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¿Por qué nos ponemos enfermos al empezar las vacaciones?

En vacaciones puede aumentar nuestro riesgo de contraer infecciones

Darío Pescador

12 de julio de 2026 22:07 h

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Meses de trabajo intenso durante todo el año, la emoción después del último día de oficina, las maletas hechas, y entonces, al segundo o tercer día de vacaciones, aparecen el dolor de garganta, la fiebre o el malestar que estropean la primera semana. No es mala suerte ni una coincidencia. Es un patrón con mecanismos biológicos y psicológicos muy bien estudiados.

Las infecciones más frecuentes en verano

“Las infecciones respiratorias más frecuentes son las víricas, y muchos virus son estacionales”, afirma el doctor José Barberán, especialista en medicina interna e infectología del Hospital Universitario HM Montepríncipe. “La gripe, los rinovirus, los adenovirus, son estacionales. Las infecciones respiratorias víricas son menos frecuentes en verano, exceptuando algunas que están todo el año, como el COVID”, añade.

Las infecciones que sí tienen su pico en verano son otras. “Las infecciones más frecuentes en verano son dos: las infecciones gastrointestinales y las infecciones de piel y partes blandas”, explica el doctor Barberán. En el caso de la piel, la explicación sencilla: “Hay más actividad física, te erosionas la piel, tienes heridas, nadas, haces deporte, te arrastras por el suelo, puedes caerte en la playa o en la piscina. Entonces las bacterias que están en el medio ambiente pueden entrar”, añade el especialista. A todo eso se suman las infecciones propias de los meses cálidos: las infecciones de oído externo aumentan en verano por la exposición al agua de piscinas y mar.

A esto se suman otros riesgos: “Las picaduras de garrapatas y mosquitos, que transmiten enfermedades como el Lyme, dengue o el virus del oeste del Nilo, ya endémicas en la zona del Mediterráneo”, añade Barberán.

Los alimentos y la Salmonella

La segunda gran categoría de las infecciones en verano son las gastroenteritis. “Aquí hay dos bacterias fundamentales, que son Salmonella y Campylobacter”, señala el doctor Barberán. “Todos los alimentos tienen bacterias, porque no hay ningún alimento estéril. La diarrea depende de la carga bacteriana. Si tú tienes una tortilla que la haces por la mañana y la tienes durante 12 horas expuesta en el mostrador de un bar sin refrigerar, se van a multiplicar las bacterias. Cuando la ingieres, ingieres una gran carga bacteriana, y eso es lo que te produce la infección”, aclara.

La ensaladilla rusa, los pinchos de tortilla y el marisco son alimentos de riesgo elevado en verano, no porque sean más peligrosos por sí mismos, sino porque el calor acelera la multiplicación bacteriana cuando no se mantiene la cadena de frío. Un estudio de coprocultivos del ISCIII (de heces) confirmó el aumento de las infecciones de Salmonella y Campylobacter en verano.

En destinos exóticos, el riesgo se amplifica. La diarrea del viajero afecta a entre el 20% y el 50% de los turistas que visitan destinos de riesgo alto en Asia, África y América Latina, donde la exposición a agua no potabilizada y alimentos de origen incierto es mucho mayor que en España. Una editorial médica reciente confirma que la globalización de los viajes está ampliando tanto la distribución geográfica de los vectores como la frecuencia de brotes de enfermedades endémicas.

El sistema inmune en verano, ¿debilitado o simplemente más expuesto?

Una de las explicaciones populares para las infecciones que se contraen en verano es que, con la disminución del estrés, el organismo “relaja las defensas”. El doctor Barberán es escéptico: “Por supuesto que el estrés influye, pero el estrés está en verano y está en invierno. La gente está de vacaciones en verano, está relajada. Desde mi punto de vista, la principal razón para tener estas infecciones es la exposición, no que el sistema inmune esté estresado o agotado en verano”.

Sin embargo, este aumento de exposición también puede llegar en el peor momento. Ana Sierra, psicóloga y jefa del Servicio de Psiconutrición de la Clínica Neogenia, describe el fenómeno desde su consulta: “Es un fenómeno relativamente frecuente y tiene una explicación fisiológica. Existe lo que se conoce como efecto let-down o enfermedad de la relajación, que aparece tras semanas o meses de estrés mantenido. Cuando el organismo sale bruscamente del estado de alerta al comenzar las vacaciones, pueden manifestarse procesos que hasta entonces estaban contenidos, como infecciones ya incubadas o un agotamiento acumulado”.

Existe lo que se conoce como efecto 'let-down' o enfermedad de la relajación, que aparece tras semanas o meses de estrés mantenido. Cuando el organismo sale bruscamente del estado de alerta al comenzar las vacaciones, pueden manifestarse procesos que hasta entonces estaban contenidos

Ana Sierra psicóloga

Una revisión de estudios de 2024 respalda parcialmente esta explicación: el estrés crónico suprime funciones inmunitarias a través del eje hipotálamo-hipófisis-adrenal, reduciendo la actividad de las células inmunes aumentando la susceptibilidad a infecciones. Al mismo tiempo, el estrés de corta duración refuerza temporalmente el sistema inmunitario. Cuando perdemos esa tensión, los efectos crónicos prevalecen.

El fenómeno fue descrito por primera vez en 2001 por los psicólogos Vingerhoets y Van Huijgevoort, que en una muestra de casi 2.000 adultos identificaron que alrededor del 3% enfermaba de forma recurrente al inicio de los fines de semana o vacaciones, con síntomas de cefalea, fatiga, dolor muscular y náuseas, y lo denominaron “leisure sickness” (enfermedad de la relajación).

El estrés no actúa directamente como causa infecciosa, pero sí como modulador de la respuesta inmune. Sierra lo resume así: “El cuerpo negocia mientras puede y habla cuando ya no puede negociar. Muchas veces las vacaciones son el momento en que el cuerpo, por fin, puede expresar el desgaste acumulado”.

Las conductas en vacaciones que agravan el problema

Sierra señala que muchas personas añaden al rebote fisiológico un conjunto de hábitos que lo empeoran: “Muchas personas confunden descansar con desregularse. En vacaciones solemos cambiar de golpe los horarios de sueño, comer peor, beber más alcohol y azúcares, hidratarnos menos, exponernos más al sol o abandonar hábitos de autocuidado y tratamientos, pensando que por unos días no pasa nada”.

Frenar de golpe también puede ser una trampa frecuente en vacaciones. “Pasar de una agenda completamente saturada a una inactividad absoluta”, describe Sierra. “Sin embargo, el organismo suele adaptarse mucho mejor a los cambios progresivos que a los extremos. Por eso, las vacaciones deberían ser un cambio de ritmo, no un abandono del cuidado personal”.

Recomendaciones para no enfermar en vacaciones

Conociendo las causas, es más fácil prevenir la enfermedad en verano. Para las infecciones gastrointestinales es importante vigilar la cadena de frío en los alimentos, desconfiar de preparaciones que hayan estado mucho tiempo expuestas sin refrigerar, y extremar las precauciones con agua y comida en destinos de riesgo. Las infecciones de la piel se previenen limpiando, desinfectando y protegiendo las heridas del contacto con agua de piscinas o mar.

En el plano psicológico, Sierra propone una la solución mucho antes de que empiece el verano: “La mejor prevención empieza antes de las vacaciones. Si pretendemos que dos semanas reparen el desgaste de todo un año, el cuerpo no funciona así”. Su propuesta es una receta para todos los días del año: “Incorporar pequeñas pausas de recuperación durante el año, dormir lo suficiente, mantener cierta regularidad en los hábitos, cuidar la alimentación y reservar espacios cotidianos de desconexión o practicar la meditación”.

También conviene rebajar la presión de vivir unas vacaciones perfectas, lo cual es una fuente de estrés en sí misma. “Las vacaciones no deberían ser un rescate de última hora, sino la continuidad de un autocuidado que hemos ido construyendo durante todo el año”, concluye Sierra.

Darío Pescador es editor y director de la Revista Quo y autor del libro Tu mejor yo.

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