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Protectores labiales: por qué no vale cualquiera

Más allá de sus propiedades como protectores de la sequedad labial, estos productos pueden contener derivados del petróleo

Foto: Biovegetalis

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Con los primeros envites del frío llegan los cortes, los pellejos y las heridas molestas en los labios. La culpa la tiene la sequedad del aire frío, pero también las calefacciones y los contrastes térmicos. Sea como fuere, la piel de los labios es más fina que la del resto del cuerpo y tiene menor capacidad de retener la hidratación, con lo que se reseca y agrieta mucho más fácilmente.

Algunas personas sufren este problema todo el año, pero es en general más común en otoño e invierno. Es por ello que en estas estaciones sube notablemente el consumo de protectores labiales, también llamados bálsamos labiales. Son en esencia el equivalente a las cremas hidratantes para el resto del cuerpo, pero con una composición específica que respeta la delgadez de la dermis labial, evitando que se humecte demasiado, favoreciendo su elasticidad e impidiendo que se reseque.

Suelen estar fabricados a base de ceras naturales o bien con aceites minerales combinados con dichas ceras, ya que suelen resultar sensiblemente más baratos en su obtención y comercialización. Además, pueden incluir ácido salicílico para eliminar las placas de piel seca. Las ceras naturales pueden ser de origen animal o vegetal. En caso de ser de origen animal suelen ser de abeja mayoritariamente, y entre las vegetales se encuentra la manteca de cacao, el karité, el aceite de oliva y otros aceites hidrogenados.

Mosh y Moah, el peligro

En cuanto a los aceites minerales, su gran problema no es que sean peligrosos en sí mismos al contacto con la piel, ya que en general se suelen utilizar en diversos cosméticos con la autorización de la agencia europea de control de alimentos y medicamentos, la EFSA, según la norma europea sobre cosméticos (1223/2009). Ahora bien, esta misma agencia prohíbe su presencia en alimentos y pone unos límites muy estrictos a su posible ingesta o penetración en el cuerpo.

El motivo es que varios de sus componentes, en dosis no necesariamente muy altas, pueden generar problemas en una ingesta regular, según declara la propia EFSA. Se trata de los hidrocarburos minerales saturados (Mosh en sus siglas en inglés) y los los hidrocarburos minerales aromáticos (Moah también en sus siglas en inglés). Ambos son compuestos que abundan en los aceites minerales utilizados en cosmética, y por tanto también en los protectores labiales.

Se calcula que cada vez que nos aplicamos bálsamo a los labios, dejamos sobre su superficie 57 miligramos de crema, que finalmente serán ingeridos totalmente, disueltos en la saliva. Si el protector contiene aceites minerales con cantidades significativas de uno u otro tipo de hidrocarburo, pasarán a nuestro sistema circulatorio, con los consiguientes peligros.

Los Mosh tienen a acumularse en lugares como el hígado, el bazo y los tejidos, así como en los ganglios linfáticos, pudiendo llegar a generar microgranulomas. Respecto a los Moah, o hidrocarburos minerales aromáticos, son estructuras conocidas por su capacidad de alteración del ADN celular, con lo que suponen un riesgo de desatar procesos cancerosos.

Foto: Jordi Sabaté

Foto: Jordi Sabaté

Presentes en la mayoría de protectores

En ambos casos, para hacernos una idea de su potencial peligrosidad, baste con pensar cuántas veces al día nos aplicamos la crema labial y que en cada aplicación dejamos más de medio gramo que pasará a nuestra saliva. Si el bálsamo contuviera aceites minerales y estos contaran con cantidades significativas de Mosh y Moah, estas sustancias serían ingeridas.

De hecho, según un estudio de la OCU sobre veinte protectores labiales, trece de ellos estaban elaborados en base a aceites minerales y por lo tanto contenían Mosh y Moah en cantidades superiores a lo recomendado por la norma de la EFSA para los alimentos. El problema en el caso de los protectores, según la OCU, es que no existe una regulación específica que limite su presencia en los cosméticos de contacto con las mucosas corporales. Los otros siete bálsamos estudiados, que tenían una base de ceras naturales, no presentaban estos compuestos potencialmente tóxicos. En consecuencia, la OCU recomienda apostar por las marcas que usan ceras naturales en su composición.

Cuáles son los componentes a evitar

Podemos leer los ingredientes en el etiquetado -deberán aparecer por obligación- y si encontramos alguno de los del siguiente listado en nuestro bálsamo labial, sabremos que está hecho con aceites minerales:

  • Cera Microcristallina o Micro crystalline Wax

  • Hydrogenated Microcrystalline Wax

  • Hydrogenated Polyisobutene

  • Ceresin

  • Ozokerite

  • Paraffin

  • Paraffinum Liquidum

  • Petrolatum

  • Polyethylene

  • Polybutene

  • Synthetic Wax

Por otro lado, aunque la legislación europea ya los regula expresamente, hay que vigilar que el protector no contenga ciertos compuestos conocidos como parabenos y que pueden actuar como disrruptores endocrinos. La mayoría de ellos pueden ser usados sin problemas en las pieles de los adultos, pero propylparaben o butylparaben -a pesar de ser admitidos por la norma europea- son sospechosos de alterar el sistema hormonal, por lo que no se recomiendan en las zonas cercanas a las mucosas.

Finalmente señalar que conviene prestar atención a las ceras naturales que usa el protector y asegurarnos de que no somos alérgicos alguno de sus componentes, en especial el cacao, por cuanto en tal caso, su efecto humectante crearía una película por la que las histaminas podrían extenderse y multiplicar la alergia.

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