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Xavier Querol, investigador el CSIC en calidad del aire: “Las crisis económicas perjudican las políticas ambientales”

Xavier Querol, profesor del CSIC, en una imagen de archivo

Pau Rodríguez

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La epidemia de coronavirus ha vaciado las grandes ciudades y centros de trabajo. Desde que se aplicó el estado de alarma, la contaminación del aire en urbes como Madrid o Barcelona se ha reducido muy significativamente. Así ocurrió antes en China o Italia. Algunas entidades ecologistas defienden que esta crisis puede ser una oportunidad para hacer un aprendizaje y avanzar hacia medidas más contundentes en materia de calidad del aire y la sostenibilidad.

Xavier Querol (Morella, 1963), investigador del CSIC, alerta sin embargo de que podría ocurrir lo contrario. Este geólogo y miembro del Instituto de Diagnóstico Ambiental y Estudios del Agua (IDAEA), responsable del proyecto europeo de mejora de la calidad del aire AIRUSE, advierte de que en tiempos de recesión económica, las políticas ambientales suelen ser de las que más se resienten. Fum o fam, cuenta que decían en su pueblo en los años 40. O humo o hambre.

Usted lleva años luchando para lograr una reducción de los niveles de NO2 en ciudades como Barcelona. ¿Qué piensa estos días?

La contaminación ha caído de forma drástica, mucho más que un domingo cualquiera, pero es algo obvio. Por ejemplo, cuando al NO2 y a las micropartículas, en primer lugar entre los emisores está el tráfico luego la industria, el puerto, las obras... Todo esto está en gran medida parado y de ahí la reducción. Esta caída durante dos o tres meses tendrá su efecto en la salud, pero la mejora de la calidad del aire es una maratón, desde que estás en la barriga de tu madre hasta que eres viejo.

¿Cree que podría ser un aprendizaje para llevar a cabo medidas más contundentes para mejorar la calidad del aire?

Cuando en China se normalice la producción industrial, esta se multiplicará y recuperarán el tiempo perdido. Luego la gente puede tener miedo de coger el transporte público y se incremente el uso del vehículo privado, pero lo peor es la crisis económica asociada al ciclo de vida de esta pandemia. Las crisis perjudican a las políticas ambientales. La experiencia clara es la de 2008. En la zona cerámica de Castelló, durante los años 40, se decía fum o fam. Si no salía humo de las chimeneas pensaban que habría hambre. En los últimos años hemos desarrollado el concepto de sostenibilidad, según el cuál no es necesario el humo para acabar con el hambre, pero en tiempos de dificultades económicas este concepto vuelve a emerger. 

¿Qué ocurrió en 2008 para que lo considere un precedente negativo?

El debate estaba bastante parado. La directiva de 1999/30, la primera de Europa de calidad del aire, decía que el 1 de enero de 2010 el valor límite obligatorio de calidad del aire, en materia de partículas en suspensión, debía ser el mismo que el de la OMS. Es decir, que debía bajar de 40 a 20 µg/m3. Pero esto luego se derogó y se dijo que se revisaría en 2013 o 2014. Y al estar en crisis, la Comisión lo pospuso al 2020. La crisis trajo este miedo que ha llevado a aplazar esta sustitución. Veremos si vuelve a ocurrir. Esto siempre ha afectado muy negativamente. 

¿No cree que, después de las huelgas por el clima y liderazgos como el de Greta Thunberg, la población está mucho más mentalizada para exigir que se siga avanzando en las políticas contra la emergencia climática?

El tema es que muchas de estas medidas vienen desde Bruselas. Cuando se puso a debate si se obligaba a los diésel a cumplir la legislación o se aumentaba el umbral de las emisiones dentro de la normativa europea, fue el Parlamento Europeo el que votó que sí [un 110% hasta 2019]. El fraude del diésel, para mi, es también otro de los efectos de la crisis del 2008. La política ambiental parte de una premisa inicial: todo desarrollo económico y crecimiento de la población tiene un efecto colateral indeseado que afecta a la naturaleza. La utopía es que la naturaleza debería ser perturbada cero. A diferencia de una carrera de fondo, donde la meta está siempre en un mismo punto, a 42 kilómetros, en la carrera ambiental la meta está luego a 50 kilómetros, luego a 60, luego a 100, hasta acercarte a la utopía, el efecto cero. Lo que debilitan las crisis económicas es el movimiento de esta meta. Y no solo en calidad del aire, también en calidad del agua o residuos. 

¿Cómo cree que esta crisis, todavía incipiente, puede mover entonces la meta en materia de reducción de emisiones?

La ONU decía en su informe de 2019, preparatorio sobre emisiones para la COP25, que para no pasar del grado y medio de calentamiento este siglo debíamos reducir cada año el 7,6% de emisiones. Un 76% en diez años. Pero las medidas que hemos adoptado son más laxas que estrictas. Y si estas son las condiciones de partida de la carrera, imagínate cómo llegaremos después de la crisis. 

El doctor en Biología Fernando Valladares, también del CSIC, defendía que la prevención de epidemias como esta nos obliga a reconsiderar el papel y el valor de la biodiversidad. la prevención de epidemias como esta nos obliga a reconsiderar el papel y el valor de la biodiversidad

Pero la reducción de las emisiones que tienen que hacer China o Estados Unidos no se hace teniendo bosques más sanos. Se hace con una transición drástica hacia las renovables. Y no quiero decir que no haya que cuidar los ecosistemas. Claro que sí. Es muy necesario no solo por el clima sino por la propia naturaleza. Pero el efecto de esto es de una orden de magnitud muy inferior a la reducción de las emisiones de gases de efecto invernadero. Las proyecciones para el 2040 de British Petroleum es que China no reduzca el consumo de carbón, tampoco lo incrementa. Y sí basa el crecimiento energético en energía renovable. Pero es que hay que reducirlo. Y no es que sea pesimista, porque creo que estamos a tiempo. 

Si dice que estamos a tiempo, y ante las advertencias que usted lanza, ¿qué le pediría al gobierno en los próximos años?

Para alcanzar las metas que nos pone la OMS o la ONU en calidad del aire, no hay otra forma que acometer una transformación profunda de la movilidad y la logística que tenemos. Pero para ello necesitamos visión de futuro en la política. Me pongo en la piel del Gobierno y, pobres, harán lo que pueden. Pero que piensen que el medio ambiente no ha de ser el enemigo de la economía, sino que puede ser un aliado. Las zonas más cuidadas a nivel ambiental pueden atraer riqueza y población, por ejemplo. 

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