Has elegido la edición de . Verás las noticias de esta portada en el módulo de ediciones locales de la home de elDiario.es.
La portada de mañana
Acceder
EXCLUSIVA | Julio Iglesias trasladó a España a varias empleadas sin contrato
Los rostros de la tragedia de Adamuz: 45 vidas truncadas en segundos
Opinión - 'A dios rogando y con el mazo dando', por Esther Palomera
Estreno de cine

‘Arco’, cine de animación para creer en la utopía: “Si solo imaginamos cosas malas, pasarán cosas malas”

Imagen promocional de 'Arco'

Alberto Corona

22 de enero de 2026 22:10 h

0

Se hacían llamar los Humanoides Asociados. Su líder era Jean Giraud, más conocido como Moebius, y a mediados de los 70 este grupo de artistas franceses cambió la historia de la ciencia ficción al empezar a publicar Métal Hurlant. Era una revista de historietas que imaginaba todo tipo de futuros alternativos, materializados en imágenes desbocadas y eufóricas que propiciaron su veloz exportación internacional. Métal Hurlant derivó en una versión estadounidense, Heavy Metal, de la que surgió una película del mismo título en 1981, considerada hoy una obra de culto.

La trayectoria posterior de la revista fue accidentada, sin embargo. El equipo original dejó de publicar en 1987, y la cabecera hubo de atravesar varios reinicios fallidos. Uno de los cuales, en 2021, involucró al último gran talento del cómic francés. Ugo Bienvenu, en conversación con elDiario.es, afirma que entonces “no existían otros lugares donde pudieran entrenarse los jóvenes dibujantes de cómics”, y aceptó ser uno de los editores. “Quería contribuir a que nuevos talentos tuvieran un lugar donde expresarse”, apunta. La experiencia, en sus propias palabras, “no fue agradable”.

Métal Hurlant tenía que ser punk, así era originalmente. Cuando estaba en el comité nos llegaron dibujos muy buenos y valientes que yo quería publicar, pero me decían que no, que eran demasiado arriesgados”, explica el artista francés. “Así que lo dejé después de seis meses. Sentía que estaba en clase, rodeado de alumnos brillantísimos que no querían tirarse pedos. Y Métal Hurlant iba sobre todo de tirarse pedos en clase”, cuenta. Bienvenu, afortunadamente, ya había hallado por entonces un proyecto que le permitiera ser todo lo atrevido que quisiera. Arco, su debut a la dirección, llega a las salas de cine y se atreve a imaginar una utopía en los tiempos que corren. Es así de punk.

El futuro que imagina 'Arco'

Parece que es más sencillo imaginar lo contrario, la distopía. Cuando la ciencia ficción se proyecta al futuro, suele ser pesimista y presupone que las más penosas circunstancias del presente tenderán a exacerbarse. Esto se debe a que la distopía, en su concepción original, oficia de advertencia. Si seguimos así, a no ser que cambiemos algo, pasarán cosas malas. El gran problema es que, de un tiempo a esta parte, la distopía se ha convertido, bien en un fetiche, bien en algo inevitable. Ante una situación global cada vez más angustiosa, ¿cómo no vamos a ponernos en lo peor?

“Me di cuenta de que vivíamos en una película de ciencia ficción muy mala”, recuerda Bienvenu sobre 2020. Fue cuando la crisis del coronavirus sacudió el mundo y confinó a la población a su hogar, donde este artista ya había empezado a concebir la historia de Arco. “Pensé, ‘quizá la ciencia ficción haya sido responsable en parte de lo que pasa’”. La ciencia ficción, en todas sus expresiones, ya había especulado con la catástrofe y el fin de todo. “Me dije, ‘cambiemos eso’. ¿Por qué no podíamos pensar en cosas más bellas del futuro, y que así terminaran apareciendo?”.

Cómo se construye una utopía

“Si solo imaginamos cosas malas, pasarán cosas malas”, sintetiza Bienvenu. Buena parte de la trama de Arco se ambienta en 2075, un futuro muy reconocible donde pervive la emergencia climática y se ha delegado en los robots incluso la educación familiar. Es lo que sucede con Iris y su hermano, por ejemplo. Pero claro, ahí no está lo utópico. La utopía del filme de Bienvenu se proyecta a varios años después, al lugar de procedencia del susodicho Arco: un niño que viene del futuro.

“Es nuestra responsabilidad imaginar cosas buenas, cosas bellas”, añade el artista. En este lugar de procedencia, este futuro indeterminado, es donde se cifran las ambiciones de Bienvenu. “Es mejor no definir mucho las utopías”, explica sobre el proceso que le llevó a crear este lugar. “Hay que limitarse a dar uno o dos rasgos y tener poco material para alejarse de algo que sea demasiado plausible. A mí me gusta mucho trabajar desde el inconsciente colectivo”, asegura Bienvenu, que antes de Arco había publicado numerosos cómics de ciencia ficción. 

El cineasta Ugo Bienvenu, en los Globos de Oro 2026

El futuro optimista de Arco no deja de entrañar, entonces, cierta familiaridad. Pero no con el presente inmediato, más bien todo lo contrario. “Lo que sucede es que en la Biblia, en la Edda nórdica, en el Viaje al Oeste chino, en la Kalevala finlandesa… en todos los textos primitivos sobre diversas culturas a lo largo del mundo, te encuentras con jardines en el cielo”, dice. Que es parecido a lo que muestra Arco: una humanidad que ha aprendido a vivir en las nubes. “Desde sus inicios, la humanidad ha creído en cosas de este estilo, así que deduje que lo mejor era partir de ahí”, agrega.

Era igual de importante, en ese sentido, dar con imágenes intuitivas, que por ejemplo pudiera idear de carrerilla una niña de 2075. En una escena de Arco, el viajero del futuro describe su hogar, y el dibujo que hace Iris al instante guarda un parecido asombroso con este. “Ojalá supiera dibujar, puedes expresar cualquier cosa”, responde Arco maravillado en un momento clave de la película. “Quería algo simple que Iris pudiera dibujar”, afirma Bienvenu. “Las plataformas de este futuro son simplemente una cruz cristiana a la que he ido añadiendo peldaños, y poco más”, añade. Las edificaciones de la utopía de Arco son extremadamente simples. Por eso su diseño es tan potente.

“El futuro tiene que ser lo que la gente quiera, ni más ni menos. Lo que decida la subjetividad de las personas. Yo no pretendo establecer lo que deben pensar, simplemente me pregunto adónde llegan estos pensamientos”, sostiene el artista. El propósito de Arco es encauzar en lo posible estas pulsiones tan complejas, valiéndose de un estilo que las deje respirar y que no ponga trabas a su imaginación. Así que su animación no es exactamente minimalista, pero sí lo bastante evocadora como para pensar en la escuela de cierto gran maestro japonés. 

El toque Miyazaki

Antes de las plataformas celestiales de Arco, la primera película de Studio Ghibli llevó por título El castillo en el cielo (1986). Y, aunque Hayao Miyazaki no haya sido especialmente proclive a imaginar futuros, Bienvenu es incapaz de valorar sus logros cinematográficos sin la influencia de este cineasta. Sin el bagaje de la animación nipona, en general. “Yo crecí entre Guatemala, Chad y México, y también entre China y EEUU. A la vez soy europeo, y mi estilo parte de una mezcla de todo esto”, cuenta Bienvenu. “De los colores de México, de la arquitectura estadounidense… y también de Bola de Dragón Z, que cambió mi vida con siete años”, recuerda el artista.

“Fue como si Akira Toriyama me señalara y dijera ‘todo es posible con el dibujo y tú vas a dibujar’. Y siete años después vi La princesa Mononoke y fue como si Miyazaki me dijera entonces ‘tú vas a ser animador’. Miyazaki es el artista con más talento que jamás ha existido, y es un honor que me comparen con él”, indica. Arco se centra en la amistad de una niña con un chaval perdido al que quiere ayudar a volver a casa. Es un esquema reconocible que puede invocar a E.T. El extraterrestre, si bien el ritmo contemplativo de Bienvenu —en particular cómo se recrea en la imagen y busca una emoción más íntima toda vez que plácida— remite a un reivindicable filme del susodicho Miyazaki.

Esto es, Ponyo en el acantilado (2008), donde había que devolver a una niña sirena al mar. El virtuosismo visual que Studio Ghibli trabajó aquí en cuanto a las físicas del agua, en Arco pasa a concentrarse en el poder de volar del niño protagonista, con una capa que se transmuta en arcoíris. Son esta capa y las localizaciones futuristas (de mayor o menor optimismo) los mayores hallazgos estéticos de Arco, responsables a su vez de que Bienvenu pudiera prosperar en una difícil financiación. De hecho, la película solo pudo producirse gracias a la actriz Natalie Portman, que hizo una gran inversión en Arco con su productora MountainA.

'Arco' comienza con un niño caído del cielo

“Al principio nadie quería producir Arco”, reconoce Bienvenu. “Así que montamos 45 minutos de material visual muy preciso, tratando de mostrar lo que queríamos hacer. Fue lo que le enseñamos a Natalie Portman y ella nos preguntó qué podía hacer por nosotros. Necesitábamos que protegiera la película y la sensibilidad que buscábamos”, sostiene. Y fue lo que hizo, garantizando que Arco encontrara igualmente distribución. “Fue una suerte, porque ya habíamos gastado todo el dinero en esas cinemáticas y solo así íbamos a poder terminar el largometraje”, explica.

Tras una primera proyección en el Festival de Cannes, Arco se alzó con el premio a Mejor película en el Festival de Animación de Annecy. Desde entonces se ha colado en otras selecciones y certámenes, hasta lograr las correspondientes nominaciones a Mejor película animada tanto en los Globos de Oro como en los Oscar. Es una de las apuestas vanguardistas de la temporada, similar a lo que fue Flow el año pasado, y compartiendo una filosofía que quiere apartarse de la animación comercial. Ya solo por el hecho de utilizar animación tradicional, en lugar de tres dimensiones.

Bienvenu es un férreo defensor del 2D, y no solo por haber sido dibujante de cómics antes que animador. “Todo lo que sé de la vida lo aprendí dibujando y creo que la auténtica personalidad de alguien está en lo que no logra. No es lo que triunfa, es lo que falla, y eso es lo que me gusta del 2D”, asegura. “El fracaso es lo que nos hace humanos y es con lo que quiero trabajar. El 3D solo refleja los errores del ordenador, no los del ser humano. Es en el ser humano donde está la magia”. De ahí que Arco, en tiempos de apocalipsis e inteligencia artificial, sea una película tan valiosa.

Etiquetas
stats