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Anna Caballé: “Sin la vida privada, la biografía sólo es una hoja parroquial”

Anna Caballé, fotografiada en su estudio.

Chema Seglers

11 de julio de 2026 21:52 h

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Anna Caballé (L'Hospitalet del Llobregat, 1954) es, posiblemente, la mayor especialista en estudios biográficos en nuestro país. Algunas de sus investigaciones —galardonadas con varios premios— son obras de referencia. Desde Carmen Laforet: mujer en fuga a Concepción Arenal: la caminante y su sombra y la reciente Íntima Atlántida: vida de Rosa Chacel (1898-1994); sin dejar de mencionar Umbral: el frío de una vida, un libro que cambió la manera de entender la obra del escritor.

Leyendo estas biografías, uno observa como esta profesora de literatura eleva el estudio biográfico a forma de conocimiento literario e histórico, siempre perfilando las líneas que amarran una existencia y la dibujan. Asimismo, entre 2017 y 2021, Anna Caballé presidió la asociación sobre género y cultura Clásicas y Modernas, dedicada a la igualdad de género. Muchas vidas hay en esta autora: la de la experta profesora, la de la investigadora rigorosa y la de la mujer comprometida. Conversamos, con todas ellas a la vez, sobre el género biográfico, la identidad y, en definitiva, la vida.

¿Qué nos atrae de las biografías? ¿Por qué necesitamos saber de la vida de los demás?

Necesitamos saber de la vida humana, nunca nos puede ser suficiente porque la formación de la identidad no está disponible para una inspección consciente. Nunca se produce un acto puro de ser nosotros mismos de una vez, de una sola pieza. Así que la información que puede proporcionar una biografía o una autobiografía es un sillar del conocimiento.

Lo curioso es que el término ‘persona’ proviene de ‘máscara’, como si la etimología nos recordara que la identidad es algo de difícil acceso o de compleja construcción.

Debo decir que hay personas obsesionadas con la idea de la máscara y del personaje que oculta, que disfraza la verdadera identidad. Pero salvo en problemas de salud mental yo no creo demasiado en esta idea, ni en una identidad tras la máscara. Y quien defiende tanto la idea de la máscara simplemente se está mostrando a sí mismo desde otro lugar, que podría ser, tal vez, el de la hipocresía funcional. Es evidente que desempeñamos roles en la vida social que no permiten la franqueza, o que no la toleran del todo, que incluso nos imponen el fingimiento. Pero nuestra intimidad, nuestro ser psíquico, nuestra relación con la forma en que sentimos las cosas no solo es única, sino que va con nosotros a todas partes, no es un compartimento estanco e impenetrable que permanece lejos del Yo.

Es decir, ¿no podemos negar la existencia de los estados interiores?

No, porque se proyectan, con más o menos intensidad, en el exterior, en nuestro modo de relacionarnos. Otra cosa es la dificultad que encierra todo eso, pero es algo que no se resuelve con la idea de la máscara. Por ejemplo, ¿por qué nos gusta tanto Montaigne? Porque abrió un nuevo modo de reflexión, intensamente individual, cuya meta era el conocimiento de sí mismo.

¿Puede ser que esta sea la razón que permite hablar de un auge de la autobiografía? ¿Tiene algo que ver la sensación de soledad y desamparo de los tiempos actuales?

Sin duda, la escritura autobiográfica aporta una significación al hecho de ser y sentirse uno mismo, en el contexto de una sociedad determinada. Y da mucho en qué pensar que, a pesar de toda la impugnación sufrida por el género, desde Nietzsche, Lacan, Derrida, etc., la autobiografía dé tantas muestras de poseer una resistencia extraordinaria. ¿Por qué? Porque surge de una necesidad y, a mayor oscuridad del entorno o en el interior de uno mismo, mayor es la fuerza que necesita el individuo para salir adelante. Por no hablar de su interés histórico y antropológico. En la cultura española volver sobre el franquismo y sobre lo que supuso en el destino aciago de tantas personas ha venido siendo una urgencia histórica.

En ese sentido, ahora que cita el franquismo, ¿cómo abordar las biografías de personajes nefastos como Francisco Franco o Adolf Hitler?

Pues con la misma actitud con la que nos enfrentaríamos a la madre Teresa de Calcuta, es decir con la voluntad de abrirse camino en la historia de una vida. En los casos que menciona el interés máximo, para mí, sería estudiar cómo se gesta tanto resentimiento contra el prójimo. Aunque es un trabajo que ya está hecho. La biografía de Kershaw sobre Hitler es magnífica.

Hay una frase del ensayista Philipe Lejeune que señala: “Hay un malentendido: se piensa que la autobiografía consiste simplemente en copiar nuestra vida, cuando en realidad consiste en crearla”. ¿Qué quiere decir exactamente Philipe Lejeune?

Lejeune esclarece muy bien la diferencia entre copia, creación e imaginación, en el sentido que planteas; porque se ha podido pensar que no hay problema ni dificultad en escribir sobre la propia vida, ya que, al fin y al cabo, es la tuya, de modo que basta con ponerle palabras a lo vivido y ya está. Pero no es eso, no, porque la pérdida constante de existencia es incontenible. ¿Dónde está mi pasado? De él permanecen algunas huellas y con ellas la autobiografía construye su edificio.

¿Y el interés de una biografía?

Reside en la calidad de la voz narrativa, en el compromiso con la propia verdad, en la forma de explicar y resolver el desorden que encierra toda vida humana. Todos somos fuertes y débiles, pero ¿en qué proporción? En fin, nada de todo eso nos viene dado. Y no cabe recurrir a la fantasía o imaginación para solventarlo, porque entonces ya no es una autobiografía, es otra cosa. La diferencia está en el grado de compromiso con lo que se cuenta. Eso es lo que defiende Philippe Lejeune.

En la cultura española volver sobre el franquismo y sobre lo que supuso en el destino aciago de tantas personas ha venido siendo una urgencia histórica

Dice que si entra la fantasía ya estamos hablando de otra cosa, no de autobiografía. ¿En qué se diferencia de otros géneros, como, por ejemplo, la novela? Y en ese sentido, ¿qué debemos comprender por ‘verdad biográfica’?

La diferencia entre una biografía y una novela es sutil, ambas pueden coincidir en ser el relato de la vida de un hombre o de una mujer. La diferencia está en que la biografía debe atenerse al rigor de la información de que dispone sobre su biografiado, frente a la novela, que tiene la libertad de disponer de los personajes y de la trama como convenga al resultado que quiera obtenerse. La verdad biográfica se fundamenta en una estética referencial o en una literatura de lo real que, en los últimos años, ha adquirido, además, un gran protagonismo. Y me parece un fraude literario el presentar como novela un texto fundado, sin embargo, en la vida de personajes reales que no pueden defenderse, solo por evitarse el compromiso de una demanda judicial. Ahora bien, el biógrafo o biógrafa, aun inconscientemente, se ve moldeado por su propia formación y esto lo convierte en un ejercicio que a pesar del rigor al que aspira es una propuesta personal y revisable.

Póngame un ejemplo, por favor.

No hay más que leer las dos biografías que Ortega y D’Ors escriben en 1928 sobre Goya (año del centenario de su muerte) para comprenderlo. Para D’Ors, Goya era un artista dirigido por su subconsciente, mientras que para Ortega fueron las condiciones objetivas, el entorno histórico-social en el que se mueve el pintor, el que explica los cambios que sufre su obra. Uno establece la clave de la personalidad en el marco de la psicología, el otro en el de la historia. Son dos Goyas y un solo hombre.

Lo curioso es que el biógrafo deambula por dos zonas muy enlazadas, la de la vida pública y la privada. Si es así, al biógrafo le deben surgir cuestiones de orden moral. ¿Sin libertad moral no se pueden elaborar biografías?

Me temo que sin libertad moral es imposible hablar de creencias, de sexualidad, de tabúes familiares, de resentimientos, de culpas… Una biografía es un ejercicio de conocimiento y de interpretación que aspira a ser lo más completo y veraz posible. Entonces hay que transitar entre la vida pública y la privada, forzosamente, porque en mayor o menor medida todos deambulamos por ambas. De no tener en cuenta la vida privada del biografiado, importantísima, el resultado sería una hoja parroquial o un ejercicio seco de erudición, sin vida. ¿Cuestiones de orden moral? Sin duda surgen y hay que resolverlas. Solo puedo hablar por mí, pero la idea fuerza, en mi opinión, sería que la biografía debe enfrentarse a cualquier hecho, a cualquier nudo, siempre que sea relevante para comprender el derrotero de una existencia. Entrar en el tabú por puro amarillismo me parece un error porque nadie se merece que le avergüencen públicamente.

Distintos estudios revelan que, durante la adolescencia, las chicas practican el dietario mucho más que los chicos. ¿A qué se debe?

Los estudios a los que te refieres (Lejeune, Alberca, yo misma en Mi vida es mía…) tienen unos años, habría que actualizarlos, por eso, no estoy en condiciones de responder a esta pregunta. Todo ha ido cambiando bastante con la incorporación de las redes sociales y el empoderamiento feminista (empoderamiento entendido como afianzamiento, antes que exhibición de fortaleza).

En ese sentido, ¿hay diferencias entre los dietarios de los chicos y de las chicas?

Sí, las hay y muy considerables entre los diarios de Andrés Trapiello y los de Laura Freixas, por citar a dos autores que los publican regularmente.

Citando otra vez a Philippe Lejeune, el ensayista francés afirma que hay rituales entre grupos de chicas donde se dejan leer los dietarios las unas a las otras, como si hubiera una necesidad de leerse y conocerse. ¿Hasta qué punto resulta crucial que las mujeres lectoras hayan podido leer a mujeres escritoras?

Ha sido decisivo, porque ha significado poder reconocerse y compartir una mirada distinta sobre el mundo, ni mejor ni peor, distinta y muy enriquecedora. Los hombres se apropiaron durante siglos tanto del discurso intelectual como moral y artístico, paralizando el impulso que podían sentir las mujeres hacia el pensamiento y la creación. Gracias a la imprescindible aportación de la escritura en femenino disponemos de un conocimiento mucho más holístico del mundo y de nosotras mismas. Las mujeres disponemos ahora de múltiples espejos en los que mirarnos y medir nuestras fuerzas.

Es decir, que, sin espejo, ¿no hay identidad?

No, o no puede haber una identidad bien asentada, en la medida en que no dispone de reflexividad. Pero, cuidado, junto al espejo está la ventana. Vernos no debe impedir ver.

Los hombres se apropiaron durante siglos tanto del discurso intelectual como moral y artístico, paralizando el impulso que podían sentir las mujeres hacia el pensamiento y la creación

Hay algo de psicoanalítico en el ejercicio biográfico. En su libro Umbral: el frío de una vida parecía que sentaba al escritor en el diván. De hecho, cambió la mirada que se tenía sobre él.

Bueno, a mí me interesa mucho ahondar en el bios de la biografía. Si yo vengo hablando de mi madre a lo largo de los años, en veinte o treinta libros, como hacía Francisco Umbral, y siempre para decir las mismas cosas sobre ella, es lógico preguntarse por qué, qué pasa ahí, y buscar una explicación a ese apego volcado en la creación.

Para terminar, querría preguntarle sobre la sólida solidaridad femenina construida a lo largo de los últimos años, que, en su opinión, ha sido un avance importantísimo. Tras algunos objetivos logrados por parte del feminismo, ¿cómo debe resituarse en las actuales divergencias?

Superando las diferencias, trabajando con mayor coordinación entre las asociaciones, poniendo pie en pared a las agresiones que está recibiendo el feminismo en un contexto político tanto nacional como internacional, rechazando de plano la misoginia y buscando el modo de aportar una alternativa eficaz al modelo económico actual que nos está aplastando. El funcionamiento del mundo se ha convertido en un despropósito.

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