Una logopeda explica cuándo consultar al médico por cambios en la voz: “Con la edad, puede notarse débil o inestable”
Igual que se nos arruga la piel o perdemos agilidad en las articulaciones, nuestra laringe también padece el paso del tiempo. A menudo ignoramos que la voz también cumple años y tiene su propio proceso de envejecimiento. Entender qué cambios son naturales y cuáles esconden una patología es fundamental para mantener nuestra calidad de vida comunicativa.
“Con la edad, la voz puede notarse más débil y con menos fuerza, inestable o con menor claridad e intensidad de volumen”, asegura Alba Gómez Rodríguez, logopeda de la Asociación Párkinson Galicia-Coruña. “Esto es debido a lo que denominamos presbifonía, que forma parte del envejecimiento natural de la voz”, aclara.
¿Qué casos pueden alertarnos?
La presbifonía es el resultado de un proceso multifactorial donde todo el sistema fonador se ve comprometido. “Este tipo de cambios en la voz pueden ser debidos a una reducción en la masa y elasticidad de las cuerdas vocales, a un aumento en la rigidez de los tejidos o a una disminución de la capacidad respiratoria”, explica la logopeda. “Es decir, envejece todo el sistema que produce la voz”.
Sin embargo, no todos los cambios son naturales. La experta señala que la frontera entre el envejecimiento fisiológico y un problema de salud que requiere intervención profesional suele marcarla el impacto en el día a día: “Debemos preocuparnos cuando estos cambios empiezan a afectar nuestra calidad de vida”.
“A nivel social, tener dificultad para que los demás nos entiendan al hablar; que notemos fatiga vocal y aparezca carraspeo constante; que la voz sea más débil y aireada; que existan síntomas asociados, como dificultades para tragar; que estos cambios sean progresivos con los años”, enumera Gómez Rodríguez. Por tanto, si las transformaciones provocan aislamiento social, fatiga vocal, disfagia o empeoran nuestra calidad de comunicación es recomendable consultar con un logopeda.
Guía de cuidados para la voz
A veces maltratamos nuestras cuerdas vocales sin darnos cuenta, apunta la especialista, que destaca “fumar, ingerir alcohol, susurrar de forma prolongada, carraspear o estar en lugares con contaminación acústica gritando de forma prolongada” entre los hábitos cotidianos que pueden dañar la voz.
“Existe también la creencia falsa de que cuando estamos disfónicos o con la garganta irritada, los caramelos de mentol o eucalipto pueden ayudarnos. Pero lo que producen este tipo de caramelos es lo contrario, resecan todavía más la mucosa de las cuerdas vocales”, advierte Gómez Rodríguez, que si se quiere tomar caramelos recomienda decantarse por los de jengibre y limón. “También una buena hidratación y la realización de vahos con vapor de agua o de suero fisiológico pueden ayudarnos en este proceso”, añade.
Además de acudir a terapia vocal en caso de contar con síntomas significativos, la especialista comparte también una serie de buenos hábitos sencillos para mejorar la calidad vocal y prevenir el envejecimiento: “Hacer ejercicio físico regular, mantener una buena nutrición, conseguir una buena hidratación, mantener un patrón respiratorio abdominal, es decir, inspirar inflando el abdomen y evitar el sobreesfuerzo vocal al hablar muy alto o gritar, por ejemplo”.
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