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Los alimentos con más pesticidas, según la EFSA (y cómo limpiarlos)

Frutas y verduras.

ConsumoClaro

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Nuevo macro estudio de la Agencia Europea de Seguridad Alimentaria (EFSA) sobre la presencia de pesticidas en productos alimentarios de origen animal, así como en frutas, verduras y hortalizas comercializadas en la Unión Europea, Islandia y Noruega. Los resultados se basan en controles oficiales realizados a lo largo de 2021 por cada estado miembro.

Para llevarlo a cabo, se realizaron durante todo el año controles aleatorios en muestras de los siguientes doce productos: berenjenas, plátanos, brócoli, setas cultivadas, pomelos, melones, pimientos dulces, uvas de mesa, aceite de oliva virgen, trigo, grasa de bovino y huevos de gallina.

Las conclusiones revelan que solo el 3,9% de los productos analizados mostraban cantidades de pesticidas superiores al límite máximo o permitido por la legislación.

Un 5,5% de los productos analizados no mostraron rastros de pesticidas, mientras que el 90,6% mostraron presencia de estos, pero por debajo del límite máximo permitido.

En cuanto al pesticida más detectado fue el óxido de etileno, en el 6,6% de las muestras por encima del límite, así como los diotiocarbamatos y los compuestos de cobre, que se usan como fungicidas.

Los productos analizados con mayor incidencia de pesticidas

Los productos con mayor detección de pesticidas fueron los pomelos (un 9,1% de ellos los presentaban), seguidos de los pimientos dulces, los plátanos, los champiñones, las uvas de mesa, las berenjenas, el brócoli, el trigo, los melones, el aceite de oliva virgen, la grasa de bovino y finalmente los huevos, que no contuvieron pesticidas en ninguno de los casos.

La EFSA concluye que la tasa de incumplimientos va en aumento en berenjenas, plátanos, pimiento dulce y hongos cultivados con pesticidas, según los datos registrados en los controles respecto a 2018 y 2015, años anteriores en los que se realizó el control.

En el caso del pomelo, se produce una subida espectacular de 8,18 puntos porcentuales respecto a 2018 y de 9,1 puntos respecto a 2015, año en que no se detectaron. La EFSA achaca esta subida a la falta de controles en un producto que se importa de fuera de la UE.

Por el lado contrario, brócoli, huevos de gallina, melones, uva de mesa y aceite de oliva han mejorado sus niveles en la serie histórica 2015, 2018 y 2021. Estos datos hacen que los indicadores generales sean de mejora y por tanto la EFSA declare el riesgo de exposición a pesticidas en la UE como bajo. 

Una legislación más dura, un temor más amplio

Esta situación de bajo riesgo no siempre ha sido la misma y en buena parte se debe al endurecimiento de los requisitos para exportar alimentos a la UE, que fijó el Parlamento Europeo.

Pero ya sea por la presión mediática en contra del uso de herbicidas, por un mayor conocimiento de las técnicas agrícolas por parte de los consumidores o por la desconfianza en el origen de los productos que nos genera la globalización, los pesticidas se han vuelto una de nuestras obsesiones.

Estamos en nuestro derecho al exigir unos productos agrícolas que nos lleguen en las mejores condiciones deseables, ya sea en materia de bacterias, virus o pesticidas, pero la realidad es que aunque se les apliquen lavados industriales o preventivos, la mayor parte de los productos de huerta o frutal no pueden garantizarnos un 100% de higiene, por lo que siempre es preceptivo aplicarles una serie de tratamientos que asegurarán la limpieza del alimento en mayor medida. 

El objetivo es eliminar posibles contaminaciones de pesticidas, pero también por bacterias como Eschericia coli, Salmonela, Listeria o Shigella —las más comunes y causantes de intoxicaciones gastrointestinales severas—, así como posibles contaminaciones por Novovirus, en las hortalizas de ensalada.

 La Universidad Estatal de Oregón y la Agencia de Protección Ambiental de los Estados Unidos han elaborado un protocolo de limpieza que se resume en los apartados que vienen a continuación.

La selección, un primer paso

Para empezar a ser precavidos deberemos seleccionar en el lineal del supermercado, en la frutería o la verdulería los productos frescos que no tengan hoyos ni cortes en su superficie, ya que los mismos suponen una ruptura en la la barrera que es la piel del vegetal, en caso se ser un fruto o una hortaliza.

El motivo es que por la herida pueden haber penetrado los pesticidas; no debemos confundir esta precaución con el descarte de la comida fea, que es perfectamente comestible.

Seremos especialmente cuidadosos en la selección de los tomates, las lechugas, las coles, pepinillos, etc., ya que están entre los más susceptibles de tener contaminación química debido a los tratamientos que se les aplican. Aún así no debemos rechazarlos, porque los restos de herbicidas pueden ser perfectamente eliminados. 

Lo siguiente que haremos al llegar a casa es sacarlos de las bolsas y guardar primero los vegetales. Luego nos lavaremos las manos y después sacaremos y guardaremos donde deseemos la carne y el pescado. El objetivo de esta maniobra es evitar contaminaciones cruzadas tanto de gérmenes como de pesticidas desde los vegetales a otros alimentos.

Lavar antes de consumir

Los vegetales, ya los hayamos guardado en la nevera o fuera de ella, solo se lavarán justo antes de su consumo. La razón de este proceder es que si los lavamos justo al llegar a casa de la compra, es muy posible que eliminemos los pesticidas, pero dejaremos la pieza húmeda.

Con ello permitiremos el crecimiento de diversos gérmenes que aprovechen el agua que dejamos entre las hojas o en la superficie del fruto u hortaliza. En cambio, si lavamos justo antes de consumir, no damos tiempo a que haya crecimiento bacteriano. 

Debemos recordar que el pesticida no está en el interior del vegetal, por lo que el lavado superficial será suficiente. No obstante, cada pieza y producto, por sus características, requerirá de su lavado específico.

Por ejemplo, en el caso de lechugas, coles y hortalizas de estructura similar, deberemos descartar las hojas exteriores y tirarlas, pues pueden estar muy contaminadas.

El resto del producto lo deshojaremos y lavaremos con agua corriente asegurando que no queden restos de tierra o productos químicos; el tronco podemos comerlo pero lavado. 

En el caso de espinacas, acelgas, borrajas y similares, cortaremos los tallos y pondremos las hojas en un colador ancho donde dejaremos pasar el agua corriente mientras las frotamos para remover posibles elementos. Es preferible no dejarlas un rato en agua estancada porque se puede producir una cesión de elementos hidrosolubles —vitaminas C, B, folatos, etc.— al medio, con lo que se perderían para su consumo.

La importancia de un buen cepillo

En cuanto a las infructescencias como fresas, frambuesas, moras, etc., deberemos lavarlas en agua corriente pero sin frotarlas con violencia, ya que posibles heridas en su pulpa pueden ser fuente de contaminaciones. En el caso de hortalizas y frutas de piel dura que queramos eliminar, también es mejor lavar la pieza y luego lavarnos las manos antes de pelarla.

Así evitamos que las contaminaciones pasen a nuestras manos y luego a la pulpa. Este consejo vale para peras, melocotones, ciruelas o manzanas, pero también puede ser útil para ajos o cebollas; aunque por su condición de bulbos estarán menos sometidas a contaminaciones por pesticidas.

Finalmente, en el caso de hortalizas y frutos de piel dura que queramos consumir crudos o cocinados pero no pelar, podemos usar un cepillo de dientes de cerdas suaves para eliminar los restos de pesticidas o bacterias adheridas a sus pieles. 

Tal es el caso de las zanahorias, los rábanos —al ser raíces tampoco suelen ser fuente de grandes contaminaciones por pesticidas— o el apio. Pero también de las patatas que queramos hervir con piel o especialmente de las judías que vamos a cocinar con vaina. Si pensamos comer melón o sandía y sujetarla con nuestras manos, también es importante raspar su superficie con un cepillo, en este caso de cerdas firmes. 

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