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Las 10 cosas que debes hacer para proteger tu salud durante un viaje

Los viajes a destinos lejanos tienen mayores riesgos para la salud.

Martín Frías

2 de julio de 2026 22:02 h

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Todos los viajes, incluso los más sencillos, tienen algo de aventura y, por tanto, de riesgo. Las urgencias médicas pueden arruinar nuestras vacaciones (y a veces nuestra economía), pero no son imprevisibles. La mayoría responden a patrones que se repiten: la famosa diarrea del viajero por descuido con el agua o la comida en el país de destino, el golpe de calor o las quemaduras por subestimar el sol y saltarse el protector solar, picaduras que no se tratan a tiempo, o simplemente llegar a un hospital extranjero sin tener una cobertura adecuada.

Conocer los riesgos según el destino al que vayamos, y tomar precauciones antes de salir reduce enormemente la probabilidad de que el viaje acabe en tragedia. Estas son las medidas más recomendables.

Un seguro médico de viaje con cobertura real

La tarjeta sanitaria europea cubre la atención de urgencias en países de la Unión Europea en las mismas condiciones que los residentes locales, pero no incluye el traslado médico ni la cobertura en países fuera de la UE, y esto puede ser ruinoso en países como Estados Unidos, donde los precios de la atención médica pueden triplicarse. Un seguro de viaje con una cobertura médica amplia (que incluya repatriación en caso de accidente) es imprescindible para cualquier destino no comunitario y muy recomendable para viajes de larga duración en Europa. Hay que verificar que la póliza cubra las actividades previstas durante el viaje, ya que muchos seguros excluyen deportes de aventura o buceo, que requieren un seguro aparte.

Vacunarse

Entre cuatro y seis semanas antes de la salida a un destino exótico, hay que acercarse a la consulta del médico. Las vacunas específicas para algunos destinos (fiebre amarilla, hepatitis A y B, tifoidea, meningocócica, fiebre tifoidea, rabia) requieren algún tiempo para producir inmunidad y, en algunos casos, varias dosis, y no se pueden dejar para el último momento. La consulta también permite saber si es necesaria la profilaxis antipalúdica contra la malaria, que debe iniciarse días antes de llegar a la zona de riesgo.

Informarse sobre el agua y la comida en el destino

La diarrea del viajero es la enfermedad más frecuente en los viajes internacionales, y afecta a entre el 30% y el 50% de los viajeros a destinos de riesgo alto (Asia, América Latina, África subsahariana) y casi siempre se produce por consumir agua o alimentos contaminados. Las reglas básicas son de sentido común: beber solo agua embotellada o hervida (también para lavarse los dientes), evitar el hielo si no conocemos el origen del agua, no comer alimentos crudos de origen desconocido ni marisco en zonas sin garantías sanitarias, y priorizar alimentos cocinados y servidos calientes. Llevar sobres de suero para rehidratarse y loperamida (Fortasec o Imodium) puede evitar que la diarrea arruine varios días del viaje.

Protección del sol desde el primer día

El primer día de exposición es el más peligroso, ya que la piel no tiene melanina acumulada y la sensación de temperatura baja (especialmente en primavera y a altitudes elevadas) produce una falsa sensación de seguridad. Es imprescindible usar un filtro solar de SPF 30 o 50 en zonas expuestas, reaplicarlo cada dos horas y limitar la exposición directa entre las 12:00 y las 16:00. Las personas con medicación fotosensibilizante (algunos antihipertensivos, antibióticos o antidepresivos) necesitan precaución adicional.

Prevenir el golpe de calor y la deshidratación

Las temperaturas extremas del verano, especialmente en destinos mediterráneos, del Caribe o del sudeste asiático, pueden producir agotamiento por calor o golpe de calor en unas pocas horas. Beber agua con regularidad (sin esperar a tener sed), evitar el alcohol en exceso durante las horas más calurosas, llevar ropa ligera y de colores claros, y ponerse a la sombra en las horas punta de calor son las medidas básicas.

Protegerse de los mosquitos y otras picaduras

En destinos tropicales o subtropicales, los mosquitos transmiten malaria, dengue, zika, chikungunya y fiebre amarilla. La protección más habitual es usar repelentes con DEET o icaridina en zonas expuestas, pero también conviene llevar ropa que cubra brazos y piernas al anochecer y dormir con mosquitera cuando sea necesario. En zonas de riesgo de malaria, además, tomar los fármacos para la malaria como profilaxis es imprescindible antes, durante y después del viaje.

Cuidado con los reptiles, insectos y otros animales

Las mordeduras de animales, especialmente de perros en países donde la rabia es endémica, son muy peligrosas. Hay que limpiar inmediatamente la herida con agua y jabón y buscar atención médica urgente para recibir la vacuna antirrábica. En zonas costeras o de selva, hay que conocer de antemano qué animales peligrosos existen en el destino (medusas, serpientes, arañas, erizos) y saber cómo actuar ante una picadura o mordedura. Ante cualquier picadura con síntomas graves, como dificultad al respirar, bajada de tensión o edema, acudir a urgencias.

Cuidado en el avión y al bajar del avión

Los vuelos largos favorecen la deshidratación (la humedad en cabina está por debajo del 20%, más seca que el Sahara), y también el estreñimiento y el riesgo de trombosis venosa profunda por tantas horas en el asiento. Hay que beber agua, mucha agua, con frecuencia, evitar el alcohol durante el vuelo, levantarse y caminar en vuelos de más de cuatro horas. Las personas con más riesgo, como las que han tenido una cirugía reciente, embarazo, o antecedentes de trombosis, deben consultar a su médico y si es necesario llevar de medias de compresión o tomar anticoagulantes.

Preparar el botiquín para destino

No todos los botiquines sirven para todos los viajes. Lo básico es incluir el protector solar, repelente de insectos, suero oral, loperamida, paracetamol o ibuprofeno, antiséptico y apósitos, un antihistamínico oral, preservativos (en algunos países en vías de desarrollo no cumplen los estándares internacionales) y la medicación que tomemos habitualmente. En viajes a zonas más remotas, tiras de sutura y guantes estériles para las heridas.

Gestionar el jet lag

Los cambios de zona horaria pueden afectar al sueño, al estado de ánimo y al rendimiento cognitivo durante días. La exposición a la luz natural al llegar al destino es la medida más inmediata, así como comer a las horas locales y evitar alcohol y somníferos.

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