El inquietante cuadro que Leonora Carrington regaló a su controvertido psiquiatra se exhibe por primera vez en décadas
Un caballo libre, una hiena rebelde, un pavo real y un perro blanco guardián son las cuatro criaturas protagonistas de Villa Pilar, un cuadro que Leonora Carrington pintó en Santander en 1940 y que se exhibe ahora, por primera vez, en el recién inaugurado Faro Santander, el nuevo centro cultural en la capital cántabra propiedad del Banco Santander. El óleo sobre lienzo que la artista creó durante su ingreso en el polémico sanatorio psiquiátrico del doctor Morales forma parte de la exposición Leonora Carrington: el surrealismo sintomático, junto a otros ejemplares del trabajo artístico que la pintora realizó durante su hospitalización.
Villa Pilar, que la pintora regaló al controvertido doctor Morales, había sido mostrado en alguna ocasión cuando el médico aún vivía –entre ellas en 'las Matildes', un popular Club de lectura del Centro Cultural Matilde de la Torre–, pero nunca había sido presentado públicamente. El equipo de investigación de Faro Santander fue quien logró ponerse en contacto con el propietario de la pieza, un heredero del doctor Morales, y convencerle de que la cediera para la exposición.
La comisaria Vanessa Boni considera que el lienzo “ofrece la oportunidad de reconsiderar la compleja relación de Carrington con el doctor Morales y las circunstancias en las que le regaló el cuadro”. La experta aclara que solo puede “especular” sobre los motivos, valorando que una posibilidad es que fuera “una expresión de gratitud por su papel en su recuperación”, dado que él “la animó mucho a dibujar y pintar mientras estaba en el sanatorio”. Esta opción la completa en la exhibición una carta que la artista escribió a su padre desde el centro en la que le pedía unos pinceles.
No obstante, la experta recuerda que, durante su ingreso, la pintora fue “sometida a los brutales tratamientos psiquiátricos que se utilizaban habitualmente en aquella época y su relato de su hospitalización deja claro lo traumática que fue su experiencia allí”. El comisario de la anterior exposición dedicada a Leonora Carrington (en la Fundación Mapfre en 2023), Carlos Martín, explicó en aquel momento a elDiario.es que había “algo de Síndrome de Estocolmo” en la relación de la artista con el psiquiatra: “En las memorias cuenta que, un día, el doctor entró a su habitación y le metió el dedo en la boca, y desde entonces se sintió fuertemente atraída por él. Es su enemigo, pero también lo ve como una protección”.
Morales le suministró tres inyecciones de cardiazol, un fármaco que produce “convulsiones y espasmos, y una estimulación equiparable a las de los electroshocks. La sensación que produce en el paciente es la de muerte inminente y suele conducir a una gran depresión. Es un tipo de tratamiento que fue desaconsejado y ha desaparecido”, escribió en un artículo en este periódico el periodista Javier Martin-Domínguez, director del documental Leonora Carrington. El juego surrealista (2012), quien conoció a la pintora cuando ella tenía 90 años.
Carrington ingresó en el sanatorio tras huir de la Francia ocupada por los nazis a Santander el 24 de agosto de 1940, y permaneció en él hasta el 1 de enero de 1941. Allí fue donde el personal le animó a dibujar para organizar su pensamiento y explicarse ante él. La artista trabajó al mismo tiempo en sus propios cuadernos de bocetos, realizando numerosos dibujos a lápiz y dos óleos: Villa Pilar y Down Below, que también forma parte de la exposición.
Vanessa Boni detecta “muchas similitudes” entre ambas pinturas, empezando por el “grupo de figuras híbridas, entre humanas y animales, situadas en un frondoso jardín verde”.
Los híbridos son un motivo muy habitual dentro de la obra de Carrington, pero a la comisaria le resulta especialmente “desconcertante” dentro de Villa Pilar el pavo real. Al intentar ahondar sobre su significado, la experta recuerda que en sus memorias, Memorias de abajo (Alpha Decay), la artista dio “forma a su transformación psíquica mediante procesos alquímicos”, por lo que apunta que el pavo real “podría ser una referencia alquímica al cauda pavonis, símbolo que en la alquímica representa el final de la obra o el florecimiento del opus”.
La comisaria señala que Carrington pintó Villa Pilar hacia el final de su hospitalización, por lo que el animal podría igualmente señalar “el momento de su propia experiencia traumática en el que lo peor ya había quedado atrás”. Más allá del pavo, la experta defiende que las diferentes figuras presentes en la obra representan “distintas versiones cambiantes del yo”, de tal forma que el cuadro “puede entenderse como una exploración de una concepción fluida y múltiple de la identidad”.
Por qué surrealismo “sintomático”
El equipo de Faro Santander eligió “sintomático” para el título de la exposición sobre Leonora Carrington para hacer referencia a la manera en la que la artista “da forma visual a experiencias que no pueden expresarse directamente”. La exhibición ha sido coorganizada junto al Freud Museum de Londres, de tal forma que el psicoanálisis jugó un importante papel en su concepción. La comisaria recuerda que en su momento se preguntó cómo podía esta disciplina ayudar a pensar con y sobre la obra de la pintora “a través de su lenguaje onírico y simbólico, en lugar de hacerlo mediante una lectura clínica de su hospitalización”.
En concreto, expone que en el pensamiento freudiano, el síntoma es como el suelo, de tal forma que puede “entenderse como una manifestación del inconsciente, algo que se comunica indirectamente a través de símbolos”. Esta idea la conectó con las bestias mágicas, seres híbridos e inframundos míticos propios del imaginario de Carrington, por lo que podrían entenderse como “formas simbólicas mediante las cuales exploraba la transformación psíquica y lo desconocido”. De ahí a que el “sintomático” del título de la muestra no signifique patológico, sino “una especie de revelación: describe cómo la pintora traduce los espacios subterráneos de la psique a un lenguaje visual”.
“A través de formas visuales de hibridez, enmascaramiento y transformación, las obras permiten que emerja algo de lo que yace bajo la superficie, pero sin llegar a revelarlo directamente”, valora la investigadora.
Qué supuso el ingreso en el arte de Carrington
Leonora Carrington tenía 23 años cuando ingresó en el sanatorio, pero pese a su juventud, la experta reivindica que ya era “artista formada” que participaba “activamente” en exposiciones de París. De ahí a que haya motivos presentes en sus obras llevadas a cabo en Santander que ya habían comenzado a aparecer en sus creaciones durante sus años en Francia, como los caballos, los pájaros, las criaturas híbridas entre humanos y animales y las imágenes alquímicas. No obstante, valora que “después de sus experiencias traumáticas en España, estos motivos adquirieron una mayor profundidad psicológica y espiritual”.
Vanessa Boni considera igualmente que el lienzo recién recuperado anima a “replantear” la idea de que la hospitalización supuso “una ruptura en el desarrollo artístico” de la autora. Como apuntaba, sugiere que su experiencia en la ciudad cántabra “formó parte de un proceso más prolongado y complejo de exploración de la subjetividad como algo mutable, híbrido y permeable”. Posteriormente, ahondó en su lenguaje simbólico dentro del inframundo, que se convirtió en un motivo recurrente. Tendencia que para la comisaria invita a establecer “asociaciones con mundos ocultos, la transformación interior y el inconsciente”.
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