Con ‘Fuera del más allá’, la saga ‘Insidious’ demuestra tener mejor salud creativa que su hermana ‘Expediente Warren’
Es mucho lo que une a Insidious con Expediente Warren. Empezando por su creador, James Wan, que tras llevar con Saw, a mediados de los 2000, el cine de terror estadounidenses a sus extremos más sangrientos —confluyendo apropiadamente con el Nuevo Extremismo Francés—, readaptó su rol de visionario del género consolidando el jumpscare. Insidious y la primera Expediente Warren, en 2010 y 2013, estaban planteadas como sofisticados trenes de la bruja, donde el virtuosismo con la cámara de Wan y los subidones del sonido favorecían algo así como una institucionalización del sobresalto. Insidious y Expediente Warren compartían además actor protagonista, Patrick Wilson.
Aunque quizá lo más determinante sean las cifras. Tanto a una marca como a otra les ha pasado algo insólito y es que han alcanzado sus mayores taquillazos de forma tardía. Insidious: La puerta roja, con Wilson debutando como director, sentó el récord de la saga en el verano de 2023 con 189 millones de dólares recaudados, mientras que Expediente Warren: El último rito hizo lo propio en 2025 con 499 millones. En este caso se percibía cierta inquietud por finalizar del todo la andadura del matrimonio Warren, súbitamente suprimida al toparse Warner con una suma de tal calibre. Ahora mismo el estudio está desarrollando una precuela, Expediente Warren: Primera comunión.
Sumar estos triunfos a lo ocurrido en los últimos meses con Destino final: Lazos de sangre y Scream 7 —también convertidas en cimas de sus sagas respectivas— mueve a trazar impresiones paradójicas sobre el estado del cine de terror: todos coinciden en que este vive su mejor momento, pero nadie responsabilizaría a estos films. Scream, Expediente Warren, Insidious y Destino final integran de hecho la cara menos interesante del género, lo más aburrido y que menos da que hablar en comparación a fenómenos como Weapons el año pasado, o Backrooms y Obsession este 2026. Es el terror formulaico, la industria de toda la vida, que no solo se resiste a morir, sino que demuestra un total afianzamiento justo cuando más rutinario (por la acumulación de secuelas) apuntaría a ser.
Lo suyo sería, entonces, atender a si son compartimentos tan estancos. ¿Está tan alejado algo como Insidious de Obsession y Backrooms, cuyo sorprendente recorrido en taquilla se propone emular ahora que estrena una sexta entrega? Lo cierto es que no, porque Backrooms tiene de productor al mismo James Wan y en la comercialización de Obsession ha colaborado Blumhouse, factoría especializada en las expresiones más humildes de este terror de fórmula y franquicia. Blumhouse es, por supuesto, el sello detrás de Insidious. Fue Insidious, junto a Paranormal Activity y Sinister —de la cual se llegó a planear un crossover con Insidious—, la película que lo convirtió en referente industrial a principios de la década pasada, y nunca ha dejado de ser una marca digna de confianza.
Así que ya hay proyectos en marcha tras Insidious: Fuera del más allá, como un spin-off llamado Thread protagonizado por Mandy Moore. La saga no pierde ritmo y cualquiera pensaría que puede seguir fluyendo como si tal cosa, independientemente de las mutaciones que atraviese el género en sus rincones más vanguardistas. Hasta que vemos que Fuera del más allá la dirige un tal Jacob Chase, y podemos aventurarnos a considerarlo un Kane Parsons o un Clive Barker de segunda fila.
Ningún miedo es una isla
En este ámbito vuelve a brillar el parentesco ineludible con Expediente Warren. Así como el Warrenverso fichó a David F. Sandberg para dirigir Annabelle: Creation una vez este realizador sueco se había bregado en YouTube con piezas de terror, Insidious ha hecho lo propio con Jacob Chase tras haber llamado ligeramente la atención en 2017 con su propio cortometraje, Larry. Larry es un corto de lo más interesante. Al igual que Lights Out del citado Sandberg, este jugueteaba con las apariciones y desapariciones del monstruo a través de la incidencia del plano, pero aquí lo hacía según reminiscencias al creepypasta: estas historias de terror desarrolladas colectivamente en Internet, transmutadas en leyendas urbanas tan prolíficas como ilustra el caso Backrooms.
De tal forma que Larry, nos revela esta pieza de YouTube, es un monstruo de cuento cuya máximo afán es encontrar niños con los que jugar, y que puede comunicarse con nuestro mundo a través de la pantalla de una tablet. El folclore infantil y la mediación de la tecnología son básicos en la construcción de todo creepypasta que se precie, así que si Larry no dio más de sí solo se debió a que no inspiró a Internet lo suficiente. Igualmente, dio pie a una película propia, Ven a jugar, con la que Chase debutó en el largometraje sin pena ni gloria hace algo más de un lustro. Insidious ha venido en su rescate, dándole la oportunidad de seguir explorando su visión del género.
¿Significa esto que Insidious: Fuera del más allá incorpora alguna de las especificidades del mundo YouTube, pudiendo encajar a Chase en el mismo grupo que Barker, Parsons, los hermanos Philippou o el Kyle Edward Ball de Skinamarink? Pues no demasiado, ya que Insidious sigue siendo Insidious. Una saga militantemente previsible —casi tanto como Expediente Warren—, que Blumhouse lleva con mano de hierro por mucho que, en esta ocasión y al estilo de la tercera y cuarta entregas, aquí volvamos a alejarnos del matrimonio de Wilson y Rose Byrne para lidiar con nuevos personajes.
Los corsés de la saga impelen a que reaparezca Elise Rainier (Lin Shaye) como la investigadora paranormal que ahora debe ejercer desde el Más Allá —originalmente “Further”, el plano astral poblado por muertos inquietos al que pueden acceder unos pocos elegidos—, así como ciertos retruécanos temporales y conflictos familiares a estas alturas más que sobados. Con Insidious: Fuera del más allá es inevitable acordarse de lo sucedido en La puerta roja, donde el bienintencionado Wilson cargó las tintas dramáticas de forma que todo lo centrara la difícil relación de su personaje con un hijo distanciado (Ty Simpkins). Y el resultado fue mayormente indigesto.
No es lo que pasa en Fuera del más allá, por suerte. El nuevo personaje capaz de deambular por el Más Allá es Gemma (Amelia Eve, vista en La maldición de Bly Manor), y sufre tanto el trauma de su madre desaparecida como las dificultades de ser ella misma una madre soltera. La relación con su bondadoso noviete (Brandon Perea, llegado de Nop) atina a brindarle algo de ligereza al asunto, y el drama que todos sostienen resulta estar mejor construido y matizado que la norma en la saga.
Las razones por las que Insidious: Fuera del más allá podría llegar a destacar residen, no obstante, en la inventiva de Chase. Sin apartarse de la visualización básica del Más Allá que implantara Wan en las dos primeras entregas —todavía hoy las mejores, básicamente porque las dirigía él mismo encaramado a una alocada cinefilia que tan pronto rimaba con un clásico como El carnaval de las almas (1962) como con ficciones contemporáneas estilo El sexto sentido—, el director de Ven a jugar muestra bastante oficio a la hora de hacer escalar la tensión del relato. Chase sabe aprovechar una premisa tan básica como la pugna de un espectro del Más Allá por invadir nuestro mundo (gracias a unos acólitos terrenales de lo más desagradables) y sobre todo tomarse su tiempo para edificar secuencias de suspense largas y estupendamente planificadas.
Podríamos quedarnos en esto con una asquerosa visita al dentista —tristemente destripada casi por completo en los tráilers— y sobre todo con el paso de la protagonista por algo parecido a un laberinto de cojines. Las reglas tan arbitrarias que sustentan el Más Allá siempre han permitido que cada director haga lo que le dé la gana con tal de que fluyan los sustos, pero pocas veces su flexibilidad ha tenido una consecuencia tan grata como esta escena. Una que además, con su geografía imposible y el acecho burlón de figuras silenciosas intensificando la desazón de Gemma, recuerda mucho a lo planteado por Backrooms, y confirma la ligazón de Insidious con un tipo de terror a cuyas ligas, si bien no pertenece, muestra un acercamiento instintivo.
No basta para que Insidious: Fuera del más allá le otorgue algo de dignidad retrospectiva a esta variante del género —guiada al fin y al cabo por productores conservadores y mercachifles—, aunque sí supone un ejemplo valioso de cómo las imágenes más sugerentes pueden reverberar de unas a otras, desde ámbitos a priori distintos, solo con disponer de artesanos entusiastas y darle un poco más de cocción al mismo guion de siempre.
Así que con esta última película Insidious puede observar con total arrogancia a Expediente Warren —una franquicia aún más moribunda que los huéspedes del Más Allá—, y hacer acopio de algo parecido a un sentido común en el terror contemporáneo, que contempla tanto escenarios dislocados como traumas generacionales incapaces de darle algo de sentido. El cine de terror siempre es capaz de explicar el mundo que le rodea. Incluso cuando se halla prisionero de la propiedad intelectual.
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