El sentido de la orientación: ¿se puede entrenar y mejorar?

Foto: Slon Dot Pics

Cristian Vázquez

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Lo que habitualmente llamamos sentido de la orientación es la capacidad de los seres humanos de ubicarse, reconocer el espacio circundante y saber en qué dirección se encuentran otros lugares desde la posición propia. Hay personas con muy buena orientación, que casi siempre saben dónde están, y otras que, en cambio, cuando se hallan en un lugar desconocido, se pierden nada más doblar la primera esquina. ¿A qué se debe que haya unas personas con buena y otras con mala orientación?

Para los científicos, todavía no está claro en qué medida esta es una facultad que viene con los genes. Pero sí hay consenso sobre la importancia de la práctica. “En muchos aspectos, la práctica ejerce una importancia función a la hora de orientarse”, explica un artículo de Stefan Münzer, investigador de la Universidad de Mannheim y autor de varios estudios sobre el tema. “Aun así -destaca-, algunas personas apenas entrenan dicha habilidad, pues consideran que se trata de una facultad innata”.

El sentido de la orientación está relacionado con las llamadas habilidades visoespaciales, un grupo de funciones cognitivas que permiten analizar, comprender y manejar el espacio circundante. Es en virtud de ellas que cada persona tiene consciencia de su posición en el espacio en relación con otros objetos y también de las relaciones de esos objetos entre sí.

La evolución del cerebro y los mapas mentales

“En la evolución del cerebro humano nuestra especie ha adquirido una cantidad de mecanismos que nos permiten controlar permanentemente el espacio que nos rodea”, según explican Antonio Battro y Percival Denham en Aprender hoy, libro de divulgación científica publicado en 2002. Gracias a esa evolución, “el sistema cerebral evalúa dónde estamos y adónde nos dirigimos, integrando múltiples señales relativas a nuestra posición y al transcurso del tiempo”.

Así lo apuntan por su parte May-Britt Moser y Edvard I. Moser, neurocientíficos de la Universidad Noruega de Ciencia y Tecnología en Trondheim y ganadores del Premio Nobel de Medicina en 2014, precisamente por sus hallazgos acerca del sistema de posicionamiento del cerebro. Moser y Moser enfatizan que ese sistema de localización desarrollado en el cerebro de los mamíferos (no solo los humanos) es tan complejo como el GPS de cualquier vehículo o teléfono móvil.

Y pese a eso “el cerebro hace esos cálculos casi sin esfuerzo, sin que seamos conscientes de ello”. En general, una persona solo presta atención a tal complejidad y a la gran importancia de esta capacidad, añaden estos investigadores, cuando se pierde o cuando la capacidad de orientación resulta mermada por una lesión cerebral, una discapacidad cognitiva o una enfermedad neurodegenerativa.

Edvard Moser, de hecho, ha explicado que la zona del cerebro relacionada con la memoria espacial es la primera en sufrir daños relacionados con el alzhéimer, y eso sucede “mucho antes” de que se adviertan los primeros síntomas. Científicos españoles, por su parte, identificaron hace poco el gen responsable de que las personas con síndrome de Down sufran problemas de orientación espacial.

Se trata de un gen que desempeña un rol clave para equilibrar la excitación y la inhibición en el cerebro. El hallazgo, realizado por investigadores del Instituto de Neurociencias (centro mixto de la Universidad Miguel Hernández y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas) de Alicante, fue publicado en noviembre en la revista especializada 'Nature'.

Consejos para mejorar el sentido de la orientación

Como se ha mencionado, el sentido de la orientación se puede entrenar. El médico Luis María Labath, quien ha investigado acerca de esta cuestión, enumera algunos consejos para desarrollar esta capacidad. Los principales son los siguientes:

1. Planificar las rutas

Cuando una persona que no se orienta bien tiene que dirigirse a algún lugar donde nunca ha estado o que no conoce bien, le conviene programar con antelación la ruta que va a realizar y, observando un mapa, tratar de memorizar la forma aproximada de su recorrido. Esto la ayudará a tener en la cabeza una estructura general del camino cuando se encuentre en el terreno.

2. Concentrarse

Cualquiera que se haya “dejado llevar” alguna vez por un camino desconocido pero guiado por alguien que sí lo conoce sabe de qué se trata: se puede hacer todo un recorrido y luego, por sencillo que sea, no tener ni idea de cómo reproducirlo. Por eso, las personas con problemas de orientación deben tratar de poner su atención en los sitios por los que se mueven. El teléfono, la conversación con un acompañante e incluso los pensamientos silenciosos pueden distraer y desorientar.

3. Fijar puntos de referencia

La concentración permite advertir en el camino ciertos lugares más fáciles de ser recordados que otros: un edificio colorido, un monumento, una fuente, un cartel publicitario, una esquina muy transitada, etc. Esos sitios destacados se tornan puntos de referencia, como si fuesen los distintos capítulos que dan forma al recorrido total.

4. Mirar hacia atrás

Este es un consejo especialmente valioso para quienes hacen un camino por primera vez en un sentido y saben que más tarde tendrán que hacerlo en el sentido contrario. La memoria visual a menudo engaña y un mismo recorrido puede ofrecer paisajes bastante diferentes en función de si uno va o vuelve. Por eso, parar cada tanto y mirar atrás con atención puede ser una gran contribución.

5. Sacar fotos o tomar apuntes

Sacar fotos de los puntos de referencia mencionados más arriba, o apuntar en un cuaderno o en el teléfono algunas palabras claves, en general resultan buenas ayudas para recordar rutas y sitios transitados. Está claro que un smartphone no solo permite tomar apuntes, sino que gracias al GPS muestra en tiempo real el lugar del mapa en que se encuentra en ese preciso momento. Pero varios estudios han demostrado que el uso del GPS disminuye la calidad de los mapas mentales que una persona es capaz de desarrollar.

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