Cuatro vinos blancos diferentes que debes probar mientras dure el calor

Foto: Linda Silva

Pasado el ecuador del verano, si ya te cansa beber los mismos blancos siempre y tienes ganas de empezar a probar las bondades del vino de regiones alternativas, te presentamos cuatro variedades que te pueden encantarte. Un vino es el resultado de las características de su territorio, su clima, la temperatura y, por supuesto, un vivo reflejo de su variedad de uva. ¿Qué blancos son interesantes para sorprender?

Los diez grandes equívocos sobre el vino blanco en que caemos los españoles

Los diez grandes equívocos sobre el vino blanco en que caemos los españoles

1. Chinuri; la tradición milenaria de Georgia

Los vinos de Georgia cada vez toman más presencia en el mercado internacional, y cuentan con una tradición vinícola considerada como patrimonio de la humanidad. El país, además catalogado como la cuna del vino, tienen variedades autóctonas con características únicas, que producen vinos aromáticos y delicados. La variedad Chinuri se produce principalmente en la región de Kartli.

Se vendimia a finales de octubre, y produce vinos blancos secos tranquilos o espumosos de gran acidez que por lo general hacen una maceración larga y lenta en Qvevri (vasijas de barro enterradas en la tierra). Este contacto con las pieles y el tiempo de envejecimiento, le proporcionan a los vinos hechos a base de Chinuri unos matices organolépticos suaves, peso y cuerpo en boca, y sabores equilibrados y duraderos.

Qué probar: Pheasant’s Tears, Chinuri, 2015.

2. Malvasía volcánica; la esencia de las Islas Canarias

Al encanto y carácter de los vinos volcánicos debemos sumar las características propias de la malvasía volcánica, una variedad de uva de alta acidez, aromática y de cuerpo glicérico que hace que los vinos resultantes sean firmes y bien estructurados. Esta variedad se identificó por primera vez en la isla de Lanzarote a principios del siglo XV, y se cultivó en sustitución de los por entonces famosos cultivos de caña de azúcar canarios.

Estos, durante mucho tiempo supusieron una fuerte fuente de negocio, pero para entonces pasaban sus últimos tiempos en la isla. Una vez asentado el cultivo de las viñas, empezó la exportación de vinos de malvasía a Alemania, Inglaterra y a las colonias africanas y americanas, convirtiéndose en la producción con mayor exportación de las Islas Canarias, cuya popularidad únicamente se vio relegada con el boom de los vinos de Madeira.

La Malvasía se vendimia de forma manual y se le aplica la maceración pre-fermentativa, de manera que la concentración y extracción de sus aromas es mucho mayor. El carácter de sus suelos está muy presente, y en general tiene una intensidad superior a la que presenta esta misma variedad en zonas con suelos de arcilla.

Qué probar: Suertes del Marqués, Blanco Dulce, 2015.

3. Gewürztraminer; la variedad del frío

Se trata de una uva de color rosada o rojiza, pero que aun así es considerada como una variedad blanca. La Gewürztraminer crece perfectamente en regiones de clima frío como Alemania o Austria, y en general hace buenos vinos semisecos con notas de flor blanca, albaricoques dulces, miel y algo de fruta tropical.

Se trata de una variedad de uva con un alto nivel de azúcar, y sirve de ensamblaje para crear vinos tan peculiares como los Trockenbeerenauslese, vinos dulces a base de una selección de uvas sobre maduradas y afectadas por la podredumbre noble, (Botrytis) una afección de la uva que hace que se pudra parcialmente, concentrando mucho más los niveles de azúcar en los granos. Para elaborar estos vinos se seleccionan de manera manual las uvas con mayor concentración de azúcar.

Estos vinos suelen tener precios elevados dado su trabajo de producción y las condiciones climáticas (no siempre las mismas año tras año) que deben darse para conseguir la afectación de Botrytis adecuada. Generalmente se trata de vinos ideales para tomar con el postre, y a pesar de que tienen un dulzor concentrado, no resultan hostigantes por la compensación que ejerce su acidez, que da como resultado un efecto refrescante en boca.

Qué probar: Höpler, Trockenbeerenauslese, 2015.

4. Furmint; Hungría entra en juego

Hungria se ha puesto en el punto de mira por sus conocidos vinos de Tokaj y su designación como patrimonio de la UNESCO desde el año 2002. Si bien produce vinos secos, la región es conocida por sus vinos dulces de Botrytis, y entre sus variedades autóctonas destaca la Furmit, la uva más cultivada del país y originaria de la región de Takaj-Hegyalija.

Esta uva cuenta con un alto grado de acidez y una gran carga aromática, y en función de si se quieren elaborar vinos secos o dulces, la vendimia de la Furmint empezará en septiembre, a finales de octubre o más tarde, una vez los racimos estén afectados por la podredumbre noble. El resultado es un vino fresco, dulce de gran intensidad que puede servir tanto de aperitivo como de postre.

Qué probar: Demeter Zoltán, Tokaji Aszú, 2016.

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Publicado el
28 de agosto de 2019 - 21:54 h

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