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Artur Mas acapara poder en la nueva Convergència minimizando la renovación del partido

La nueva CDC será de centro amplio y decidirá su nombre al inicio del congreso

Arturo Puente

El paso de la actual Convergència a la nueva formación que se fundará este fin de semana podría no conllevar un cambio en la cúspide tan radical como se propuso cuando se lanzó el proceso. El expresident de la Generalitat presentó este miércoles su propuesta de organigrama para el nuevo partido, que prevé una dirección bicéfala formada por presidencia y vicepresidencia, acaparando poder en la nueva formación en detrimento de las corrientes que pugnaban por la cúpula.

El volantazo de Mas a dos días el inicio del congreso fundacional cambia el equilibrio de pesos entre los diferentes órganos que se proponen para la nueva marca, hasta el punto que deja abierta la posibilidad de que el cargo de secretario general fuera eliminado. El organigrama propuesto por Mas aplaca las luchas internas por la primera silla de la formación y rebaja las posibilidades de que sectores poderosos como el de Germà Gordó se hagan con las riendas de la formación, haciendo que solo compitan por tener asientos en la nueva Ejecutiva.

La propuesta del líder de Convergència para el binomio presidencial es un tándem formado por él mismo, como presidente, y por una vicepresidencia que, según ha trascendido, será la consellera de Presidencia y portavoz del Govern, Neus Munté. Este planteamiento tiene a su favor que Artur Mas no es discutido como líder por ninguna de las corrientes, por lo que su esquema organizativo tiene muchas posibilidades de resultar triunfador en el Congreso del próximo fin de semana. Será en el siguiente Congreso, el 23 de julio, cuando la militancia de la nueva formación vote la candidatura Mas-Munté.

Donde los planes del expresident sí pueden encontrar cortapisas es en el apartado de las incompatibilidades entre cargos de gobierno y en la formación. Este fin de semana la militancia de Convergència decidirá el régimen orgánico del partido y algunos sectores se han mostrado partidarios de vetar que una misma persona tenga a la vez responsabilidades en gobierno y organización. Si la idea de la separación estricta entre partido y función pública triunfa, sería un importante escollo para Munté, que actualmente es la persona de Convergència con un cargo más alto en el Govern después de Carles Puigdemont.

El ticket Mas-Munté en la dirección tiene el efecto inmediato de garantizar que el que ha sido máximo dirigente de la formación nacionalista desde 2004 continúe manteniendo el control del nuevo espacio, tanto en la cúpula como en la Ejecutiva. Las diferentes sensibilidades de Convergència se habían enzarzado en una competición por la secretaría general que tenía tintes de sucesión de Mas y que podía hacer perder al masismo los órganos del nuevo partido.

El sector liderado por el exconseller de Justicia, Germà Gordó, del ala más derechista, había alcanzado en los últimos meses un importante ascendente en varias territoriales, y su candidatura a la secretaría general tenía posibilidades de triunfar. El golpe de timón de Mas reduce ahora las aspiraciones de sectores como el de Gordó, que como mucho podrán aspirar a tener peso en una Ejecutiva que se prevé reducida, de una docena de miembros, y que inevitablemente estará fuertemente influenciada por unas presidencias de amplios poderes.

Además, la fórmula de una vicepresidencia fuerte elegida a dedo permite a Artur Mas planificar una sucesión poco traumática en caso de que hiciera falta ante un retirada del expresident. Con la elección de Munté, encuadrada en el ala socialdemócrata, Artur Mas contenta a esta corriente, en la que se encuentran líderes como conseller de Territori, Josep Rull, mientras señala a la candidatura de Jordi Turull, cercana a Munté, para componer la Ejecutiva colegiada.

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