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Nunca el tiempo es perdido

Así reza una preciosa canción de uno de los grupos musicales con más solera y querido de nuestro panorama musical español, todo y que en nuestra última columna “El pacto de la burla” evidenciábamos la figura de un Gobierno de la Generalitat del PP a la deriva, en el que su único afán es el de amarrarse al poder, por alto e inmoral que sea el precio político que haya que pagar. Esto es, no importa recurrir a los viejos fantasmas del pancatalanismo ya archirrecurridos por los sucesivos gobiernos conservadores hasta la fecha.

Frente a esta imagen del despropósito, de búsqueda de la confrontación entre personas, y la sectaria y fraudulenta imagen de un Consell que expide carnets de valencianía (cabe aquí recordar el reproche del presidente de la Cierval Jose Vicente Gonzalez al Consell en esta línea) y que olvida lo que es importante y prioritario, es decir, la aplicación de medidas urgentes que fomenten la reactivación de la economía a través del tejido productivo de esta Comunidad, nos encontramos con la figura de un valenciano que lamentablemente ya no se encuentra entre nosotros: Antonio Rico.

Antonio Rico representó la figura del impulsor de la innovación en la Comunitat Valenciana. Entre los muchos de sus logros desarrolló el Instituto de la Pequeña y Mediana Industria Valenciana (Impiva), una institución clave en el desarrollo de la investigación tecnológica en la Comunidad Valenciana. Por cierto, el Impiva ha desaparecido este mismo año en la reorganización del sector público.

Rico, que fue el primer director del Impiva desde 1984 hasta 1993, también impulsó la creación de la red de Institutos Tecnológicos y del Parque Tecnológico. Tomando decisiones en un momento en el que estaba por definir el futuro del tejido industrial valenciano, compuesto mayoritariamente por pymes y enfrentado a los países emergentes con bajos costes en salarios y a los países industrializados.

Más allá de definirlo por quienes le recuerdan como una persona que destacó por su honestidad y transparencia en la negociación; su responsabilidad, honradez e integridad en la gestión pública y su amabilidad, educación y calidad humana,durante los años en los que Rico estuvo al frente del Impiva se sucedieron los hitos en la formación de la red de innovación valenciana.

La creación del Instituto de la Pequeña y Mediana Empresa (Impiva), la constitución de las asociaciones de empresas que dieron lugar a los Institutos Tecnológicos de Cerámica (Aice) y del mueble (Aidima), la red de Institutos Tecnológicos, la creación de la Asociación de Diseñadores de Valencia y la Asociación de Terciario Avanzado, el desarrollo del Instituto de Biomecánica y el Instituto Tecnológico de Óptica, la Asociación para el Desarrollo Empresarial y la Innovación Tecnológica (Adeit), la creación de los Institutos Tecnológicos del Sector del Metal (Aimme) y el Agroalimentario (Ainia) o la creación de los Institutos Tecnológicos de Envase y Embalaje (Itene) y de Diseño Cerámico (Alicer) entre un largo etcétera, como evidencia de que en esta Comunidad, la apuesta por las políticas de innovación constituían un eje estratégico fundamental para el desarrollo económico y la generación de puestos de trabajo.

Por concretar, frente a este marco acontecido hasta mediados de los noventa de innovación, de energía transformadora, de revolución… Cabe preguntarse si frente al espejo de lo que ya ocurrió, y que pueden algunos recordar con más o menos orgullo, en estos últimos veinte años ha existido una apuesta decidida por un modelo de política industrial clara por parte de los sucesivos gobiernos del PP al frente de la Generalitat Valenciana.

Honestamente considero que la cuestión implica una cierta retórica y se responde con otras preguntas: ¿qué ha sido del tejido industrial valenciano pese a las muchas voces de alarma solventes y cualificadas de la comunidad científica, de las organizaciones sindicales y empresariales? ¿Cuál ha sido la respuesta por parte de los sucesivos gobiernos del PP en la Comunidad Valenciana? ¿Ha sido el sector de la industria una prioridad estratégica en los últimos veinte años de gobierno del Consell? El tiempo ha evidenciado que en lugar de haberse trazado una línea de políticas al servicio de la industria, de la economía, de las personas, se optó por un modelo basado en el oportunismo y la administración al servicio del negocio de unos pocos en los que los grandes eventos, el folclore y el boato que nos hacía creer, insisto, que nos hacía creer, que éramos mejores quedó en eso: en creencias.

Y que tal vez, como reza la canción habría que preguntarse ahora, ¿nunca el tiempo es perdido?

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