Los trucos de una odontóloga para aliviar el dolor de mandíbula por estrés: “El bruxismo es una enfermedad que antes no existía”
El ritmo frenético de la vida moderna ha traído consigo una patología no reconocida hasta el siglo XX: el bruxismo, apretar o rechinar los dientes de forma inconsciente. No es solo una cuestión de desgaste dental; la tensión acumulada en la mandíbula es el reflejo físico de una sociedad que vive bajo presión.
“El bruxismo está íntimamente relacionado con el estrés, es una enfermedad que antes no existía”, afirma la doctora Ana Anglada Pena, odontóloga integrativa especializada en bruxismo, problemas de sueño y ronquido y directora de la clínica A Sonreír. “El ser humano no tendría que estar con ese timing constante y esa exigencia, eso nos afecta porque además no es lo natural”, añade.
Cuando apretamos la mandíbula de forma involuntaria, las repercusiones van más allá de la boca. “A corto plazo, puede tener consecuencias de tensión muscular, puede irradiar al cuello, incluso a la espalda, es decir, provocar un malestar general de tensión”, señala la especialista, que advierte de consecuencias más graves si el hábito persiste. “A largo plazo vemos problemas serios musculares y, a nivel bucal, erosiones y fracturas de dientes e incluso infección dentaria debido al trauma constante”, alerta.
Para mitigar estos efectos, Anglada comparte algunas técnicas rápidas y sencillas que permiten tomar conciencia de la zona y liberar la tensión acumulada.
El frote labial
“Sería ponernos cacao en los labios y frotarlos suavemente, moviendo la mandíbula hacia delante y hacia los lados”, recomienda la odontóloga para destensar la mandíbula.
Masajear la zona
Otra técnica muy simple, y que incluso Anglada recomienda combinar con la anterior, es el masaje: “Se masajea la zona articular, delante del oído, con nuestros propios dedos, aplicando la presión que consideremos necesaria”.
El hueso de aceituna
Uno de los trucos más efectivos para la toma de conciencia, según Anglada, se lleva a cabo con uno o dos huesos de aceituna entre la mejilla y las muelas traseras en momentos de estrés, sin morderlos. “¿Para qué? Para aumentar la salivación, por tanto, activar el sistema nervioso simpático a través del nervio vago y estar más tranquila y tomar conciencia de lo que estoy haciendo”, explica.
Esta técnica ayuda también a ser conscientes de nuestra respiración, de cómo tragamos saliva y de cómo colocamos la mandíbula en momentos de estrés puntual.
El factor postural
La relación entre la postura y el bruxismo es bidireccional; como en el dilema sobre si fue antes “el huevo o la gallina”, compara la experta, ya que ambos se influyen mutuamente. “Somos un todo y eso hay que tenerlo muy en cuenta, en odontología integrativa lo tenemos clarísimo”, destaca.
Por ello, Anglada subraya que el tratamiento definitivo también pasa por una evaluación vital: “Es imprescindible volver a evaluar qué tipo de vida tienes, a qué ritmo vas y qué necesidades reales tienes para tu salud”. La especialista aclara que incluso en casos infantiles, el estrés suele ser un reflejo del entorno familiar. “Para tratar a los niños, a menudo hay que empezar por tratar el ritmo de vida de los padres”, afirma.
Frenar la tensión en la mandíbula es, en última instancia, una invitación a bajar un poco el ritmo de nuestro estilo de vida. “El bruxismo emocionalmente está muy íntimamente ligado a la sumisión, al hacer por los demás, ya sea por un jefe, por los niños, por el sistema... y eso hay que hay que intentar frenarlo en la medida de lo posible”, concluye la doctora.
1