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Lo que cuesta informar

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“I mantindrem el foc. 

I la vella conversa.

La mateixa paraula.

L’antiga veritat.

I el que pensem dels homes.

I alguns que ens oblidaren.

I uns altres que fugiren.

I uns altres que pujaren

al infern per nosaltres.”

Emili Rodríguez- Bernabeu, Alacant (1992)

Las condenas a dos periodistas marroquíes, Omar Radi y Soleiman Raisuni, por supuestos delitos sexuales han reactivado las alarmas en los medios concienciados sobre lo que reflejan  los informes de las organizaciones profesionales de prensa. La profesión periodística es de las más peligrosas en su ejercicio. No sólo para los corresponsales de prensa o en las misiones informativas en zonas en conflicto bélico abierto. Hay una guerra declarada en el campo político contra periodistas y medios de comunicación. A veces cruenta. Otras sin víctimas heroicas. Aquellas que amenazan igualmente en una atmósfera enrarecida de miedos, soledades y conminaciones. Por habitual, la persecución al periodista por regímenes políticos,  mafiosos o grupos de presión económica, se minusvalora. Habría de ser el estamento político institucional quien se erigiera en primer defensor a ultranza de la independencia de la prensa en el desempeño de su trabajo. A nivel personal, del informador “free lance” y colectivo, en la misión de proteger a los ciudadanos y a la sociedad. Frente a los depredadores políticos, sociales y económicos que empiezan y acaban en su egolatría y su degradación humana.

Basura política

Los resortes políticos que ejercen en la sociedad actual constituyen el principal enemigo al que se enfrenta el profesional de la información. En dos frentes. El gubernamental, de los que están en ejercicio del poder y el de la oposición.  En España tiene diferentes ramificaciones: los grupos de presión económica, a menudo a la caza de periodistas y medios de comunicación para controlarlos. Los confesionales ortodoxos de la Iglesia Católica Apostólica y Romana y de otras obediencias, que sienten la vocación dominadora sobrenatural. Los deportivos, en cuyo entramado se mueven cantidades astronómicas de dinero, de influencia y de prácticas mafiosas. Si falla el peldaño político está en peligro todo el edificio de la comunicación. Y los políticos han de renunciar a la tentación de intervenir y mediatizar a los trabajadores y a los medios informativos por muchos motivos. Primero y principal, porque es su obligación primera. Segundo, porque los medios de comunicación libres defienden a la sociedad en democracia. Tercero, porque quien consigue el poder ha de ser consciente de que, antes o después, tendrá que dejarlo y las prácticas perniciosas en el mundo de la comunicación se heredan. Quienes están en la oposición recogerán un sistema viciado que utilizarán en contra de quienes gobiernan hoy. Cuarto, porque el conjunto de medios y profesionales que constituyen el mundo de la comunicación en un territorio es delicado y complejo. Si se destruye o se pervierte, es de difícil reposición. Es extremadamente difícil conseguir credibilidad profesional como periodista y mucho más complicado parir y consolidar un medio de comunicación sin dependencias inconfesables y fines espurios. La Generalitat Valenciana del Botànic ha cometido el pecado original de no liderar la defensa y la protección de los medios y los profesionales informativos, que cumplen con los principios de libertad, independencia y objetividad.

Periodistas indefensos

La Generalitat Valenciana lejos de fortalecer al sector de la comunicación,  de acuerdo con los principios de la vieja libertad, ha sucumbido a la claudicación de participar, en  inferioridad de condiciones, en la carrera por la intervención. Las operaciones burdas en este campo tienen un coste alto para quien las promueve desde la función pública. Los medios presuntamente afines, como ocurre entre los espías, pueden tener más de un señor al que servir. Los periodistas considerados alineados o comprados, en función de su precaria situación laboral y retributiva, optan por la oferta que les sugiere mejor perspectiva. Estos métodos, al igual que la entente con cadenas y medios de comunicación, por el procedimiento de “ tú me ayudas y yo te resuelvo tus problemas de financiación”, no suelen funcionar a medio y largo plazo. Primero: no incluyen la protección de las plantillas de periodistas para asegurar la estabilidad informativa de calidad. Segundo: únicamente responden al  “do ut des” de reciprocidad entre la cúpula política y las cúspides empresariales editoras. No incluyen a los informadores ni a los escalones intermedios. Tercero: los lectores y las audiencias advierten la complicidad en los medios gubernamentales y de partido. Es el principio del fin de su credibilidad. Cuarto: con el tiempo, quien se siente protegido por estos procedimientos perversos para combatir a otros, acaba sucumbiendo por el mismo sistema. Cuando se revuelve contra él. Quinto: la razón de ser de los medios y los profesionales de la comunicación no se violenta gratuitamente sin consecuencias.

Instituciones y medios

En la gestión institucional de la comunicación sólo hay una línea recta que se tiende a ignorar desde el poder establecido. El tratamiento de la comunicación exige diferenciar desde qué lado de la trinchera se desarrolla. Las instituciones públicas han de ser rigurosas en sus relaciones con medios y periodistas, aún a riesgo de perder el pulso con la prensa. En periodismo los hechos y la verdad acaban ganando la batalla. Las instituciones están obligadas a proteger la libertad de prensa y de expresión. Porque en la tensión informativa prevalece el derecho de los ciudadanos a estar suficientemente informados, desde la objetividad y la máxima calidad de las opiniones y las noticias. Nunca los medios de comunicación de titularidad pública pueden sustituir la existencia y la pervivencia de la prensa privada. Nacida de iniciativas ciudadanas o asociativas. Con un proyecto editorial participativo y legítimo. Por este motivo el sector público no debe inteferir directa o indirectamente en el panorama de la comunicación dentro del territorio de su  área de vida en común. Los medios de comunicación públicos sólo habrían de existir, ante la necesidad contrastada que puede tener la sociedad de disponer de un determinado servicio informativo. El que la iniciativa privada no presta ni está dispuesta a afrontar con garantía de calidad, por sus intereses empresariales.

Cuando la prensa no funciona

Es inadmisible y contraria a derecho la intromisión de los poderes y los partidos políticos en el entramado de la comunicación. Es peligrosa la connivencia de los medios privados con formaciones políticas y el sector público. La prensa y el periodismo exigen libertad para ejercer su misión para la sociedad. Los trasvases de profesionales entre administración y medios, la canalización informativa a base de primicias y filtraciones, la obtención desequilibrada de campañas y convenios remunerados que no se justifican por las audiencias auditadas, el cerco y persecución de los profesionales “molestos”, la amplificación desmedida de acontecimientos y perfiles noticiables desmedidos, el apartamiento de periodistas incisivos mediante presiones o por el método de alejarlos de la actualidad con puestos mejor remunerados o en destinos en el extranjero, constituyen prácticas frecuentes que afectan a la calidad de la comunicación en la Comunidad Valenciana. Deterioran el trabajo de profesionales difíciles de reemplazar y perjudican la estabilidad de los medios privados. Son intromisiones de los poderes públicos en el mundo de la comunicación en contra de los derechos de los ciudadanos. Son ellos, mediante sus impuestos, los que finalmente contribuyen, sin saberlo, a una actuación ilegítima. Que merma la calidad del caudal informativo y de opinión que necesita la sociedad para la conformación de la opinión pública. Los medios de comunicación no existen para vender vajillas, ni televisores, ni comercializar bandejas ni pegatinas. La prensa pierde la partida cuando intenta sobrevivir dedicándose a lo que no le corresponde y abandona su misión informativa. De creación de opinión y de entretenimiento para sus lectores. Los medios que superan las dificultades económicas y se consolidan son los que consiguen que el contenido de sus periódicos y emisoras sea valorado por sus audiencias. Hasta el extremo de que el seguimiento de estos soportes informativos sea necesario e irremplazable para sus lectores, suscriptores y asociados.

Vencer al periodista

A lo largo de los últimos años se ha repetido la acción criminal para eliminar al periodista. El mensajero. En operaciones turbias donde resulta difícil determinar la autoría y la complicidad de los grupos delictivos para matar personas e intimidar a la sociedad. Los periodistas marroquíes son un síntoma reciente. A menudo aceptamos que un periodista avezado si perece víctima de un atentado, un chantaje o una amenaza, su desgracia forma parte de su riesgo profesional. No es así. Cuando se presiona o se siega la vida de un profesional de la información se está atacando a la esencia misma de la democracia y de la sociedad. Contra todos y cada uno de nosotros.

Víctimas

Se va a cumplir el tercer aniversario del  “asesinato brutal, premeditado, planeado y perpetrado” según la relatora especial de la ONU, Agnès Callamard, del periodista saudí Jamal Khasshoggi. Eliminado en el consulado de su país en Estambul. Donde fue torturado y descuartizado por quince sicarios ante la impasibilidad del gobierno turco de Erdogan. Mientras tanto periodistas rusos son perseguidos y encarcelados por el gobierno autoritario de Putin. Giorgos Karaivaz, veterano reportero especializado en investigación criminal, recibió seis balazos en Atenas. En 2018 Jan Kuciak, periodista que destapó casos de corrupción, fue asesinado junto con su novia en Bratislava. En 2017 pude asistir al duelo con manifestaciones en La Valeta, en Malta, por el crimen con bomba activada a distancia de la periodista Daphne Caruana Galizia, que molestaba a la mafia maltesa. La investigación provocó una crisis de gobierno en la isla. Los periodistas, acostumbrados a vivir peligrosamente, acaban rememorando la desgracia con abundantes ramos de flores y unas cuantas velas. Todos sabemos que los hechos espeluznantes no son aislados ni se pueden separar del caldo de cultivo que a diario los propicia.  Hace unos días el periodista Peter R. de Vries, valioso colaborador de la policía de Amsterdam, fue tiroteado y finalmente asesinado por la mafia holandesa. Quien va a la guerra o se adentra en zona peligrosa sabe el riesgo que corre. Quien trabaja en paz necesita que la justicia le proteja. No se puede mirar hacia otro lado ni aceptar, ni silenciar, las intromisiones sistemáticas de los grupos de presión política, económica, delictiva y criminal.  Ya es una aceptación claudicar y facilitar la actuación de intereses contrarios a la verdad, a la justicia, a la transparencia y a la libertad de prensa, que vela por todos nosotros. Los héroes necesitan defensa, respaldo y solidaridad.

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Publicado el
21 de julio de 2021 - 09:38 h

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