“¿Por qué tengo alergia ahora si nunca me ha dado?”: Una alergóloga explica el aumento de casos en adultos

La aparición de una alergia no es fruto del azar, sino de una compleja mezcla entre nuestra herencia y el entorno.

Paloma Martínez Varela

7 de abril de 2026 16:33 h

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Una persona que nunca ha tenido problemas en primavera, de repente, empieza a experimentar picores o estornudos constantes pasados los treinta años. Esta situación, que a priori puede parecer improbable, no solo es posible, sino que es “cada vez más frecuente” en la consulta clínica, confirma la doctora Isabel Fernández de Alba, alergóloga en la Clínica Thodos y el Hospital Universitario de Jaén.

La genética y el exposoma

“Puede suceder sobre todo por la exposición ambiental, es decir, por el exposoma, que simplemente quiere decir que estamos muy condicionados por aquello a lo que nos exponemos, además por la combinación de los factores genéticos”, explica Fernández de Alba.

“Yo se lo explico a los pacientes como que son papeletas, no es que vaya a heredar la misma alergia que tiene mi padre, pero voy a heredar lo que llamamos técnicamente una condición atópica que va a hacer que sea más fácil, o que yo tenga más probabilidad, de tener una alergia en el futuro, la que sea”, aclara la doctora.

Así, la aparición de una alergia no es fruto del azar, sino de una compleja mezcla entre nuestra herencia y el entorno. Precisamente, uno de los factores que destaca la alergóloga como más relevantes es el modo en el que la contaminación y los cambios bruscos de temperatura han modificado los alimentos, las plantas y, en general, nuestro entorno.

“En concreto se ha estudiado muchísimo el modelo en el melocotón, y se ha visto que los actuales expresan mucha más proteína de defensa que la que expresaban hace diez años, porque se les somete a una serie de pulidos, a una maduración exprés en unas cámaras frigoríficas, a unas contaminaciones...”, comenta la experta. 

“Los vegetales en general están estresados y están defendiéndose de forma más agresiva, y esas proteínas de defensa que expresan en las membranas y en las semillas son las que a nosotros nos dan más alergia”, aclara Fernández de Alba. Lo mismo sucede con el polen, que al estar “más agobiado por esa contaminación”, resulta más agresivo al entrar en contacto con nuestra nariz, “es masivo”, califica.

El mito de la costumbre

Hay quien cree, erróneamente, que por haber estado expuesto de forma continuada a algo, es imposible desarrollar alergia a ello. Sin embargo, la ciencia demuestra precisamente lo contrario: para ser alérgico a algo, primero el sistema inmune debe haberlo reconocido y, con el tiempo, “haberse equivocado” al identificarlo como una amenaza.

“Cuantas más veces se contacta con esa proteína, más fácil es que en un momento dado el cuerpo se equivoque y reconozca como una amenaza eso que no debería serlo”, aclara la doctora. “Muchos pacientes me dicen ‘pero es que llevo comiéndolo toda la vida’, por ejemplo, un plátano, ‘es que es la única fruta que me gusta’, claro, pues más fácil es que tengas alergia al plátano. También se entiende muy bien con la alergia a los medicamentos, porque es más fácil que las personas mayores y polimedicadas desarrollen una reacción”, ejemplifica. 

Esto explica por qué personas que se mudan de ciudad o país pueden desarrollar alergias a especies locales (como el olivo en el sur de España) tras pasar varias primaveras allí. Entonces, ¿pueden desarrollar menos alergias quienes acaban de mudarse de ciudad o país que quienes están acostumbrados a las especies locales?

“No está tan bien estudiado científicamente, pero en la experiencia clínica sí que vemos que al cambiar de forma radical la exposición, es de nuevo más fácil que se altere el reconocimiento, o sea, que realmente sí suframos alergia. Lo vemos muchísimo en pacientes extranjeros que no han tenido una exposición al olivo en su país y que a los años de llegar a aquí, de pasar varias primaveras, desarrollan esa alergia”.

La alergia puede manifestarse de forma leve, como un picor en la boca al comer una fruta, como en el caso del síndrome de alergia oral, pero también puede evolucionar a cuadros graves como la urticaria generalizada o la anafilaxia, una reacción mortal que requiere adrenalina.

“Si está correctamente diagnosticada, suele permanecer en el tiempo”, advierte Fernández de Alba, que recomienda acudir al especialista cuando los síntomas afecten la calidad de vida.

“Los síntomas respiratorios mejoran mucho con las vacunas de alergia, muchas veces la gente no sabe que puede vacunarse frente a la alergia a los pólenes, frente a los epitelios de los animales que tienen en casa o frente a los ácaros o los hongos de la humedad, se mejora una barbaridad”, asegura la alergóloga.

“Incluso existen tratamientos para curar la alergia a los alimentos, que es todavía más desconocido, se aplica sobre todo en los niños porque es más frecuente la alergia al huevo, a la leche, o los frutos secos, y somos capaces de modificar el sistema inmune para que se toleren esos alimentos que dan alergia”, añade.

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