juntos sería la de Junts per Catalunya y que la decisión de continuar bajo un mismo paraguas o con proyectos distintos debe estar tomada antes de las próximas elecciones autonómicas. Incluso, como siempre en situaciones de convulsiones internas, existen quinielas de posibles candidatos a la presidencia de la Generalitat.

Uno de los nombres que está encima de la mesa es el de Marc Castells, alcalde de Igualada, independentista pero bien considerado por los sectores moderados. La consellera de Empresa, Àngels Chacón, es otra de las posibles candidatas. En este caso sus afines se sitúan en los ámbitos moderados del PDeCAT. Otros, a medio camino entre el partido y los afines a Puigdemont, citan como activo a tener en cuenta al titular de Interior, Miquel Buch, que de su etapa como alcalde de Premià de Mar y presidente de la Federació Catalana de Municipis mantiene buenos contactos entre los dirigentes locales. Paralelamente, los sectores duros preferirían nombres como el de Laura Borràs, actual diputada en el Congreso. Pero este es un perfil poco compatible con cualquier estrategia que priorice el pragmatismo.

Todos estos movimientos se producen en paralelo a los que están llevando a cabo exdirigentes de Unió y personas próximas a Ciudadanos y descontentas con la táctica del partido de Albert Rivera en Catalunya y fuera de ella. En este caso se pretende crear una formación de centroderecha, de perfil catalanista no independentista que permita recuperar un espacio que consideran que ahora no tiene un partido referente. El PSC vería con buenos ojos la aparición de una formación de este tipo porque, según uno de sus dirigentes, permitiría ir reduciendo el margen electoral del independentismo.

Hasta ahora uno de los retos del llamado constitucionalismo, representado por Ciudadanos, socialistas y PP, es que no ha sumado suficientes apoyos para poder plantear una mayoría parlamentaria alternativa a la del secesionismo. Aún es pronto para saber si antiguos cargos convergentes o algunos de los que ahora están integrados en el PDeCAT estarían dispuestos a sumarse a este nuevo proyecto si la reconciliación con Puigdemont se demuestra imposible.

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