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Larraín consigue con el premio de la Berlinale que su mensaje llegue al mundo

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La chilena "El club", Oso de Plata Gran Premio del Jurado de la Berlinale

La chilena "El club", Oso de Plata Gran Premio del Jurado de la Berlinale

El filme chileno "El Club", distinguido hoy con el Oso de Plata Gran Premio del Jurado de la Berlinale, logrará con este galardón el objetivo de su realizador, Pablo Larraín: que circule y que su imaginario y su mensaje sea visto y escuchado por distintas personas y culturas en todo el mundo.

En una entrevista con Efe el día del estreno mundial de su cinta en la Berlinale, el realizador afirmó que lo interesante de la película es que aborda a través de una organización mundial, la Iglesia católica, esta idea de la "impunidad", "de que no todos somos iguales ante la Justicia", lo que la hace "muy universal".

Ante las grandes expectativas depositadas en el nuevo máximo representante de la Iglesia, afirma que para ver si el papa Francisco finalmente va a ser el pontífice del cambio, habrá que esperar, pues la reforma necesaria "no es menor".

"No es suficiente con despedir a dos o tres sacerdotes y cambiar cosas que son importantes. Aquí hay que hacer algo estructural, aquí hay una estructura de poder social y económica que está asociada a un libro, que es la Biblia, y por tanto tienen una estructura moral, ética, religiosa y teológica", sostuvo.

Según el director, "mientras los miembros de la Iglesia se consideren personas distintas al resto de seres humanos y, por lo tanto, no puedan ser juzgados por los mismos tribunales que todo el resto", el papa realmente no habrá hecho nada.

La cinta de Larraín, que competía con otras 18 películas por el Oso de Oro, narra la historia de un grupo de sacerdotes que viven con una monja en una casa de retiro de la Iglesia y que, cuando no rezan o hacen penitencia, entrenan a sus perros para la próxima carrera.

Cuando ingresa en el hogar un nuevo sacerdote, un hombre lanza graves acusaciones contra él y el religioso acaba suicidándose.

"Ese club que vemos es una extensión del gran club que es la Iglesia y que finalmente es una organización que no cree en la justicia civil ni en la justicia laica. Cree que sus miembros deben sólo rendirle cuentas a dios", señaló.

A su juicio, esa estructura es la que ha permitido que durante muchos años haya habido "un sistema de encubrimiento sistemático por parte de la Iglesia".

La "duda tremenda" en esa casa es si todos los que la habitan están ahí por fe o simplemente para "refugiarse porque son unos ineptos para la vida y acceden a estar en una congregación" para conseguir amparo, intervino el actor Alfredo Castro, que encarna a uno de los sacerdotes.

Con esta película, agrega, "surge un deseo de estar con los indignados, con la gente que no ha tenido Justicia" y que espera que esta se aplique cuando hay curas involucrados.

Esa casa recibe también a sacerdotes que por su edad o por razones de salud ya no pueden seguir ejerciendo; "no todo está en esa zona tan oscura", señala Larraín.

Pero lo cierto es que cuando un sacerdote "hace algo indebido", antes de convertirlo en un escándalo "es tomado, capturado por ese sistema y llevado a este lugar de penitencia y oración".

Un lugar que no acaba siendo más que un grupo de "sacerdotes que están jugando con unos perros en una casa frente a la playa", lo cual resulta "particularmente irritante".

"Eso es lo que ellos consideran una purga, cuando todo el resto de los mortales, cuando cometemos ese tipo de pecados o delitos, nos vamos a la cárcel", y esa es la "estructura de impunidad", señaló.

Larraín está convencido de que "la reacción natural" de los sectores eclesiásticos ante su película será el silencio.

La Iglesia, "cuando es atacada, cuando es puesta en un lugar de peligro, cuando es señalada, cuando es nominada de cualquier manera, lo que hace es no referirse al tema", pues lo contrario sería darle "más bombo y más prensa".

"Finalmente tiene aparentemente más miedo a la prensa que al infierno", aseguró el cineasta.

En este sentido, señaló que "hoy día el tipo que maneja la prensa en el Vaticano es casi tan poderoso como el papa y eso es algo que no ha pasado nunca antes", pero al mismo tiempo, eso "le da una gran oportunidad al papa Francisco de hacer algo".

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