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Al bombero, ni agua

Los 1.700 trabajadores de GEACAM se encargan de la extinción de los incendios en los campos de Castilla-La Mancha.

Sin embargo, lo hacen sin recibir ni agua, jugándose la vida y con seis EREs a sus espaldas por el Gobierno de Cospedal.

Bombero en incendio de Riba de Saelices (Guadalajara) en 2005 / Foto: Europa Press

Foto: Europa Press

Hace veinte años, cuando había un incendio en una zona rural, forestal o de campo, se encargaban de apagarlo labradores, campesinos y agricultores de la zona más cercana y como pudieran. El Gobierno mandaba alguna ayuda en casos muy extremos, pero eran los habitantes de las zonas los que tenían que atacar las llamas.

Por ello, desde el año 2000, la iniciativa de crear un cuerpo especializado que se dedique a apagar los incendios forestales y rurales nace de la mano de sindicatos, concretamente de Comisiones Obreras. Que existiera un cuerpo especializado en ello se hizo además aún más necesario cuando en julio de 2005 un descuido de unos excursionistas en una barbacoa provocara el mayor incendio en la historia de Castilla-La Mancha, cobrándose la vida de un retén completo de once personas y quemando más de 10.000 hectáreas de terreno en Riba de Saelices (Guadalajara) y otros pueblos de la provincia. La gestión que hizo el entonces gobierno socialista de aquel incendio fue muy criticada porque no se elevó la alerta al nivel máximo hasta que fallecieron las once personas.

En 2008 nace 'Gestión Ambiental de Castilla-La Mancha S.A.' (GEACAM en sus siglas), una empresa pública que concentra todos los efectivos anti-incendios de todas las provincias bajo un único cuerpo y que se encargará de la extinción de los incendios forestales así como de la prevención de los mismos. "Antes cada pueblo trabajaba con sus propias medidas. Así se creó un ente público de gente preparada, formada y especializada", según José Sánchez de los Silos, secretario general de la Federación Agroalimentaria de Comisiones Obreras en Castilla-La Mancha.

Cartel Geacam, Castilla-La Mancha / Foto: Europa Press

Foto: Europa Press

"Mejoró muchísimo la atención. Había profesionales en todas las provincias muy preparados. La provincia de Albacete siempre iba un poco por delante. Y en 2011 ya había una plantilla que trabajaba doce meses al año". Y es precisamente en 2011 cuando el nivel de incendios forestales y rurales en Castilla-La Mancha llega al mínimo. 2.500 personas trabajaban en el operativo contra incendios que se activa en los meses de más calor en la comunidad en aquellos años para precisamente que lo ocurrido en Riba de Saelices seis años antes nunca volviese a pasar. Trabajando además doce meses porque, como dicen los propios trabajadores, "los incendios no se apagan cuando nacen; se apagan en noviembre, diciembre y enero. Cuando se limpian los montes y se crean los cortafuegos, cuando el campo precisamente se prepara para que no pase nada en verano". Unas 1.700 personas trabajaban todo el año y otras 800 reforzaban el cuerpo en época de extinción, como ellos lo llaman. GEACAM se convierte en la mayor empresa pública de Castilla-La Mancha (sin contar la propia Administración, lógicamente).

Trabajan junto a otros organismos. Con Tragsa, la empresa estatal de acciones forestales, agentes medioambientales, y vecinos de las zonas en casos extremos, junto a medios de otras comunidades cuando son incendios en zonas cercanas a las fronteras autonómicas, que se refuerzan mutuamente cuando lo necesitan. Este verano se pudo ver a efectivos de GEACAM trabajando en Murcia o la Comunidad Valenciana, por ejemplo, mientras que cuando ha hecho falta han sido los de otras regiones los que han venido. Los incendios no entienden de fronteras.

Bombero en incendio de Riba de Saelices (Guadalajara) en 2005 / Foto: Europa Press

Uno de los bomberos en el incendio de Riba de Saelices (Guadalajara) en 2005 / Foto: Europa Press

"En la temporada 2010-2011 pasaron de ser jornaleros a bomberos especializados. Pero eso se acabó". En 2012, dentro de los recortes de Cospedal, GEACAM pierde casi un tercio de sus trabajadores. Seis EREs en tres años, sentencias judiciales, cambios de contratos... un empeoramiento de las condiciones que empieza por cambiar de régimen a los trabajadores que pasan a ser fijos discontinuos en contra de la ley, que dice que deben hacerlo de manera voluntaria. Sin embargo la Junta de Comunidades les cambia el contrato de manera forzada, empezando un 'rosario' de sentencias judiciales posteriores.

Ahora solo quedan 1.700 trabajadores del operativo contra incendios, a los que hay que sumar 200 técnicos. Solo trabajan nueve meses al año, mientras que en invierno están en el paro. GEACAM no existe entre noviembre y febrero. "Negociar fue imposible. Decían que era una crisis temporal y nosotros lo entendimos, y propusimos un Expediente de Regulación Temporal de Empleo, pero que se respetara los doce meses de trabajo. Expedientes de extinción laboral, un ERE anulado por el Tribunal Superior de Justicia de Castilla-La Mancha, un recurso presentado por la Junta en el Supremo que fue aceptado, otro ERE impuesto...", según José Sánchez. Los empleados de GEACAM pasaban más tiempo manifestándose por sus derechos que en los campos manchegos.

"Ahora los retenes están formados por tres o cuatro trabajadores. Antes eran de diez u once. Y solo en época de extinción. Pero algo de lo más importante es limpiar los montes en invierno. Cuando se limpian los montes es cuando luego en verano no hay incendios, pero ya no se hace. Y en verano, especialmente como este que viene que parece será muy caluroso, eso se paga".

"La intención de la Junta estaba clara: reducir, reducir, reducir, y privatizar. Dejar al mínimo el servicio para luego venderlo. Hablamos de mucho dinero, de un gran negocio. Castilla-La Mancha entera es monte, es la comunidad perfecta. Se pierden trabajadores, se pierde la formación en los últimos cuatro años. En enero se nos promete volver a trabajar doce meses y renegociar el convenio colectivo".

Incendio en Aleas (Guadalajara), julio de 2014 / Foto: EFE

Incendio en Aleas (Guadalajara), julio de 2014 / Foto: EFE

Tres días de julio

La falta de limpieza de montes hace que los incendios repunten: en la provincia de Guadalajara en tres días surgen tres fuegos. Cogolludo, Bustares y Aleas, tres focos de un incendio muy cercanos entre sí. Aquella noche del 19 de julio del año pasado casi 300 personas pasaron la noche intentando sofocar las llamas mientras que ocho localidades y pedanías fueron desalojadas. 700 personas trabajaron durante toda la semana para sofocar los tres incendios que calcinaron más de 2.000 hectáreas.

En septiembre, en Almansa (Albacete), el piloto de un helicóptero que trabajaba extinguiendo un fuego fallecía al estrellarse el aparato. Otras 200 personas trabajaban para extinguir un fuego en los límites con la Región de Murcia, mientras que en Guadalajara los propios alcaldes preguntaban dónde estaban los efectivos cuando se les necesitaba, a pesar de que en Castilla-La Mancha Televisión al alcalde de uno de esos pueblos no se le permitía quejarse. Las Brigadas de Incendios Forestales de Tragsa también se encerraban en toda España para reclamar sus derechos laborales. Con dos bases en Castilla-La Mancha, también se les mandó al paro durante 45 días de invierno y los montes dejaban de limpiarse.

En marzo volvieron a trabajar los miembros de GEACAM. Lo hicieron con un ERE sobre ellos y con la intención de la Junta de cambiar toda la bolsa de trabajo para entrar en el cuerpo. "La idea es cargarse toda la lista que venía de hace un montón de años, de 350 trabajadores, y volverla a hacer de cero. Todos tenían que pasar nuevos exámenes. Aunque tenían experiencia, formación, y más puntos que otras personas, muchos trabajadores quedaban en las listas por debajo de gente desconocida. La idea era meter a los suyos. No nos cabe ninguna duda", indica José Sánchez de los Silos.

Manifestación GEACAM incendios Guadalajara Aleas y Bustares

Manifestación de miembros de GEACAM

Algunos alcaldes han pedido de hecho que GEACAM vuelva a ser lo que era, porque toda su economía depende del campo, de la agricultura, incluso de los puestos de trabajo de los trabajadores del cuerpo. "En Robledo de Cortes -Guadalajara- o en Robledo del Mazo -Toledo- nos decían 'es que sin vosotros no somos nada'". Pueblos que solo tienen el campo, zonas rurales que si se ven engullidas por un incendio especialmente virulento, como el de 2005, acabaría con ellos. "Si no tenemos medios, y si no se limpian los montes, puede ser penoso. Y no se ha hecho. Los trabajadores de GEACAM se han incorporado en marzo a sus puestos de trabajo. Es un desprecio a las zonas rurales, un desprecio a los trabajadores. El clientelismo del campo".

El 19 de mayo fallecían en Luciana (Ciudad Real) en accidente de tráfico dos miembros de GEACAM. Trabajaban en tareas de limpieza del monte por la zona. Una mala suerte de la que solo tiene la culpa el camión que provocó el accidente, pero una pérdida más para un cuerpo al que hasta la suerte le es dispar. Que ahora está en el campo limpiando rápidamente lo que no les han dejado en invierno para que en verano no haya ninguna desgracia.

"Creo que la Ley de Caza también tiene algo que ver con esto indirectamente. Tiene muchas quejas. Que los montes se puedan vender, que con los incendios se puedan vender las maderas... hay mucho negocio en eso". De hecho los periodos de limpieza de los montes coinciden casi totalmente con los de caza, por lo que los efectivos de GEACAM no están en el campo en esos meses. "Todo es un negocio. Privatizar, vender... todo es dinero. Imagina cuánto pueden ganar si este servicio se lo dan a una empresa privada".

Dotación de Geacam, forestales Castilla-La Mancha / Foto: GEACAM

Una de las dotaciones de GEACAM / Foto: GEACAM

El culmen de los recortes llegó el pasado miércoles 27 de mayo, cuando un retén de limpieza del norte de Toledo tuvo que desplazarse hasta Carranque porque comenzó un incendio. Tardaron trece horas en poder apagarlo junto a otros medios. En ese tiempo desde la dirección de GEACAM les mandaron comida por la mañana pero se negaron a mandarles nada para la noche, ni agua. "Buscaros las mañas", fue la respuesta de la dirección que aludía que "no vale la pena que desplacemos a alguien para daros comida y agua por cuatro personas". Bomberos a los que ni sus jefes les mandan agua (la ley dice que deben recibir un litro de agua por hora para beber). "Lo decimos ahora que no ha pasado nada, pero podríamos estar hablando de una desgracia. Cuando se está en un incendio se pasa mucho calor, la deshidratación es enorme". Todavía no se ha dado ninguna explicación de por qué no se les envió víveres ni ha dimitido nadie, no ha habido siquiera una declaración de ninguna autoridad. Unos bomberos a los que sus jefes les mandan 'solos contra el fuego'.

"Los trabajadores tiene miedo. Nadie quiere hablar. Conocemos este caso porque un delegado sindical era uno de los miembros del retén, pero hay muchos más que no se conocen, muchos más. Pero hay miedo a que les despidan. Ahora hay esperanza. Esperan que todo cambie, que puedan volver a trabajar doce meses, están recuperando la ilusión. Los pueblos corren riesgos y GEACAM permite la subsistencia de ellos. Y eso esperan del nuevo gobierno. Nuestros campos no pueden tener precio".

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