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El momento de la verdad de la IA: una lectura de la Encíclica Magnifica Humanitas

Fotografía de archivo del papa León XIV. EFE/EPA/FABIO FRUSTACI
2 de junio de 2026 22:03 h

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A lo largo de mi trayectoria, he sido testigo de numerosas transformaciones sociales e institucionales. Sin embargo, pocas han planteado una oportunidad y un desafío tan profundos a nuestras estructuras de convivencia como la actual revolución de la Inteligencia Artificial. En este escenario de cambio acelerado, la reciente encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV irrumpe con fuerza como un lúcido tratado de gobernanza y una brújula estratégica y moral para nuestro tiempo.

En LLYC solemos decir que las organizaciones se enfrentan constantemente a su “momento de la verdad”. El texto del Papa sitúa a la sociedad entera ante uno de esos momentos: una elección histórica y decisiva entre levantar una nueva torre de Babel tecnológica, cimentada en la uniformidad y el dominio, o asumir la tarea de reconstruir los muros de nuestra Jerusalén compartida, mediante el esfuerzo conjunto, el diálogo y la responsabilidad.

La Inteligencia Artificial es una herramienta extraordinaria con un inmenso potencial para aportar grandes beneficios, mejorar los servicios, curar y abrir nuevas posibilidades para la humanidad. No obstante, la encíclica recuerda que la tecnología no es moralmente neutra, ya que refleja las prioridades y valores de quienes la diseñan y entrenan. Uno de los grandes retos de esta transición es cómo afecta al debate público. Si bien la IA puede dinamizar el conocimiento, también puede actuar como un potente multiplicador de desinformación, difuminando la frontera entre los datos objetivos y las opiniones. En un entorno donde los algoritmos a veces premian el antagonismo y la confrontación, se corre el riesgo de polarizar a la sociedad y exponer a las instituciones a crisis de legitimidad. La democracia es un ecosistema frágil que se nutre de la confianza, y el conflicto perpetuo bloquea los consensos necesarios para que la innovación rinda sus mejores frutos. He repetido muchas veces que la democracia no se defiende sola, que no hay una ley natural que obre en favor de la igualdad, la justicia y la verdad, que nos corresponde a todos defenderla todos los dias, a todas las horas y en todos los lugares. También en el espacio digital.

Ante la complejidad de estos retos globales, desde el sector privado estamos llamados a ejercer un liderazgo constructivo. El propio León XIV nos interpela a las organizaciones a ir más allá de la transmisión de información para impulsar una verdadera “ecología de la comunicación”. La legitimidad social de las empresas en el futuro dependerá en gran medida de su capacidad para actuar como agentes de cohesión. Debemos asegurar que las tecnologías y las plataformas digitales sirvan para

crear espacios que fomenten la argumentación serena, protejan el pensamiento crítico y defiendan la verdad de los hechos como un bien común irrenunciable.

Ante este escenario, el desarrollo de la IA requiere un marco ético claro que maximice su potencial con criterios de inclusión. La encíclica apela directamente al sector empresarial para ir más allá del cumplimiento normativo, aplicando una rigurosa debida diligencia (due diligence) en sus desarrollos. Las empresas e inversores líderes deben adelantarse mediante sistemas de verificación ética que protejan los derechos fundamentales, asumiendo una transparencia total (accountability) en el uso de decisiones automatizadas. El objetivo es asegurar que la tecnología cumpla su propósito más noble: ayudar y potenciar verdaderamente a las personas y hacer, como dice León XIV que la ciudad de los hombres se vuelva más habitable

Para ilustrar el camino a seguir en esta transformación, el Papa utiliza la potente imagen del líder bíblico Nehemías: frente a una ciudad de Jerusalén en ruinas, él no impuso soluciones desde arriba ni actuó en solitario; al contrario, convocó a las familias, coordinó los esfuerzos y confió a cada sector de la sociedad un tramo de la muralla para su reconstrucción.

Esta es la visión estratégica que necesitamos hoy para gobernar con éxito la Inteligencia Artificial. Ningún actor puede resolver la complejidad de estos desafíos por sí solo. En este sentido, como señala mi amigo y profesor Diego S. Garrocho en otra tribuna sobre este texto, “hablar con todos, negociar con todos, dialogar con todos en nombre de la vulnerabilidad humana es el primer paso indispensable para reconstruir un mundo que, a ojos de todos, se encuentra irremediablemente herido”.

En definitiva, es el momento de actuar como auténticos constructores de puentes, tendiendo lazos firmes entre el sector público y el sector privado. Porque sólo mediante una colaboración estrecha, una regulación inteligente y una innovación empresarial responsable podremos levantar, como en tiempos de Nehemías, esa muralla compartida que proteja la convivencia y garantice que la revolución tecnológica esté verdaderamente al servicio de las personas y del bien común.

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